{"id":69636,"date":"2024-11-03T00:01:00","date_gmt":"2024-11-03T04:01:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/?p=69636"},"modified":"2024-11-02T23:26:40","modified_gmt":"2024-11-03T03:26:40","slug":"virus666-exe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/2024\/11\/03\/virus666-exe\/","title":{"rendered":"Virus666.exe"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"787\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/pexels-cdc-library-3992943-1-787x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-69588\" style=\"aspect-ratio:16\/9;object-fit:cover\" srcset=\"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/pexels-cdc-library-3992943-1-787x1024.jpg 787w, https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/pexels-cdc-library-3992943-1-231x300.jpg 231w, https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/pexels-cdc-library-3992943-1-768x999.jpg 768w, https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/pexels-cdc-library-3992943-1-1181x1536.jpg 1181w, https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/pexels-cdc-library-3992943-1-1575x2048.jpg 1575w, https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/pexels-cdc-library-3992943-1-1920x2497.jpg 1920w, https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/pexels-cdc-library-3992943-1-1170x1522.jpg 1170w, https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/pexels-cdc-library-3992943-1-585x761.jpg 585w, https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/pexels-cdc-library-3992943-1-scaled.jpg 1968w\" sizes=\"(max-width: 787px) 100vw, 787px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Por Linette Santana<\/p>\n\n\n\n<p>Perm\u00edtanme prevenirlos antes de iniciar este espeluznante relato. Lo que leer\u00e1n a continuaci\u00f3n no es apto para mentes fr\u00e1giles o impresionables. Si aprecian su juicio, deber\u00edan abstenerse de continuar en este preciso instante. Pero si son de los que se deleitan con los m\u00e1s t\u00e9tricos y perturbadores cuentos, en ese caso sumerjan su raz\u00f3n en mi infortunio. Ac\u00e9rquense y lean la narraci\u00f3n de mi condenada existencia, mas no olviden que fueron alertados como corresponde.<\/p>\n\n\n\n<p>La gente siempre advierte sobre los riesgos de pasar demasiado tiempo frente a las pantallas. Auguran que la luz azulada arruina la vista, que la radiaci\u00f3n de los dispositivos engendra c\u00e1ncer y que la adicci\u00f3n al internet destruye los v\u00ednculos sociales. No obstante, yo, en mi soberbia juvenil, descubr\u00ed algo mucho m\u00e1s siniestro.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo inici\u00f3 como un simple desaf\u00edo viral que los adolescentes compart\u00edan en Reddit en el a\u00f1o 2016. A las 6:06 am, uno deb\u00eda sincronizar su tel\u00e9fono, tableta y computadora a la misma red wifi frente a un espejo. Luego trazar una runa extra\u00f1a en el suelo con tiza y recitar: \u00abVirus 666.exe, ofrezco mi conexi\u00f3n a cambio de los secretos de la red\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Al principio me burl\u00e9, creyendo que era una rid\u00edcula leyenda urbana producto de mentes ociosas. Sin embargo, la malsana curiosidad comenz\u00f3 a roerme las entra\u00f1as, sembrando sus insidiosas semillas de duda en mi mente. Sin aguantarlo m\u00e1s, decid\u00ed averiguarlo por m\u00ed mismo, sin imaginar que con ello firmar\u00eda mi sentencia a un destino peor que la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Los d\u00edas previos al fat\u00eddico amanecer fueron una agon\u00eda interminable. Mis noches se vieron plagadas de terrores nocturnos; pesadillas impetuosas donde me encontraba atrapado en un eterno abismo digital del que no lograba escapar. Gritos espectrales e imprecaciones en c\u00f3digos inform\u00e1ticos, retumbaban en mis o\u00eddos, presagiando mi funesta ca\u00edda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Qu\u00e9 est\u00fapido de m\u00ed no hacerles caso a las advertencias provenientes de mi instinto natural de supervivencia!<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando al fin lleg\u00f3 el d\u00eda elegido, a las 6:06 en punto de la madrugada, ubiqu\u00e9 los tres dispositivos frente al empa\u00f1ado espejo del cuarto de ba\u00f1o con manos temblorosas. Trac\u00e9 el siniestro s\u00edmbolo en el piso con tiza blanca y, reuniendo mis \u00faltimos restos de valor, recit\u00e9 el mantra extra\u00f1o con voz tr\u00e9mula. Al repetirlo por sexta vez, un fr\u00edo glacial me hel\u00f3 hasta los huesos, cuando las pantallas se volvieron de un rojo intenso parpadeante. De inmediato, una fuerza invisible arrastr\u00f3 mi mano hacia el espejo f\u00e9rvido y entonces\u2026 todo se sumi\u00f3 en una penumbra insondable.<\/p>\n\n\n\n<p>Despert\u00e9 sobresaltado en mi lecho, empapado en un sudor fr\u00edo, convencido de que todo hab\u00eda sido una atroz pesadilla. Pero al mirar mis manos, un grito de horror qued\u00f3 ahogado en mi garganta, cuando not\u00e9 que mis dedos se desintegraban en pixeles. El espejo de cuerpo entero no reflejaba mi imagen, sino un vac\u00edo digital infinito salpicado de formas geom\u00e9tricas alien\u00edgenas que se mov\u00edan con un patr\u00f3n indescriptible.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Desde entonces, qued\u00e9 atrapado en un insano ciclo de alucinaciones que difuminan la l\u00ednea entre realidad y delirio. A veces diviso un r\u00edo de c\u00f3digo binario fluyendo ca\u00f3tico a mi alrededor en un abismo sin fondo. Otras veces, enormes estructuras cristalinas de datos se materializaban y desvanec\u00edan sin cesar en un vasto desierto virtual.<\/p>\n\n\n\n<p>Las visiones cambian constantemente, mostr\u00e1ndome realidades alternas aterradoras. En mis peores y m\u00e1s perturbadores momentos, una voz distorsionada, gutural e imponente, retumba susurrando en un idioma desconocido que me congela la sangre:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abTu esencia biol\u00f3gica ahora forma parte de mi vasta conciencia cibern\u00e9tica. R\u00edndete y acepta tu nueva existencia en la matriz, antes de que tu cordura se destruya por completo\u2026\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>No tuve opci\u00f3n&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Perd\u00ed la noci\u00f3n de la realidad. Ya no puedo discernir lo t\u00e1ctil de lo simulado. Mi mente se fractura m\u00e1s con cada visi\u00f3n, con cada susurro distorsionado. Mi cordura, mi humanidad misma, se desmorona d\u00eda a d\u00eda, quedando apresado en este infierno virtual; una prisi\u00f3n de locura corrupta sin escapatoria viable. Todo por tentar fuerzas antiqu\u00edsimas que no comprend\u00eda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso los advierto, \u00a1no cometan m\u00ed mismo error! Al\u00e9jense de los mitos y leyendas que orbitan la tecnolog\u00eda moderna. \u00a1Huyan de los ritos prohibidos y los pactos demon\u00edacos! Porque la curiosidad nociva s\u00f3lo puede conducirlos al precipicio de la demencia m\u00e1s absoluta.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez que crucen esa l\u00ednea, lamentar\u00e1n hasta su \u00faltimo aliento, el d\u00eda en que decidieron tentar a los dioses oscuros de la matriz\u2026<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p><strong>Linette Santana<\/strong> (Santo Domingo Este, 1997) Estudiante de Letras en la Universidad Aut\u00f3noma de Santo Domingo. Amante de la literatura moderna.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Linette Santana Perm\u00edtanme prevenirlos antes de iniciar este espeluznante relato. 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