{"id":72639,"date":"2025-04-19T00:00:00","date_gmt":"2025-04-19T04:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/?p=72639"},"modified":"2025-04-18T21:40:47","modified_gmt":"2025-04-19T01:40:47","slug":"aritmetica-basica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/2025\/04\/19\/aritmetica-basica\/","title":{"rendered":"Aritm\u00e9tica b\u00e1sica"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por <strong>Albino Monterrubio<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La ma\u00f1ana de diciembre en que Basilio, el pe\u00f3n caminero, hall\u00f3 a \u00c1ngel Ca\u00f1am\u00f3n muertoen una cuneta de la Povea, un acalorado debate se extendi\u00f3 por los mentideros del lugar. Al contrario de lo que pudiera pensarse, no lo originaban las causas del suceso, que no supon\u00edan ning\u00fan misterio ni para el tonto del pueblo. No se trataba de la primera ni la segunda vez que lo encontraban durmiendo lamona en mitad de una tierra tras perder la orientaci\u00f3n al salir de la taberna, de regreso a su morada. Camino que \u2014seg\u00fan las malas lenguas\u2014 conoc\u00eda tan bien que era capaz de recorrerlo hasta con los ojos cerrados. Sin embargo, la suerte no lo acompa\u00f1\u00f3 como otras noches, acaecidas en primavera o verano. En esta ocasi\u00f3n, eligi\u00f3 para pernoctar al sereno una de las m\u00e1s fr\u00edas del a\u00f1o. Eso, sumado a los profundos charcos que hab\u00eda por las lluvias de la semana anterior, hubiera persuadido a alguien con menos alcohol en las venas que Ca\u00f1am\u00f3n a buscar una cama mejor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Basilio, que las otras veces no hab\u00eda tenido problema para echar el enclenque cuerpo sobre la mula y devolv\u00e9rselo a su mujer, la Rita, se vio obligado a acercarse al pueblo para que lo ayudasen. Tras quebrar el bloque de hielo con una maza, la cuadrilla pudo extraer el cad\u00e1ver. La tarea no fue ni f\u00e1cil ni agradable, a pesar del bello paisaje de campos ateridos por la escarcha que hab\u00eda de fondo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si las causas de la muerte no suscitaban duda, \u00bfqu\u00e9 se cuchicheaba en los corrillos a la puerta de la iglesia despu\u00e9s del entierro? \u00bfPor qu\u00e9 los parroquianos discut\u00edan en la taberna mientras miraban con respeto supersticioso la zona de la barra donde acostumbraba a acodarse el finado? Cosas que pasan en los pueblos. En cuanto asumieron que se ve\u00eda venir que ese tr\u00e1gico final sucediera m\u00e1s temprano que tarde, se enfrentaron dos bandos: los que lo tildaban de una horrible calamidad para la familia y los que lo consideraban una bendici\u00f3n del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No obstante, la sabidur\u00eda popular era un\u00e1nime respecto a un extremo. Desde su boda, la vida de la Rita no hab\u00eda sido un lecho de rosas. Ni siquiera uno de rosales. Que se casaba con un juerguista, amante del vino y del alterne tabernario, adem\u00e1s de bastante pendenciero, no supon\u00eda una novedad para la novia. Aunque no descollaba por su agudeza, tampoco viv\u00eda \u2014al menos por aquellas fechas\u2014 tan alejada de la realidad como para no percatarse de algo evidente para el com\u00fan de los mortales. Nadie supo nunca si crey\u00f3 que lo cambiar\u00eda o simplemente asumi\u00f3 que le tocaba sufrir a su hombre tal y como Dios lo hab\u00eda hecho.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En cualquier caso, el yugo matrimonial no modific\u00f3 en demas\u00eda los h\u00e1bitos de Ca\u00f1am\u00f3n. Le bast\u00f3 con a\u00f1adir a su rutina et\u00edlica las palizas propinadas a su se\u00f1ora. Se encadenaban con excusa de la menor frusler\u00eda, si bien solo en las ocasiones puntuales en que era capaz de llegar a la casucha por su propio pie. La pobre joven, resignada a una existencia miserable, a lo sumo se atrev\u00eda a llorar sus cuitas mientras ense\u00f1aba los moratones a Eusebio, el juez de paz. Este le recomendaba paciencia y, a veces, ejerc\u00eda de escolta.El beodo, con el estupor caracter\u00edstico de su estado, aguantaba el serm\u00f3n con la cabeza gacha y no se le ocurr\u00eda otra cosa que invitar a Eusebio a compartir un sombr\u00edo condumio. As\u00ed acababa la escena, con el juez de paz sentado entre ambos c\u00f3nyuges como silencioso muro de contenci\u00f3n, atento para prevenir nuevos arrebatos col\u00e9ricos del marido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con todo y con eso, \u00c1ngel sac\u00f3 tiempo para hacerle cuatro hijos y mantener su oficio de cestero, por el cual era conocido en toda la comarca, a pesar de sus defectos. Con lo ganado en la venta de cestos, albardas y capazos en las ferias de las aldeas de alrededor, m\u00e1s un par de gallinas y unos cuantos conejos, laRita sacaba adelante a las criaturas. A esta irrefutable realidad aduc\u00edan los defensores de que se trataba de una horrenda desgracia. Mal que bien, la familia siempre hab\u00eda dispuesto de un plato caliente que llevarse a la boca. Cercenada la \u00fanica fuente de ingresos, cab\u00eda la posibilidad de que no fuese as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ajena a todas las disquisiciones, la joven viuda no demostr\u00f3 dolor ni alivio. Vestida de riguroso luto, se limit\u00f3 a ver pasar la vida desde su corral. Nada de lo que suced\u00eda le afectaba. Entre tanto, los chiquillos crec\u00edan medio salvajes y sobreviv\u00edan \u2014cosas que tambi\u00e9n solo ocurren en los pueblos\u2014 gracias a las ayudas disimuladas de los vecinos. Quien m\u00e1s quien menos depositaba una parte de sus magros recursos \u2014una docena de huevos, un celem\u00edn de trigo o un haz de le\u00f1a para alimentar la lumbre\u2014 en el umbral de los cuitados, de donde los recog\u00eda la viuda sin mostrar aprecio. Como si hubieran ca\u00eddo del mismo cielo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Angelito, o Ca\u00f1amonc\u00edn<em>,<\/em> como lo llamaban casi todos, era el primog\u00e9nito de los hu\u00e9rfanos. A sus tiernos nueve a\u00f1os, ya ejerc\u00eda de cabeza de familia. Ayudaba a su progenitora a cuidar de los hermanos peque\u00f1os y arrimaba el hombro en el resto de las labores del hogar. La gen\u00e9tica, inmisericorde en estos casos, le hab\u00eda legado la reducida estatura y la cortedad de piernas caracter\u00edsticas de los Ca\u00f1amones. A cambio, quiz\u00e1 por su abrupto y precoz acceso a la madurez, su determinaci\u00f3n le otorgaba cierto empaque. Gracias a ello, la hilaridad que provocaba su figura mientras hac\u00eda cola junto a las robustas matronas en el diminuto colmado de la aldea \u2015de esos en los que se vende de todo un poco y nada de mucho\u2015 se trocaba en una mirada admirativa o, a lo sumo, en una triste sonrisa de compasi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ir a comprar a Casa Florencio era una de las tareas asignadas al rapaz y de la que m\u00e1s orgulloso estaba. Los viernes, momento cumbre de la semana, recib\u00eda de manos de su madre el caudal familiar: un pu\u00f1ado de calderilla de origen desconocido. Angelito lo guardaba en los ra\u00eddos pantalones, junto al encargo, escrito por la Rita en desma\u00f1adas letras de imprenta, y se encaminaba al colmado. All\u00ed, despu\u00e9s de esperar turno con paciencia, el ni\u00f1o, que no sab\u00eda leer, ejecutaba un solemne ritual. Primero entregaba la lista al tendero, quien, tras una costosa traducci\u00f3n, colocaba la comanda en el capazo. Luego, con gesto teatral, el hombre hac\u00eda la cuenta con rapidez apuntando gigantescos n\u00fameros en un lado de una de las hojas de peri\u00f3dico con las que envolv\u00eda las sardinas. Por \u00faltimo, se la indicaba al muchacho y tomaba de su mano abierta unas cuantas monedas escogidas con aparente detenimiento. Dado que el chico tampoco sab\u00eda sumar, nunca sospech\u00f3 que el dinero no sol\u00eda cubrir ni una m\u00ednima parte del importe. Ni siquiera despu\u00e9s de los sarc\u00e1sticos comentarios de la Asun, no muy convencida de la reiterada liberalidad de su marido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed transcurr\u00edan los meses hasta que, por piadosa iniciativa, un grupo de beatas acudi\u00f3 en procesi\u00f3n a ver a don Mariano, el cura, para denunciar el insostenible estado de aquellas almas descarriadas. La Rita se hab\u00eda vuelto loca. Eso s\u00ed, no del todo. Estaba claro que no ten\u00eda intenci\u00f3n de volver a casarse. Hab\u00eda hecho suyo el tradicional dicho que asegura que es mejor quedarse para vestir santos que desnudar borrachos. Sin embargo, su enfermedad no era raz\u00f3n para que su prole jam\u00e1s pisara la escuela. El titular de la parroquia, azuzado por lo m\u00e1s florido de la feligres\u00eda, acept\u00f3 el encargo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La reuni\u00f3n tuvo lugar en el sucio patio trasero de la casa, aferrado como un tumor a las viejas paredes de adobe. Con la muda presencia de una solitaria gallina \u2014conservada de milagro como vestigio de glorias pret\u00e9ritas\u2014, llegaron a un acuerdo razonable sin pagar m\u00e1s precio que las manchas de barro que adornaban los enormes zapatos del cura al salir. No hab\u00eda problema en que los tres peque\u00f1os fueran a la escuela cuando les correspondiese, siempre que no supusiera ning\u00fan dispendio. En cuanto al mayor, imprescindible durante la jornada y ya considerado adulto, pod\u00eda acudir por la noche a casa de don Tom\u00e1s, el comadr\u00f3n. El buen hombre, junto al sacerdote y la maestra, era el \u00fanico con estudios suficientes para dar clases a adolescentes con inquietudes formativas. De esta manera, aprender\u00eda a leer, escribir y las cuatro reglas, conocimientos b\u00e1sicos para desenvolverse en la vida. Angelito result\u00f3 ser un alumno aplicado y pronto demostr\u00f3 claros avances en los campos del saber elegidos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed estaban las cosas el viernes de autos en que, cumpliendo su costumbre, Ca\u00f1amonc\u00edn se dispuso a hacer la compra semanal. Aparte de la lista y la calderilla, escond\u00eda una sorpresa. Un observador perspicaz se hubiera percatado, por la sonrisilla socarrona del ni\u00f1o, de que la ocasi\u00f3n era especial. En espera de su turno, husmeaba inquieto entre los sacos de garbanzos y jud\u00edas pintas. De vez en cuando, echaba un disimulado vistazo al papel, como si quisiera asegurarse de que no le hab\u00edan dado el cambiazo por el camino.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a><\/a> Llegado el momento, en lugar de entregar la relaci\u00f3n de comestibles como exig\u00eda el ritual, la puso a escasos cent\u00edmetros de los ojos. Bizqueando y con evidente dificultad, aunque con voz clara y firme, silabe\u00f3 la ristra de austeras viandas. Un poema no hubiera sonado mejor. Florencio, que ten\u00eda por la criatura un acendrado cari\u00f1o, le dio la enhorabuena. Hasta laAsun, parca en palabras no destinadas a afear la conducta de su marido, lo felicit\u00f3 con calor. El arrapiezo se esponj\u00f3 y estir\u00f3 la espalda para parecer m\u00e1s alto. El tendero ech\u00f3 en el cesto las patatas y los garbanzos, las sardinas y el az\u00facar. Tras preparar con esmero la cuenta, la entreg\u00f3 al imberbe cliente, esperando que, como siempre, extendiese la mano para que se satisficiera a sabor con el tesoro familiar. Sin embargo, Ca\u00f1amonc\u00edn tom\u00f3 el papel con el ce\u00f1o fruncido por el esfuerzo que le supon\u00eda repasar la retah\u00edla de n\u00fameros. Al cabo de un buen rato, qued\u00f3 conforme y hurg\u00f3 en el bolsillo para extraer un pu\u00f1ado de monedas que separ\u00f3 por tama\u00f1os. La clientela estaba expectante, consciente de lo que deparar\u00eda el pr\u00f3ximo acto de la representaci\u00f3n. El chaval repiti\u00f3 tres veces el ejercicio antes de darse por vencido. Como por ensalmo, desaparecieron la seguridad y la socarroner\u00eda. La costra de madurez se desmoron\u00f3 y dej\u00f3 al descubierto a un ni\u00f1o indefenso en un mundo de adultos. Con la barbilla anclada en el pecho para disimular la verg\u00fcenza, tartamude\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Se\u00f1or Florencio, no tengo suficiente para pagarle.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el colmado, todas callaron, con los ojos fijos en el hombre. Latendera vio el cielo abierto e intent\u00f3 meter baza:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Mira, Angelito, ahora que ya sabes\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una mirada terrible de su marido cercen\u00f3 el discurso y la Asun se mordi\u00f3 los labios y enrojeci\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Hijo, \u00bfc\u00f3mo es eso? Llevas dinero de sobra. \u00bfO es que no has aplicado el descuento?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfQu\u00e9\u2026 qu\u00e9 descuento?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Pues cu\u00e1l va a ser, el de siempre: por pronto pago y comprador habitual. Es un porcentaje de la suma total.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfUn porcentaje?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014S\u00ed. \u00bfNo te ha ense\u00f1ado todav\u00eda don Tom\u00e1s a calcularlos?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014No, se\u00f1or Florencio, solo lo que \u00e9l llama aritm\u00e9tica b\u00e1sica. Por ahora s\u00e9 sumar y restar \u2014dijo, recobrando la compostura\u2014. La semana que viene empezaremos con la tabla de multiplicar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Bueno, bueno, no te preocupes. Hago yo la cuenta por ti.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El chaval resopl\u00f3 como si se hubiese quitado un gran peso de encima y extendi\u00f3 la mano para que el tendero tomase lo que correspondiera. Luego cerr\u00f3 el cesto y sali\u00f3 en direcci\u00f3n a su casa, sorteando con las cortas piernas charcos y <em>barruzales<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">LaAsun se encar\u00f3 con su marido con un tono en el que se mezclaban la derrota y el alivio:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Florencio, \u00bfy qu\u00e9 haremos el d\u00eda que aprenda a sacar tantos por ciento?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014No creo yo que llegue tan lejos. Y si as\u00ed fuera, ya nos inventar\u00edamos algo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y, coloc\u00e1ndose el l\u00e1piz en la oreja, atendi\u00f3 a la siguiente clienta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una nube ocult\u00f3 el t\u00edmido sol de invierno y el local qued\u00f3 en semipenumbra. Desde la calle llegaba en sordina el rebuzno de un asno, mon\u00f3tono y triste.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-wide\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Albino Monterrubio<\/strong> (Madrid, 1973). Ha obtenido distintos premios literarios y publicado en revistas y antolog\u00edas en Espa\u00f1a, M\u00e9xico, Estados Unidos, Venezuela, Per\u00fa, Argentina, Uruguay, Costa Rica e Israel. En 2024 public\u00f3 su primera colecci\u00f3n de relatos, <em>Entre el r\u00edo y los cerros<\/em>, del que forma parte este cuento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Albino Monterrubio La ma\u00f1ana de diciembre en que Basilio, el pe\u00f3n caminero, hall\u00f3 a&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":72633,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[59],"tags":[],"class_list":["post-72639","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-revista-antillana"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/72639","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=72639"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/72639\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":72640,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/72639\/revisions\/72640"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media\/72633"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=72639"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=72639"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=72639"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}