{"id":70189,"date":"2024-12-02T00:05:00","date_gmt":"2024-12-02T04:05:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/?p=70189"},"modified":"2024-12-02T00:14:37","modified_gmt":"2024-12-02T04:14:37","slug":"la-ballena-blanca-del-padre-jonas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/2024\/12\/02\/la-ballena-blanca-del-padre-jonas\/","title":{"rendered":"La ballena blanca del padre Jon\u00e1s"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Por Miguel \u00c1ngel Beltr\u00e9 Ram\u00edrez <\/strong><strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El sacerdote Jon\u00e1s Garc\u00eda se despert\u00f3 con el coraz\u00f3n acelerado en la oscuridad de su habitaci\u00f3n. A tientas, se levant\u00f3 de la cama y encendi\u00f3 la luz. Fue al ba\u00f1o, se lav\u00f3 la cara, se mir\u00f3 en el espejo y sinti\u00f3 que su rostro, a pesar de sus treinta y tres a\u00f1os, estaba m\u00e1s viejo que el d\u00eda anterior. Desde que en sus sue\u00f1os empez\u00f3 a hacer el amor con Kristina Woolf, se sent\u00eda cada d\u00eda m\u00e1s cansado. Consideraba que en el momento en el que ella le hac\u00eda la felaci\u00f3n le sacaba toda su energ\u00eda vital.&nbsp; Adem\u00e1s, ten\u00eda que batallar con su conciencia y la indecisi\u00f3n a la hora de contarle a su confesor esos sue\u00f1os recurrentes y obsesivos, que nunca revelaba. La mujer era blanca, delgada, de labios carnosos, ojos azules y mirada belicosa; una muestra de laboratorio del paradigma de la belleza occidental; una mezcla f\u00edsica de Angelina Jolie y Scarlett Johansson, sus actrices favoritas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El padre Jon\u00e1s no entend\u00eda por qu\u00e9 se dejaba dominar tan f\u00e1cil por la tentaci\u00f3n. A veces pensaba que, quiz\u00e1s, ver tantas pel\u00edculas protagonizadas por esas actrices era la causa de su desasosiego. O que su celibato, la ausencia de una f\u00e9mina en su vida y su introversi\u00f3n eran el origen de tanta lujuria acumulada y reprimida. Nadie entend\u00eda que el hecho de que \u00e9l pudiera hablar en p\u00fablico y, celebrar misas, no significaba que consiguiera sostener una conversaci\u00f3n privada con una mujer porque una timidez inexplicable lo paralizaba. Tal vez le hac\u00eda falta, razonaba, tener una amiga monja o feligresa con quien poder conversar sin prejuicios sobre esos temas, que su confesor y director espiritual, por su cerraz\u00f3n y puritanismo, no iba a comprender, sino a juzgar. A pesar de que nunca hab\u00eda traicionado ni iba a traicionar su celibato. Pero se trataba de algo tan fundamental como el manejo de su sexualidad. Problema para el que nadie nac\u00eda con un manual debajo del brazo. Experiencia con la que cada quien ten\u00eda que luchar solo, porque no hab\u00eda Biblia ni c\u00f3digo moral o religioso para manejar la condici\u00f3n de ser un animal sexual de manera exitosa, sin traumas ni frustraciones. \u00bfDe qu\u00e9 le serv\u00edan las licenciaturas en filosof\u00eda y teolog\u00eda, que hizo para ser consagrado sacerdote, ante el encanto de Kristina Woolf? \u00bfC\u00f3mo pelear esta guerra sin terminar derrotado? \u00bfC\u00f3mo manejar esta situaci\u00f3n? Se preguntaba a diario. Estaba atrapado dentro de una ballena como el Jon\u00e1s b\u00edblico, pero en la ballena del deseo, los sue\u00f1os y el amor de la que no sab\u00eda c\u00f3mo escapar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los encuentros con Kristina Woolf eran en muchos lugares, entre ellos: en la playaLa Caobita de Azua. Ella, con un vestido negro de pierna abierta y un sombrero blanco, lo tomaba de la mano y caminaban descalzos por la orilla durante un largo rato, sin conversar, mirando el horizonte y sus pisadas en la arena. Los pies de la mujer le parec\u00edan los m\u00e1s hermosos del planeta. Esta caminata le daba una gran sensaci\u00f3n de paz como cuando era ni\u00f1o y rezaba el rosario con su madre frente a un cuadro de la Virgen de la Altagracia. Se dejaban acariciar por la suave brisa salobre. Ella comenzaba a correr entre risas y \u00e9l la segu\u00eda. Luego entraban al agua desnudos y se abrazaban. Sentir sus cuerpos pegados el uno del otro dentro del agua era una experiencia bastante placentera. En esa playa fue cuando vio el mar por primera vez. El padre Ernest Faulkner, estadounidense y promotor de su vocaci\u00f3n sacerdotal, lo llev\u00f3 a conocer el mar junto con otros monaguillos. A partir de ese d\u00eda, siempre asoci\u00f3 la playa como una de las tantas formas de vivir y palpar la libertad y la felicidad de forma f\u00edsica, sin abstracciones filos\u00f3ficas ni teol\u00f3gicas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Otras veces, paseaban por las calles de Roma. Agarrados de las manos, entraban y sal\u00edan de las antiguas iglesias y de las catacumbas. Llegaban a la Capilla Sixtina y los personajes pintados en ella, reviv\u00edan, cantaban y bailaban merengues y bachatas y aplaud\u00edan para ellos. En Jerusal\u00e9n, se ba\u00f1aban bajo una lluvia de gotas de vino y hostias, mientras hac\u00edan el trayecto de la crucifixi\u00f3n con miles de peregrinos desnudos de todo el mundo. En Par\u00eds, Kristina Woolf iba con un vestido azul oscuro lleno de estrellas amarillas, unos colores salidos de un cuadro de Vicent van Gogh. Entonces empezaba a nevar y del cielo ca\u00edan libros de nieve que ellos atrapaban y se los com\u00edan porque sab\u00edan a dulces de coco. M\u00e1s adelante, entraban a un peque\u00f1o hotel y eran llevados por un enano vestido de la Caperucita Roja por un camino de flores amarillas hacia una habitaci\u00f3n y cuando abr\u00edan la puerta, se convert\u00eda en la finca de caf\u00e9 del abuelo del padre Jon\u00e1s. Lugar donde pasaba las vacaciones escolares de su infancia. Disfrutaban del olor del caf\u00e9 y se ba\u00f1aban abrazados en un r\u00edo que corr\u00eda en medio del cafetal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una madrugada de abril, medio en serio medio en broma, Kristina Woolf le dijo que en cualquier momento se le iba a aparecer en la casa curial vestida de monja para no levantar sospechas de la gente del pueblo. El padre Jon\u00e1s, despu\u00e9s de despertar del sue\u00f1o delicioso, no pens\u00f3 en la ocurrencia de la mujer, ya que era imposible que ella saliera de sus sue\u00f1os y se materializara en la realidad. Pero el domingo de resurrecci\u00f3n, a las tres de la tarde, despu\u00e9s de haberse tomado algunas cervezas para mitigar el calor, ella se le apareci\u00f3 vestida de blanco de pies a cabeza con una maleta roja. Al verla en la puerta, con su sonrisa y mirada inconfundibles, el coraz\u00f3n casi se le sali\u00f3 por la boca. Ella le pregunt\u00f3 si no iba a dejarla entrar y \u00e9l se par\u00f3 de la mecedora como un aut\u00f3mata, abri\u00f3 la puerta de hierro, mir\u00f3 hacia la derecha y hacia la izquierda a ver si no hab\u00eda alguien observando, la tom\u00f3 de la mano con firmeza y la llev\u00f3 a su habitaci\u00f3n. No lograba calmarse y respiraba con dificultad.&nbsp; Ella le dio explicaciones esot\u00e9ricas de las razones por las cuales solo \u00e9l iba a poder verla que lo tranquilizaron. Acordaron no hablar delante de ninguna persona para no delatarse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La salida de Kristina Woolf de los sue\u00f1os del padre Jon\u00e1s lo transform\u00f3. De una conducta retra\u00edda y taciturna, comenz\u00f3 a sonre\u00edr y saludar con mayor vivacidad. La se\u00f1ora que limpiaba la casa y cocinaba fue la primera en notar el cambio. Le sorprendi\u00f3 su locuacidad y que la saludara con un abrazo. Para todos lados iba con Kristina Woolf. Juntos visitaban todas las comunidades que pertenec\u00edan a la Parroquia Nuestra Se\u00f1ora de Guadalupe del municipio de Anacaona. Bautizaban, casaban, confesaban y celebraban misas. Perdi\u00f3 la timidez para conversar a solas con las mujeres. Empez\u00f3 a cantar las misas y a hacer chistes en las homil\u00edas. Los anacaonenses que iban a misa, tambi\u00e9n notaron el cambio, pero los m\u00e1s r\u00edgidos y conservadores se lo tomaron a mal, incluyendo algunos que formaban parte del consejo directivo que, junto al padre Jon\u00e1s, dirig\u00edan la parroquia. Las murmuraciones, rumores y quejas llegaron hasta los o\u00eddos del obispo de la di\u00f3cesis de San Juan de la Maguana a la que pertenec\u00eda la parroquia. Nadie se sorprendi\u00f3 la tarde en la cual lleg\u00f3 el obispo, el confesor del padre Jon\u00e1s, y un equipo de psiquiatras que lo evaluaron y decidieron llev\u00e1rselo e internarlo en una cl\u00ednica de Santo Domingo. La recuperaci\u00f3n de la cordura del padre Jon\u00e1s, seg\u00fan los psiquiatras, conllev\u00f3 la desaparici\u00f3n de la presencia de Kristina Woolf en sus sue\u00f1os y en su realidad. Desaparici\u00f3n que lo embarg\u00f3 de una tristeza incurable.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-wide\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Miguel \u00c1ngel Beltr\u00e9 Ram\u00edrez<\/strong> (Padre Las Casas). Graduado en Derecho y en Letras, con su tesis de grado <em>Elementos de la identidad dominicana en Compadre Mon de Manuel del Cabral<\/em>, ambas realizadas en la Universidad Aut\u00f3noma de Santo Domingo (UASD). Es miembro fundador del Taller Literario Narradores de Santo Domingo (TLNSD) y miembro del Taller de literaio C\u00e9sar Vallej de la UASD.\u00a0 Sus cuentos han sido publicados en antolog\u00edas como: <em>Santo Domingo no problem, El fondo del iceberg, Sospecha colectiva, Quinta dosis, Sombreros para gatos<\/em> y<em> 13, luego de las 6:00<\/em>. Adem\u00e1s, sus poemas han sido compiladas en las antolog\u00edas del taller C\u00e9sar Vallejo. En el a\u00f1o 2015, gana el segundo lugar del Concurso de Cuentos para Talleristas de la X Feria Regional Peravia 2015, que fue publicado en el libro <em>El sur fecundo <\/em>por el Ministerio de Cultura dominicano. Por igual, en el a\u00f1o 2022, gana el cuarto lugar con el cuento \u00abLa ballena blanca del padre Jon\u00e1s\u00bb en el Concurso de Cuentos Radio Santa Mar\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Miguel \u00c1ngel Beltr\u00e9 Ram\u00edrez El sacerdote Jon\u00e1s Garc\u00eda se despert\u00f3 con el coraz\u00f3n acelerado&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":70176,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[59],"tags":[],"class_list":["post-70189","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-revista-antillana"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/70189","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=70189"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/70189\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":70190,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/70189\/revisions\/70190"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media\/70176"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=70189"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=70189"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=70189"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}