{"id":70442,"date":"2024-12-16T00:47:22","date_gmt":"2024-12-16T04:47:22","guid":{"rendered":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/?p=70442"},"modified":"2024-12-16T00:47:23","modified_gmt":"2024-12-16T04:47:23","slug":"el-trabajo-de-los-peces","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/2024\/12\/16\/el-trabajo-de-los-peces\/","title":{"rendered":"El trabajo de los peces"},"content":{"rendered":"\n<p>Por <strong>Luis Reynaldo P\u00e9rez<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>En el cielo est\u00e1 Dios, soberano;<\/em><br><em>en la tierra, la orden del c\u00e1rtel<br><\/em><strong>Rub\u00e9n Blades<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En el mundo de los c\u00e1rteles y el sicariato me conocen como Malla, nombre que me gan\u00e9 por haber ingeniado una forma para desaparecer a los enemigos de la gente para la que trabajaba usando alambre del que se usa para construir gallineros. Y es que nosotros, contrario a los otros c\u00e1rteles, no and\u00e1bamos pregonando nuestros cr\u00edmenes. \u00c9ramos discretos pero letales. Era un procedimiento muy sencillo: envolv\u00edamos el cuerpo con alambre para gallineros y lo lanz\u00e1bamos al mar. Cuando el cuerpo se hinchaba, el alambre lo cortaba en pedacitos y se convert\u00eda en comida para peces. Hasta chistosa es la vaina. \u00c9ramos una organizaci\u00f3n tan poderosa que hasta los peces eran nuestros c\u00f3mplices.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Yo, por ejemplo, nunca he matado a nadie, y es que sin cad\u00e1ver no hay crimen y mis \u00abmuertos\u00bb son solo desaparecidos.<\/p>\n\n\n\n<p>La traici\u00f3n no era tolerada en lo m\u00e1s m\u00ednimo. Y eso era aplicable a todo el mundo: miembros de otros c\u00e1rteles, polic\u00edas o jueces que no aceptaban sobornos, familiares o conocidos de nuestros enemigos, hasta nuestra propia gente si se torc\u00eda. Y hab\u00eda muchas formas de torcerse: pasarle informaci\u00f3n a antidrogas o a la prensa, irse a trabajar con otro capo, esconder ganancias, cogerle la mujer a uno de los de la organizaci\u00f3n. Pero lo peor de todo era desobedecer una orden directa.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo era un soldado fiel del c\u00e1rtel, pero ten\u00eda mi propia \u00e9tica: no mataba a quien no ofreciera peligro real. Por lo menos no con mis manos.<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca hab\u00eda desobedecido una orden de qui\u00e9n estaba por encima de m\u00ed en la organizaci\u00f3n. Hasta hoy.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00edamos salido rumbo a la parte norte de la ciudad buscando a uno de nuestros operadores en la zona que hab\u00eda sacado mal la cuenta y entreg\u00f3 menos dinero del que correspond\u00eda por la venta de unos kilos de perico. No lo encontramos ni en el punto, ubicado dentro de una conocida discoteca del barrio, ni en su casa. Los muchachos que andaban bajo mis \u00f3rdenes golpearon a los que estaban en la casa menos a dos mujeres, una ya anciana, porque sab\u00edan que no toleraba eso. Hab\u00eda tres ni\u00f1os tambi\u00e9n y orden\u00e9 que los llevaran a una habitaci\u00f3n separada para que no vieran los interrogatorios. Los pobres infelices no sab\u00edan nada. Ya le hab\u00edamos dado todos los golpes del mundo. Y nadie aguanta tanto sin cantar pa&#8217; salvar a otro.<\/p>\n\n\n\n<p>Report\u00e9 la situaci\u00f3n y me dieron la orden de matar a todo el mundo. \u00abHasta a los ni\u00f1os\u00bb, fue lo \u00faltimo que escuch\u00e9 antes de que me colgaran la llamada. \u00abHasta a los ni\u00f1os\u00bb, me retumbaba la frase mientras daba la orden de ejecutar a todos los adultos y envolverlos en malla mientras sub\u00eda a los ni\u00f1os a mi veh\u00edculo y llamaba a un sacerdote amigo para que me los recibiera en el orfanato que ten\u00eda en su parroquia mientras le ofrec\u00eda un donativo en d\u00f3lares para su obra de beneficencia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Fue la primera vez que desobedec\u00ed una orden directa del Tibur\u00f3n. Y las \u00f3rdenes del Tibur\u00f3n eran palabra de Dios. Y esas vainas no se toleraban en la organizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Sab\u00eda que esa era mi \u00faltima noche y me prepar\u00e9 para la cita ineludible con la muerte, aquella a la que tantas veces acompa\u00f1\u00e9 a llevar su oscuridad a otras casas. Regres\u00e9 a mi apartamento frente al mar, el mismo donde escondo a todos mis muertos, para esperarla.<\/p>\n\n\n\n<p>Me serv\u00ed un whisky y coloqu\u00e9 en el equipo de m\u00fasica y en modo repetici\u00f3n mi canci\u00f3n favorita. La melod\u00eda se iba perdiendo empujada por la brisa marina y quedaba la canci\u00f3n como un testamento en la noche \u00abAnd now, the end is near&nbsp; \/ And so I face the final curtain\u2026\u00bb y las horas cayendo y entonces el murmullo en los pasillos, la puerta que cede, las \u00f3rdenes escupidas, la rabia con que me miran, mi sonrisa que los enfurece y los disparos que apenas se escuchan sobre la m\u00fasica.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa noche termin\u00f3 mi vida, de la que solo quedan las historias que son contadas entre sicarios. \u00bfDe mi cuerpo?, de mi cuerpo no queda nada, los peces han hecho su trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-wide\"\/>\n\n\n\n<p><strong>Luis Reynaldo P\u00e9rez<\/strong> (Santo Domingo, 1980). Poeta, editor y gestor cultural. Dirige la Fundaci\u00f3n Cultural Lado B y Luna Insomne Editores. Ha publicado la plaqu\u00e9 de poes\u00eda <em>Poemas para ser le\u00eddos bajo la lluvia<\/em> (2012), el <em>E-book<\/em> <em>Toda la luz<\/em> (2015), los poemarios <em>Temblor de lunas<\/em> (2012, 2024), <em>Urbania<\/em> (2015), <em>Dolor que ma\u00falla<\/em> (2014), <em>Ciudad que alucino<\/em> (2016, 2024), <em>El latido incesante<\/em> (2019), <em>Mar nuestro de cada d\u00eda<\/em> (2020), <em>Evangelio seg\u00fan Crucita Yin<\/em> (2021) y <em>Me crece tu nombre como un fruto de agua<\/em> (2024), y los infantiles, <em>Lunario<\/em> (2014), <em>D\u00eda de lluvia<\/em> (2017) y <em>Cuaderno de animales<\/em> (2020). Por igual, la antolog\u00eda personal <em>Animal de palabras<\/em> (2019), las colecciones de minificci\u00f3n <em>Fractal <\/em>(2020), <em>Golosinas<\/em> (2020) e <em>Inventario de sangre\u00a0<\/em>(2020) y la colecci\u00f3n de relatos <em>Infames <\/em>(2024). Ha compilado las antolog\u00edas: <em>Material inflamable: 30 poetas dominicanos del siglo XXI<\/em> (2014), <em>Sobre un costado del planeta: muestra de poes\u00eda dominicana 1970-1990<\/em> (2015), <em>Germinar sobre el asfalto<\/em> (2017), <em>El futuro es ahora: 15 poetas dominicanos (1991-2002) <\/em>(2017), <em>Juguete sagrado. Poemas escogidos de Ren\u00e9 Rodr\u00edguez Soriano<\/em> (junto a Denisse Espa\u00f1ol, 2019), <em>Los muchachos del parque Duarte<\/em> (2024) y <em>Premio Banreservas de Relatos de Jazz<\/em> (2024).<em> <\/em>Ha recibido, entre otros, el Premio \u00fanico del I Concurso Nacional de Haiku (2011), el Premio \u00fanico de Poes\u00eda de la Fundaci\u00f3n Global y Democracia (2012) y el Primer Premio del XVIII Concurso Nacional de Literatura Alianza Cibae\u00f1a, categor\u00eda poes\u00eda. <\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Luis Reynaldo P\u00e9rez En el cielo est\u00e1 Dios, soberano;en la tierra, la orden del&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":70433,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[59],"tags":[],"class_list":["post-70442","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-revista-antillana"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/70442","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=70442"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/70442\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":70443,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/70442\/revisions\/70443"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media\/70433"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=70442"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=70442"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=70442"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}