{"id":70034,"date":"2024-11-25T00:00:00","date_gmt":"2024-11-25T04:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/?p=70034"},"modified":"2024-11-24T23:14:52","modified_gmt":"2024-11-25T03:14:52","slug":"traqueotomia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/2024\/11\/25\/traqueotomia\/","title":{"rendered":"Traqueotom\u00eda"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"683\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/pexels-haydan-as-soendawy-730525-2883462-683x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-70029\" style=\"aspect-ratio:16\/9;object-fit:cover\" srcset=\"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/pexels-haydan-as-soendawy-730525-2883462-683x1024.jpg 683w, https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/pexels-haydan-as-soendawy-730525-2883462-200x300.jpg 200w, https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/pexels-haydan-as-soendawy-730525-2883462-768x1152.jpg 768w, https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/pexels-haydan-as-soendawy-730525-2883462-1024x1536.jpg 1024w, https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/pexels-haydan-as-soendawy-730525-2883462-1365x2048.jpg 1365w, https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/pexels-haydan-as-soendawy-730525-2883462-1920x2880.jpg 1920w, https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/pexels-haydan-as-soendawy-730525-2883462-1170x1755.jpg 1170w, https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/pexels-haydan-as-soendawy-730525-2883462-585x878.jpg 585w, https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/pexels-haydan-as-soendawy-730525-2883462-scaled.jpg 1707w\" sizes=\"(max-width: 683px) 100vw, 683px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Por <strong>Sady Feliz Antoine<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Bot\u00f3 tanta sangre que, aunque el men\u00fa no era mondongo, no pude comer ese d\u00eda. Fue un s\u00e1bado lleno de ruido. La casa estaba repleta. Cuando Abu ven\u00eda, todos mis t\u00edos se reun\u00edan en la casa para cocinar y esperarla. Cocinaban algo que ni a mis primos ni a m\u00ed nos gustaba. Era terror\u00edfico: mondongo y patica de cerdo, asopao de pollo, sancocho, molondrones y, en el peor de los casos, berenjena con arenque. La elecci\u00f3n ese d\u00eda fue asopao de pollo.<\/p>\n\n\n\n<p>El asopao provocaba una reacci\u00f3n extra\u00f1a en m\u00ed. Al entrar una cucharada en mi boca se produc\u00eda una reacci\u00f3n en cadena. Frunc\u00eda el ce\u00f1o, los maseteros se entumec\u00edan y la boca se resecaba, como si mi cuerpo se resistiera al veneno. El pollo se sent\u00eda baboso. No entend\u00eda por qu\u00e9 si cuando iba a la cocina el pollo ten\u00eda color en el caldero, el asopao eliminaba toda se\u00f1a de color a la carne. Una vez hablamos Billy y yo que pod\u00eda ser que al asopao le echaran cloro; por eso odi\u00e1bamos comerlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Salimos a montar bicicleta. \u00c9ramos cuatro: mis dos primos, Billy, Joel, y mi vecino, Naruto. \u00cdbamos camino al parque cuando mi t\u00eda nos par\u00f3 en seco y nos devolvi\u00f3. Fue absurdo, porque el parque estaba frente a la casa y la calle que los separaba era una calle por donde no pasaba ni una mosca. Comenzamos a montar en la calle. No ten\u00eda asfalto, estaba llena de piedras y hojas. Ten\u00eda unos doce pies de ancho. Solo ten\u00edamos una bicicleta, por lo que las vueltas eran por turnos. Le tocaba a Billy, Joel, yo y por \u00faltimo, Naruto. Lleg\u00f3 mi turno y como Joel hab\u00eda salido de ruta todos quer\u00edamos hacer lo mismo. Me mont\u00e9 en la bici, una <em>mountain bike<\/em> negra con rayos azules. Pod\u00eda ver la casa que estaba colina abajo. Se escuchaba el sonido de los p\u00e1jaros que no lograba ver, iba concentrada en no caerme.<\/p>\n\n\n\n<p>La calle ten\u00eda muchas piedras, sent\u00eda el rebote del tim\u00f3n en mis manos. La calle al final ten\u00eda una cuesta. Al llegar a la cima nos par\u00e1bamos y le d\u00e1bamos fuerte al pedal hasta que la bici andaba sola. Si sal\u00edamos de ruta logr\u00e1bamos tener mayor impulso. En ese momento era imposible parar hasta que lleg\u00e1bamos al extremo, donde otra cuesta nos obligaba a detenernos. Sal\u00ed de ruta y fui m\u00e1s lejos que Joel para bajar a mayor velocidad. Bajaba por la colina, y tuve que quitar mis pies de los pedales; la velocidad exced\u00eda mi capacidad motriz. Cuando iba por la mitad de ella, vi a Naruto acostarse en la calle, en el mismo trayecto que la bici descend\u00eda a menos de cuatro metros. Tom\u00e9 el tim\u00f3n, intent\u00e9 frenar pero la bicicleta no ten\u00eda buenos frenos. Sent\u00ed c\u00f3mo un pedal choc\u00f3 una de mis piernas por la velocidad. Grit\u00e9 por no poder frenar, porque no pod\u00eda girar. Cerr\u00e9 los ojos como si todo desapareciera por hacerlo. Y solo sent\u00ed c\u00f3mo<\/p>\n\n\n\n<p>le pas\u00e9 por encima y ca\u00ed. Cuando pude pararme estaba botando sangre, ten\u00eda las rodillas, la frente y los antebrazos pelados. Me levant\u00e9 adolorida y furiosa. Corr\u00ed hacia Naruto, pero fren\u00e9 cuando vi a Billy y Joel con la boca abierta y espantados. Cada vez que me hac\u00edan una no paraban de re\u00edr, me preguntaba c\u00f3mo segu\u00eda jugando con ellos si siempre era su conejillo de indias.<\/p>\n\n\n\n<p>Naruto se volte\u00f3. Y comprend\u00ed el asombro. Ten\u00eda las huellas de los neum\u00e1ticos y un agujero con una piedra incrustada en el cuello. \u00c9l era blanco casi amarillo, con ojos verdes muy claros y en ese momento su cara estaba casi morada, agitaba las manos en el aire como una mariposa, intentaba hablar, pero no pod\u00eda. Sus ojos estaban rojos, y cuando miraron al cielo se desplom\u00f3. Corr\u00ed, corr\u00ed, corr\u00ed. Llegu\u00e9 a la casa y busqu\u00e9 a mi pap\u00e1 que era m\u00e9dico.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Lo mat\u00e9! \u00a1Pap\u00e1, lo mat\u00e9!<\/p>\n\n\n\n<p>Sali\u00f3 corriendo y cuando vio a Naruto, tom\u00f3 un lapicero, lo desarm\u00f3 y se lo introdujo en el cuello. Quit\u00f3 su <em>poloshirt<\/em> para tapar el cuello y parar la sangre. Me tom\u00f3 las manos y me hizo soportarlo. Mi mente se puso negra. Dej\u00e9 de escuchar. Mis manos se pusieron fr\u00edas, pero sent\u00eda la sangre caliente enjugarse en mis manos. Ten\u00eda los ojos abiertos, pero no ve\u00eda nada. Mis sentidos volvieron cuando el param\u00e9dico quit\u00f3 mis manos y dijo \u00abd\u00e9jenmelo a m\u00ed\u00bb. Mi pap\u00e1 me levant\u00f3. Creo que estaba intentando mantener sus latidos, no lo s\u00e9. No escuch\u00e9 ni la ambulancia que estaba al lado de nosotros, no tuve idea de c\u00f3mo lleg\u00f3 ah\u00ed. Todo el vecindario estaba alrededor. La mam\u00e1 de Naruto, estaba en un banco del parque y ambos fueron trasladados. Mi padre me ba\u00f1\u00f3, cuando sal\u00ed mi Abu hab\u00eda llegado. Todo estaba en silencio. La comida se puso en la mesa. Me obligaron a sentarme, pero solo pude ver el plato. Son\u00f3 el tel\u00e9fono. Pap\u00e1 fue el \u00fanico valiente en tomarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Est\u00e1 muerto, dijo.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde ese momento supe que nunca volver\u00eda a montar bicicleta, ni a comer asopao en mi vida.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-wide\"\/>\n\n\n\n<p><strong>Sady Feliz Antoine<\/strong> (Santo Domingo, 1980).\u00a0 Escritora, odont\u00f3loga, administradora y miembro del Taller Literario Narradores de Santo Domingo (TLNSD). Sus historias han sido seleccionados para antolog\u00edas como <em>Ellas narran<\/em> o <em>Quinta dosis<\/em>. Con su cuento \u00abFrito\u00bb, gana menci\u00f3n de honor en la primera edici\u00f3n de los Premios Banreservas de Relatos de Jazz. Adem\u00e1s, en la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo 2024, publica su primer libro de cuentos <em>El pitbull y la hiena<\/em>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Sady Feliz Antoine Bot\u00f3 tanta sangre que, aunque el men\u00fa no era mondongo, no&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":70029,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[59],"tags":[],"class_list":["post-70034","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-revista-antillana"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/70034","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=70034"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/70034\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":70035,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/70034\/revisions\/70035"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media\/70029"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=70034"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=70034"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=70034"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}