{"id":70737,"date":"2024-12-30T00:24:44","date_gmt":"2024-12-30T04:24:44","guid":{"rendered":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/?p=70737"},"modified":"2024-12-31T19:58:09","modified_gmt":"2024-12-31T23:58:09","slug":"a-manera-de-introduccion-a-la-ciencia-ficcion-caribena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/2024\/12\/30\/a-manera-de-introduccion-a-la-ciencia-ficcion-caribena\/","title":{"rendered":"A manera de introducci\u00f3n a la ciencia ficci\u00f3n caribe\u00f1a*"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por <strong>An\u00edbal Hern\u00e1ndez Medina<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ciertamente vivimos un esplendor de la ficci\u00f3n especulativa, sea audiovisual, c\u00f3mics, videojuegos o, la que trataremos aqu\u00ed, literaria. Adem\u00e1s, en el caso espec\u00edfico de la ciencia ficci\u00f3n, queda claro que la hegemon\u00eda anglosajona en el g\u00e9nero ha cedido terreno frente a otros acercamientos venidos de diferentes latitudes. Desde los sesenta, empieza a reducir su protagonismo con la apertura y prestigio de la ciencia ficci\u00f3n de la Europa socialista, la popularidad del anim\u00e9 y el <em>tokusatsu<\/em> japon\u00e9s y la <em>nouvelle vague<\/em> de la historieta francesa.&nbsp; En la actualidad, sustentada en la revoluci\u00f3n digital, sigue esta diversificaci\u00f3n con las adicciones de la renombrada CF china; el ascenso de Corea del Sur como potencia cultural; el futurismo africano y el del Golfo; la internacionalizaci\u00f3n de la especulaci\u00f3n n\u00f3rdica y la espa\u00f1ola y con una nutrida nueva etapa de la ciencia ficci\u00f3n latinoamericana. Dentro de esta \u00faltima, incluimos a la caribe\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero, para hablar de ella, lo primero que debemos establecer es a qu\u00e9 se llama CF caribe\u00f1a. Es evidente que la etiqueta parte de una situaci\u00f3n geogr\u00e1fica, los autores y autoras que han emergido en estas sociedades caribe\u00f1as y sus di\u00e1sporas. Aunque, a pesar del nombre, en la pr\u00e1ctica solo nos referimos con \u00e9l a la creada desde las Antillas. Nos queda pendiente investigar sobre el otro Caribe, el continental, determinar si la especulaci\u00f3n cient\u00edfica de sus exponentes se diferencia sustancialmente de sus contrapartes nacionales, no salidos de las costas caribe\u00f1as, y se acercan m\u00e1s a sus colegas insulares. Entonces quiz\u00e1 podremos hablar de una ciencia ficci\u00f3n <em>grancaribe\u00f1a<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En tanto a la antillana, empecemos se\u00f1alando que entre los finales del XIX y la primera mitad del siglo XX, el predominio del especulativo no cognitivo, la limitada industrializaci\u00f3n de varios pa\u00edses de la regi\u00f3n y, en el mundo hispanoamericano, cierto prejuicio heredado de la pen\u00ednsula a lo anglosaj\u00f3n y franc\u00e9s mantuvo una reticencia de hablar de una ciencia ficci\u00f3n desde Latinoam\u00e9rica y el Caribe. Solo se le atribu\u00eda el \u00abderecho\u00bb a la escritura del g\u00e9nero, siempre cuestionado c\u00f3mo expresi\u00f3n literaria v\u00e1lida, a Estados Unidos y la Europa occidental. Aun as\u00ed, en las Antillas, tenemos al pionero Juan Manuel Planas Sainz (1877-1963), el \u00abJulio Verne cubano\u00bb, ingeniero y ge\u00f3grafo que publica en 1920, <em>La corriente del Golfo, <\/em>primera novela de CF en la regi\u00f3n. Aparte de Planas, otros precursores ser\u00edan el igualmente cubano Esteban Borrero (1849-1906), los boricuas Alejandro Tapia (1826-1882) y Pablo Morales Cabrera (1896-1971) o el dominicano Juan Bosch (1909\u20132001) y su cuento \u00abLos \u00faltimos monstruos\u00bb (1941).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con lentitud, gracias a los cambios ya mencionados durante los sesenta, adem\u00e1s de las transformaciones internas en lo anglosaj\u00f3n: una ciencia ficci\u00f3n social y de mayores ambiciones art\u00edsticas de la mano de Michael Moorcock y la Nueva Ola, \u00darsula K. LeGuin y Phillip K. Dick, nuevos autores de habla hispana son atra\u00eddos al g\u00e9nero. Entre los antillanos, tenemos al libro de cuentos <em>La rebeli\u00f3n de los \u00e1tomos<\/em> (1960), del boricua Washington Llorens; las primeras novelas dominicanas de CF, <em>Inti Huam\u00e1n o Eva again<\/em> (1983), de Efra\u00edm Castillo y <em>Una casa en el espacio <\/em>(1985), de Josefina de la Cruz, y, finalizando el milenio, <em>Brown Girl in the Ring<\/em> (1998), <em>La hija de Legbara<\/em> en espa\u00f1ol, de la jamaiquina-canadiense Nalo Hopkinson. Estos t\u00edtulos son acompa\u00f1ados a trav\u00e9s de estas d\u00e9cadas por varios relatos sueltos de autores ocasionales en la especulaci\u00f3n cient\u00edfica. As\u00ed que sigue siendo el fant\u00e1stico, el especulativo dominante hasta la llegada del nuevo milenio en el que ha habido un aumento de la producci\u00f3n sostenida de la CF antillana y que describiremos en los siguientes p\u00e1rrafos, pero antes, hablemos de la excepci\u00f3n: Cuba.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con la irrupci\u00f3n de la Revoluci\u00f3n del 59, se genera una etapa dorada de la ciencia ficci\u00f3n cubana a partir de las pol\u00edticas culturales socialistas. Emergen escritores como \u00c1ngel Arango (1926- 2013), autor de los libros de cuentos <em>\u00bfAd\u00f3nde van los cefalomos?<\/em> (1964), <em>Robotomaquia<\/em> (1967), <em>El planeta negro<\/em> (1966) y <em>El fin del caos llega quietamente<\/em> (1971). Por igual, Miguel Collazo (1936-1999) y su <em>El libro fant\u00e1stico de Oaj<\/em> (1966); Arnaldo Correa con <em>El<\/em> p<em>rimer hombre a Marte<\/em> (1967); <em>Otra vez el camino <\/em>(1971), de Germ\u00e1n Piniella (1907-1999), y \u00d3scar Hurtado (1919-1977) con su poemario especulativo <em>La ciudad muerta de Korad <\/em>(1964); adem\u00e1s de ser el compilador de la primera antolog\u00eda de ciencia ficci\u00f3n cubana, <em>Cuentos de ciencia ficci\u00f3n <\/em>(1964).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A pesar de una m\u00ednima publicaci\u00f3n del g\u00e9nero durante el Quinquenio Gris, Cuba se desarrolla como la potencia de la ciencia ficci\u00f3n antillana (y una de las de habla hispana) desde la d\u00e9cada de los ochenta con una nueva camada de escritores en la que se destacan Da\u00edna Chaviano, Agust\u00edn de Rojas (1949-2011), F. Mond (1941-2023), Yoss, entre varias decenas de nombres m\u00e1s. Por igual, surgen los primeros talleres literarios dedicados a la ciencia ficci\u00f3n, el \u00d3scar Hurtado y el Julio Verne, y se instituye el primer premio (nacional) en el Caribe, el David, que desde 1980 suma al rengl\u00f3n especulativo, gan\u00e1ndolo en su inicio <em>Los mundos que amo, <\/em>de Chaviano. Adem\u00e1s, son los primeros en la regi\u00f3n con publicaciones para el estudio del g\u00e9nero, tanto impresas y digitales, como la revista <em>Nova y Korad<\/em> o los e-zine <em>Disparo en la red, <\/em>por Erick J. Mota, y <em>Qubit,<\/em> de Ra\u00fal Aguilar. Actualmente, la aldea global permite la internacionalizaci\u00f3n de la ciencia ficci\u00f3n cubana; no obstante a esta expansi\u00f3n, la de mayor proyecci\u00f3n desde la especulaci\u00f3n cient\u00edfica antillana es la jamaiquina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Caribe angl\u00f3fono desde la entrada del milenio ha tenido un creciente protagonismo en la ciencia ficci\u00f3n en ingl\u00e9s, que es la que posee la industria editorial m\u00e1s importante dedicada a lo especulativo en Occidente. Nos referimos a escritores como la barbadense Karen Lord, el granadino Tobias S. Buckell, el anglovirgenense Cadwell Turnbull, la trinitense R.S.A. Garcia o los jamaiquinos Stephanie Saulter, Geoffrey Philp, Diana McCaulay, Barbara Lalla o la ya mencionada Nalo Hopkinson, siendo esta \u00faltima la de mayor repercusi\u00f3n en el especulativo internacional. Hopkinson, ganadora en su debut del John W. Campbell Award for Best New Writer y declarada la 37th Damon Knight Grand Master por la Science Fiction and Fantasy Writers of America., no solo ha tratado lo afrocaribe\u00f1o a trav\u00e9s de su narrativa, sino, tambi\u00e9n, como editora con antolog\u00edas como la <em>Whispers from the Cotton Tree Root: Caribbean Fabulist Fiction <\/em>(2000)<em>, <\/em>selecci\u00f3n especulativa de escritores del Caribe angl\u00f3fono, franc\u00e9s y de habla hispana<a href=\"#_ftn1\" id=\"_ftnref1\">[1]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A este primer proyecto regional antillano, se le suman otros como <em>New Worlds, Old Ways: Speculative Tales from the Caribbean<\/em> (2016), compilaci\u00f3n de autores especulativos del Caribe anglosaj\u00f3n realizada por Karen Lord. En tanto el hispano, tenemos primero a <em>Prietopunk. Antolog\u00eda de afrofuturismo caribe\u00f1o <\/em>(2022, ed. An\u00edbal Hern\u00e1ndez Medina), selecci\u00f3n consistente en 18 textos de ciencia ficci\u00f3n afrofuturista provenientes de Cuba, Puerto Rico y Rep\u00fablica Dominicana. Le siguen la de fantas\u00eda y ciencia ficci\u00f3n, <em>Confederaci\u00f3n el\u00e9ctrica antillana. Antolog\u00eda de ciencia ficci\u00f3n caribe\u00f1a <\/em>(editores varios, 2023) y, por publicar en este a\u00f1o en curso, el segundo volumen de Latinoamericaeditada que incluye cuentos del g\u00e9nero del Caribe hispano junto a representantes de M\u00e9xico y Centroam\u00e9rica. Adem\u00e1s, no nos olvidemos de las diferentes antolog\u00edas nacionales, como los dos vol\u00famenes de la dominiquesa <em>The Flying Crapaud, <\/em>por el colectivo Piton Noire o, como muestra de la veintena de antolog\u00edas cubanas, <em>Los d\u00edas del futuro. Premios Calendario de ciencia ficci\u00f3n 2003-2016<\/em>, de Yoss.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Volviendo a lo regional, tenemos al Congreso de Ciencia Ficci\u00f3n y Literatura Fant\u00e1stica del Caribe (hispano), del cual, su codirector, Rafael Acevedo, firma la novela de CF boricua, <em>Exquisito cad\u00e1ver, <\/em>finalista del premio Casa de las Am\u00e9ricas, 2001. Y, alojado en el portal de podchaser.com, dedicado al especulativo caribe\u00f1o, se transmite <em>The Caribbean Science Fiction Network, <\/em>conducidopor Jarrel De Matas. Otra iniciativa es la de la productora Syllble, Inc., fundada por el escritor haitiano-estadounidense Fabrice Guerrier, que promueve en Estados Unidos a escritores especulativos afrocaribe\u00f1os. Asimismo, desde fuera de la regi\u00f3n hay un inter\u00e9s por la CF antillana. Como ejemplo, los libros <em>The Cyborg Caribbean: Techno-Dominance in Twenty-First-Century Cuban, Dominican, and Puerto Rican Science Fiction<\/em>, del acad\u00e9mico Samuel Ginsburg (2023), y <em>Tropical Time Machines: Science Fiction in the Contemporary Hispanic Caribbean <\/em>(2024), de la doctora Emily A. Maguire. Igualmente, la revista <em>Strange Horizons<\/em> edita un n\u00famero especial sobre la especulaci\u00f3n caribe\u00f1a, tanto prosa, l\u00edrica y ensayo, que incluye CF como el cuento \u00abThe fate of despair\u00bb, de la cubana Malena Salazar Maci\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora, brevemente, hablemos en qu\u00e9 se ha caracterizado este auge de la ciencia ficci\u00f3n, en su cap\u00edtulo caribe\u00f1o. Independientemente de la diversidad de autores y obras que hemos visto hasta ahora, encontramos una constante que marca a la mayor parte: la glocalizaci\u00f3n de los tropos y arquetipos del g\u00e9nero, ya dicho, dominado por d\u00e9cadas por el mundo anglosaj\u00f3n, y ahora expresados en t\u00e9rminos propios, siendo adecuados para servir a nuestra sensibilidad e intereses locales, principalmente a favor de nuestra maduraci\u00f3n y conservaci\u00f3n identitaria. Como ejemplo, encontramos a un afrofuturismo caribe\u00f1o que inicia con <em>Brown Girl in the Ring<\/em> (1998), de Hopkinson. A la cual le siguen, entre otros, <em>The Rainmaker&#8217;s Mistake <\/em>(2007), de Erna Brodbe; el ciclo de cuentos y novela <em>Habana Underg\u00fcater<\/em>, de Erick J. Mota, origen del afrofuturismo en el Caribe hispano; el cuento \u00abMonstro\u00bb (2012), de Junot D\u00edaz, publicado en el n\u00famero de la revista <em>The New Yorker,<\/em> dedicado a la ciencia ficci\u00f3n; <em>La mucama de Omicunl\u00e9 <\/em>(2015)<em>, <\/em>de Rita Indiana; <em>Chunga Maya <\/em>(2017), de Alejandro Mart\u00edn Rojas Medina; <em>The Yellow Book <\/em>(2019)<em>,<\/em> de Michael Roch; la selecci\u00f3n ya hablada, <em>Prietopunk\u2026<\/em>; la novela in\u00e9dita <em>Negros como el cosmos, <\/em>del cubano Dennis Mourdoch Mor\u00e1n o la colecci\u00f3n de cuentos <em>Afroalgoritmos <\/em>(2024), de la puertorrique\u00f1a Yolanda Arroyo Pizarro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por igual, hay exponentes de una CF neoindigenista antillana, mayormente ta\u00ednofuturista, como tres de los cuentos en <em>La paradoja del F\u00e9nix <\/em>(2018), del dominico-puertorrique\u00f1o Peter Dom\u00ednguez o <em>Quislaona. A dominican fantasy anthology <\/em>(ed. Zaivy Luke-Alem\u00e1n, 2023)<em>,<\/em> selecci\u00f3n biling\u00fce de 16 cuentos y 4 historietas publicada por Dominican Writers Association. Tambi\u00e9n los microrrelatos \u00abEl regalo de Yucah\u00fa\u00bb, de Morgan Vicconius Zariah e \u00abInicio\u00bb (no ta\u00ednofuturista), de Mois\u00e9s Santana, autor del primer libro de relatos de ciencia ficci\u00f3n dominicana, <em>El Circo<\/em> (2013), o la novela <em>weird<\/em> <em>Viaje al centro de los mitos <\/em>(2023), de Odilius Vlak. Aunque la marca identitaria principal es la hibridez, el car\u00e1cter sincr\u00e9tico y criollo que engloba el mestizaje originario afroprecolombino y europeo. En <em>Midnight Robber <\/em>(2000)<em>, <\/em>de Hopkinson, vemos al planeta Toussaint, terraformado por caribe\u00f1os, con varias referencias afroantillanas como la Reina Ladrona del carnaval de Trinidad; la yoruba Anansi; Mami Wata (santa Marta la dominadora en el Caribe hispano); pero, igualmente, la protagonista Tan-Tan, es se\u00f1alada como heredera de la cacique ta\u00edna Anacaona. Otro aspecto ampliamente tratado en la CF antillana, es el valor geopol\u00edtico del archipi\u00e9lago para el Norte Global (y sus consecuencias para nuestras sociedades). Por ejemplo, en la novela <em>Tercer Mundo <\/em>(2019)<em>, <\/em>de Pedro Cabiya, nos presentan a un Puerto Rico como punto caliente de una guerra fr\u00eda interdimensional. Adem\u00e1s, estas \u00abconsecuencias\u00bb, como naciones insulares que somos, se expresan en lo medioambiental, as\u00ed tenemos las Antillas inundadas en \u00abBroad Dutty Water: A Sunken Story\u00bb,de Hopkinson, o el calentamiento global en<em> Daylight Come <\/em>(2020)<em>, <\/em>de Diana McCaulay. Por igual, \u00edntimamente relacionado al aspecto geopol\u00edtico, no olvidemos lo migratorio; como la terraformaci\u00f3n de Toussaint, alegor\u00eda a la nutrida di\u00e1spora caribe\u00f1a, la cual es uno de los pilares del g\u00e9nero antillano. Como hemos visto, varios de los nombres listados aqu\u00ed: Hopkinson, Lord, D\u00edaz, Indiana, Guerrier, Dominicans Writers, son emigrados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces, hasta aqu\u00ed llega nuestra escueta introducci\u00f3n, record\u00e1ndoles los pendientes sobre el Gran Caribe y el neerland\u00e9s, y esperando que con estos pocos p\u00e1rrafos, haber podido esbozar m\u00ednimamente el escenario de nuestra ciencia ficci\u00f3n caribe\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#_ftnref1\" id=\"_ftn1\">[1]<\/a> Como vemos en este mismo art\u00edculo, la especulaci\u00f3n del Caribe neerland\u00e9s brilla por su ausencia. Hasta la escritura de este, no hemos encontrado referencias sobre ciencia ficci\u00f3n neerlandesa antillana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">* Originalmente publicado en <a href=\"https:\/\/ellaberintodelminotauro.com.co\/\">https:\/\/ellaberintodelminotauro.com.co\/<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por An\u00edbal Hern\u00e1ndez Medina Ciertamente vivimos un esplendor de la ficci\u00f3n especulativa, sea audiovisual, c\u00f3mics,&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":70738,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[59],"tags":[],"class_list":["post-70737","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-revista-antillana"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/70737","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=70737"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/70737\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":70764,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/70737\/revisions\/70764"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media\/70738"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=70737"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=70737"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=70737"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}