{"id":68721,"date":"2024-09-15T00:01:00","date_gmt":"2024-09-15T04:01:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/?p=68721"},"modified":"2024-09-15T23:05:25","modified_gmt":"2024-09-16T03:05:25","slug":"bienvenido-a-nueva-eurinde","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/2024\/09\/15\/bienvenido-a-nueva-eurinde\/","title":{"rendered":"Bienvenido a Nueva Eurinde"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por <strong>Juan Manuel<\/strong> <strong>Fern\u00e1ndez Guti\u00e9rrez<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Afuera, las columnas de humo alcanzaban el cielo, uni\u00e9ndose al mar de nubes negras que sobrevolaban al desierto abrasador. Afuera, gigantes de acero recorr\u00edan las calles, derribando torres y pilares al son de los v\u00edtores de la multitud. El reino ciudad de Eurinde ard\u00eda, no por el calor reflejado en los espejos de arena que eran las dunas del desierto que abrazaba a la ciudad cordillerana, sino por fuego. Fuego consum\u00eda los barrios cercanos a la cordillera, los adoquines se part\u00edan contra los murales de cer\u00e1mica. Afuera\u2026 afuera hab\u00eda un jolgorio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Detr\u00e1s de las macizas y pulidas paredes del palacio, a\u00fan pod\u00eda o\u00edrse el ulular de hombres alborotados, sus armaduras chasquear bajando y subiendo escalones, corriendo por los pasillos, jadeantes y cansados. M\u00e1s all\u00e1 del lindel de las ventanas, pod\u00eda verse el cielo gris \u2014alguna vez de un inmutable azul intenso\u2014. Las nubes negras surcaban el cielo, despu\u00e9s de d\u00e9cadas \u2014sino siglos\u2014 de calor, arena y hierba seca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el centro del sal\u00f3n, un hombre joven se tambaleaba y con \u00e9l, su radiante armadura tintineaba como un xil\u00f3fono o la extra\u00f1a y lejana lluvia que causaba m\u00fasica en los tejados de Eurinde. Con la cabeza gacha y los brazos l\u00e1nguidos ante el vaiv\u00e9n del d\u00e9bil viento que recorr\u00eda los pasillos, empu\u00f1aba con fuerza la espada que \u2014alguna vez\u2014 le nombr\u00f3 caballero. Aquel hombre levant\u00f3 la mirada y su flequillo ocult\u00f3 parte de su rostro, tanto como un mech\u00f3n rebelde ca\u00eda por encima de su mejilla izquierda, cubr\u00eda convenientemente una salpicadura roja en su magullada piel tostada. Aquel rostro no pertenec\u00eda a un hombre joven, no uno que tuviese menos de treinta primaveras. Un rostro apagado, atribulado y demacrado, una expresi\u00f3n que clamaba por descanso, o quiz\u00e1s, la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A su costado, una larga inspiraci\u00f3n lleg\u00f3 hasta \u00e9l a trav\u00e9s de la brisa que se colaba por la ventana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Est\u00e1 hecho, Demian, hemos cumplido con nuestro grano de arena \u2014dijo una voz que proven\u00eda detr\u00e1s de \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los sonidos de alguien vivo lo trajeron de vuelta al presente. Demian se sec\u00f3 los labios con el guantelete, manchando a\u00fan m\u00e1s su mejilla de sangre. Antes de voltear, a\u00f1adi\u00f3 un adem\u00e1n para s\u00ed mismo, queriendo restarles m\u00e9rito a los eventos recientes. Sin embargo, esos ojos vac\u00edos dec\u00edan otra cosa, cuencas apagadas por donde flu\u00eda sin reparo la desesperanza, como lo hac\u00eda la arena por una cascada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Solo hemos acelerado el proceso, Capit\u00e1n \u2014agreg\u00f3 Demian y en seguida, suspir\u00f3 largo y profundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El otro sujeto descansaba sentado al borde de la ventana, al otro hemisferio de la ostentosa habitaci\u00f3n palaciega. De cabello largo y ceniciento que se revolv\u00eda con la calurosa brisa, y de una vez m\u00e1s oscura a\u00fan que la de su subordinado, tonalidad que contrastaba con la reluciente armadura ba\u00f1ada de cobre, ornamentada con la silueta de ferales felinos met\u00e1licos; donde los hombros formaban las afiladas y aterradoras fauces y fatales colmillos. Una elegante amenaza de peligro para con sus adversarios. Dicho hombre posaba uno de sus guanteletes al costado, intentando \u2014f\u00fatilmente\u2014, tapar el forado ensangrentado en su torso. De entre los dedos del guantelete se filtraba la sangre a borbotones, creando peque\u00f1as burbujas bermell\u00f3n all\u00ed donde las placas se solapaban, entre los intrincados pliegues de su armadura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Respiraba con dificultad, a grandes bocaradas que manten\u00eda dentro un buen tiempo antes de soltar el aliento, hasta el punto de no aguantar m\u00e1s el aire acumulado en sus pulmones, hasta ponerse rojo como una guinda. Cada exhalaci\u00f3n era un borbot\u00f3n m\u00e1s de vida que se le escapaba a toda prisa del cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No obstante, no hab\u00eda dolor en su rostro. Llevaba una sonrisa sincera dibujada en sus labios, de oreja a oreja y dejaba a la vista su ca\u00f3tica dentadura, conformada de dientes crecidos hasta adentro, inclinados y otros por encima de otros, como un par de gemelos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Y ahora\u2026 \u00bfqu\u00e9? \u2014La voz de Demian tembl\u00f3, tanteaba a falto de confianza\u2014 \u00bfQu\u00e9 deparar\u00e1 de nosotros?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por la \u00fanica ventana entraban los humos de la ciudad, junto al fulgor de las llamas que los causaban, brillo que reflejaban los marcos de piedra siena pulida. El infierno que acaec\u00eda afuera consum\u00eda los cimientos de un mundo que estaba pronto a derrumbarse. Toda Eurinde se observaba como tal desde aquella ventana, y as\u00ed hab\u00eda sido dise\u00f1ada, nacida del deseo mon\u00e1rquico de contemplar sus dominios desde el seno del hogar: un palacio labrado en lo alto de la monta\u00f1a, en plena c\u00faspide de la cordillera, entre los picos m\u00e1s altos donde las manos de la tierra alcanzaban el cielo y, a sus faldas, crecer\u00eda la ciudad de Eurinde, cuna de la gente a quien debi\u00f3 gobernar con sabidur\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una causa olvidada, enterrada bajo toneladas de arena blanca de un desierto llamado tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando aquel mismo viento del abrasador desierto de Eurinde entr\u00f3 por aquella ventana, arremolinando los trapos chamuscados \u2014que alguna vez fueron lujosas cortinas\u2014 soltando la tinta de holl\u00edn y aceite, el hombre a la ventana lade\u00f3 un poco la cabeza en direcci\u00f3n a su subordinado, otorg\u00e1ndole una radiante sonrisa de dientes chuecos. Este arque\u00f3 sus cejas pobladas de canas grises, para luego fruncir el ce\u00f1o como acto reflejo de malestar. Al ladear un poco m\u00e1s la cabeza, no pudo evitar toser, salpicando la chapa de la armadura con su propia sangre y un hilillo rojo brot\u00f3 silente de la comisura izquierda de sus secos y partidos labios, hasta dar con la barba mal cuidada y de pocos d\u00edas que poblaba su quijada. Sin cuidado ni temor alguno del reproche, tom\u00f3 su inmaculada capa de azul \u2014tan intensa como el hasta hace poco cielo inmutable sobre Eurinde\u2014 y con ella, limpi\u00f3 sus labios sin decoro; dej\u00e1ndola caer despu\u00e9s como quien arroja un papel sucio al fuego.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Nada \u2014dijo el capit\u00e1n a secas, con una mueca frunciendo las comisuras de los labios y tras haber aclarado su garganta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tal vez fuera el viento a trav\u00e9s de la ventana o la tensi\u00f3n en el ambiente, o el poder de una sola palabra pronunciada por una voz igual de poderosa, pero en aquel lugar y aquel momento, hubo un silencio; uno inc\u00f3modo, como aquel que se cierne ante las palabras que portan una dolorosa verdad, una a\u00fan m\u00e1s ponzo\u00f1osa, que la mentira misma que la vio nacer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Demian ahog\u00f3 una risa entre dientes, chasqueando la lengua.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00bfQuemaremos el palacio?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014No \u2014le respondi\u00f3 el hombre a la ventana, meneando suavemente la cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Demian balbuce\u00f3 algo, pero guard\u00f3 silencio. Lleno de una mezcla rara de impotencia e ira, apretaba los pu\u00f1os hasta hacer crujir las placas del guantelete.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00bfQu\u00e9 haremos entonces? \u00bfEsperar a que nos atrapen? \u00a1Nos llevar\u00e1n a la horca!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y si Demian continuar\u00eda, no tendr\u00eda importancia. Sus palabras fueron silenciadas por la bulliciosa carcajada de su capit\u00e1n. Risa que pas\u00f3 de la mofa al dolor, finiquitada en aquella tos sangrienta que le devolv\u00eda las tonalidades amargas al arruinado sal\u00f3n real.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Demian, viejo amigo, lleg\u00f3 la hora de pagar por nuestros cr\u00edmenes \u2014le dijo el capit\u00e1n luego de acallar su sanguinolenta tos\u2014. Podr\u00edamos quemar el palacio, podr\u00edas t\u00fa reducir el reino entero a cenizas y, aun as\u00ed, todos ser\u00e1n conscientes de que hicimos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1Pero acabamos con la tiran\u00eda! \u00a1Nosotros, no ellos!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El capit\u00e1n asinti\u00f3 y se encogi\u00f3 de hombros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Y tienes toda la raz\u00f3n, pero eso no borra el historial de nuestras acciones. Nos cambiamos al bando correcto, muchacho, pero demasiado tarde.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El m\u00e1s joven de ellos sacudi\u00f3 con fuerza la cabeza de un lado al otro, incr\u00e9dulo de las palabras que cre\u00eda que acababa de escuchar. Quiso decir algo, gritar, levant\u00f3 una de sus manos y apunt\u00f3 con el \u00edndice a su capit\u00e1n y hubiera espetado el discurso m\u00e1s apasionado de su vida, si no fuera porque las palabras se las rob\u00f3 un peque\u00f1o detalle: aquel peso extra que cargaba en una de sus manos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por reflejo, Demian solt\u00f3 lo que empu\u00f1aba su mano derecha.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El eco met\u00e1lico rebotando en la losa reson\u00f3 en las paredes, agitando d\u00e9bilmente los tapices que en estos colgaban, lienzos bordados en hilos de colores que ni sus nombres Demian conoc\u00eda; lienzos que narraban m\u00e1s de quinientos a\u00f1os de historia\u2026 historia que acaba con la espada que ahora vibraba sobre la losa. Una hoja te\u00f1ida de rojo bermell\u00f3n, salpicando la cer\u00e1mica pulida con cada vibraci\u00f3n, picando y arruinando para siempre aquella ilustraci\u00f3n formadas por las baldosas del sal\u00f3n: <em>La cena de Aeyn y sus ochos hijastros<\/em>, pintada por los mejores artistas de este y otros reinos; labrada e instalada por un pueblo esclavizado, empobrecido y hambriento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De soslayo, Demian pos\u00f3 la mirada sobre aquel bulto que yac\u00eda a su espalda: el cuerpo fr\u00edo del hombre al cual hab\u00eda jurado proteger. Apret\u00f3 los pu\u00f1os otra vez, lacerando sus dedos con los bordes de las placas, dedos manchados con la sangre de su rey. La corona misma yac\u00eda all\u00ed, enfrente suyo, medio hundida en un charco rojo, vertiente de la vida de toda una familia que tuvo que morir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dio un paso atr\u00e1s. Su armadura cobriza rechin\u00f3. Las placas de acero chocaron entre s\u00ed, liberando un agudo chirrido. Pero eran en realidad los engranajes del tiempo girando, con la fuerza que brindaban las s\u00faplicas por clemencia de los hombres a quienes \u00e9l les hab\u00eda arrebatado lo \u00fanico que verdaderamente les pertenec\u00eda. El clamor de la coraza que lo proteg\u00eda, forjada con las vidas de un pueblo al que le hab\u00eda dado la espalda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014A-Alguien deb\u00eda de hacerlo, Douglas, lo sabes bien \u2014espet\u00f3 el m\u00e1s joven, con la respiraci\u00f3n agitada, buscando justificar la respuesta a una pregunta que nadie hab\u00eda formulado. Sus brazos pululaban de un lado al otro, intentando sostener algo que no exist\u00eda, una causa indefendible\u2014, hubiera pasado de todos modos, la turba los habr\u00eda matado a todos, \u00a1A todos! Incluy\u00e9ndonos\u2026 Descubrir\u00e1n todo, lo har\u00e1n, lo que hicimos, lo que no y lo que debimos de hacer. No podremos con tantos, Douglas, ni la armadura y la espada bastar\u00e1n para todos\u2026 simplemente\u2026 simplemente\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Demian se detuvo. Hab\u00eda hablado discurso y medio con los ojos perdidos, pero al levantar un poco la mirada intentando provocar algo en su interlocutor, cruz\u00f3 miradas con este. El capit\u00e1n meneaba la cabeza. Aquella se\u00f1al de desaprobaci\u00f3n fue a\u00fan m\u00e1s desconcertante que el funesto futuro que les deparaba a ambos. En la visi\u00f3n de Demian se ve\u00eda un hombre deprimido, ya entregado a las puertas de la muerte y, aun as\u00ed, firme en vida. Por poca vida que le quedase en el cuerpo, sir Douglas nunca perdi\u00f3 la grandeza y, para Demian, eso era m\u00e1s doloroso que cualquier pu\u00f1al, tridente o azada que pudiera perforar su carne.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sir Douglas escrut\u00f3 al joven caballero de pies a cabeza y luego suspir\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Esc\u00fachame, muchacho, podr\u00edan derrumbar el reino entero y ni con todos esos escombros, jam\u00e1s borrar\u00edamos los hechos. Hay cosas que no s\u00f3lo se respaldan en el papel, madera o acero. No puedes eliminar de la memoria de la gente el odio, la furia, ni el deseo de justicia. No hay posibilidades para el perd\u00f3n, no cuando tampoco las hay para el olvido. Tardamos demasiado en darnos cuenta, defendimos a las personas equivocadas \u2014Douglas pasaba la mirada por lugares al azar de la instancia, un recorrido que solo manten\u00eda ocupado sus ojos mientras el coraz\u00f3n hac\u00eda el resto del trabajo\u2014 y eso no ser\u00e1 olvidado jam\u00e1s; ni con el filo de la espada, ni con el pu\u00f1o de hierro. Solo lograr\u00e1s que la herida sangre, que crezca una costra y de ella una cicatriz horrenda, incapaz de sanar. Ser\u00e1 una marca para el recuerdo que durar\u00e1 para toda la posteridad. \u2014El viejo hizo una pausa para tomar aliento y dejar escapar un borbot\u00f3n m\u00e1s de vida\u2014 Manchar la historia se paga caro, Demian, no con oro ni plata, si no con vida, y es deber de aquellos que ensucian el manto de las eras limpiarlo con sus propias manos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Palabras que pesaron como rocas, derrumbando todo lo que Demian se esforzaba en creer, aquel castillo imaginario de argumentos de cristal cay\u00f3 hecho trizas, justo como \u00e9l dejaba caer sus brazos al costado, como peso muerto. Sus intentos por cambiar su futuro se hac\u00edan m\u00e1s vanos con cada segundo. Un reloj de arena hecho de culpa con un agujero en el fondo, y dicha arena en el interior \u2014el paso del tiempo\u2014, se fund\u00eda con el resto del desierto. F\u00fatil y desesperado intento de enmendar las cosas, eludir la pesadilla que caer\u00eda sobre los suyos. Demian no pod\u00eda detener el avance del destino.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Fue perdiendo el tono de piel, el tostado fue torn\u00e1ndose con cada latido m\u00e1s p\u00e1lido, cubierto en sudor frio y la sensaci\u00f3n de constantes calambres a trav\u00e9s del cuerpo, como huesos que se astillan, como nervios que se estiraban hasta no dar m\u00e1s de s\u00ed. Baj\u00f3 inmediatamente la cabeza, pulsando titilante, clavando los ojos en el cuantioso piso lustrado cuyo valor era el doble, quiz\u00e1s el triple de lo que \u00e9l y toda su descendencia ganar\u00edan en una vida entera. Vio en este su reflejo, vio un caballero de armadura galante, bronceada por el fuego, magullada por la lucha; cabello sucio, ojos de un apagado avellano. \u00bfCu\u00e1ndo fue convertido en aquello? No era el reflejo de un hombre de palabra, si no, el de un traidor, un perdedor y malnacido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Fue in\u00fatil\u2026 \u2014musit\u00f3 al fin.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Recorri\u00f3 el sal\u00f3n real de Eurinde con la mirada, un lugar repleto, pero de muerte. Los cad\u00e1veres del consejo asesor yac\u00edan en el suelo, junto a la familia real y su guardia personal. El trono ba\u00f1ado de rojo, los estandartes centenarios de la dinast\u00eda que Demian hab\u00eda puesto fin aquella ma\u00f1ana dejaban caer las \u00faltimas colillas de ascuas de lo que alguna vez fueron.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014No, no lo fue\u2014intervino al fin Douglas, meneando la cabeza con los ojos perdidos en uno de todos los charcos de sangre en el piso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sintiendo el peso de una mano por sobre el hombro, Demian levant\u00f3 la mirada. Sus ojos irritados se escond\u00edan detr\u00e1s del cabello graso, pero pod\u00eda ver sin dificultad el singular perfil de su capit\u00e1n. Un hombre de inquebrantable honor, o as\u00ed lo fue hasta aquella ma\u00f1ana. \u00bfC\u00f3mo pod\u00eda sonre\u00edr ante tal falta de moral? \u00bfQu\u00e9 valor pod\u00eda albergar la palabra de un hombre rompe juramentos?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Demian apret\u00f3 los dientes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Eso era lo peor. Detr\u00e1s de aquella horrible sonrisa, hab\u00eda sinceridad, ninguna pizca de motivos ocultos m\u00e1s all\u00e1 de una fiera convicci\u00f3n de haber hecho lo correcto. No pod\u00eda ser la expresi\u00f3n de un hombre pronto a morir, a quien la vida se le escapaba del cuerpo, \u00bfPor qu\u00e9? \u00bfC\u00f3mo lo consegu\u00eda?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Anda, Demian, date la vuelta y dime, \u00bfqu\u00e9 ves?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En un principio, Demian no supo c\u00f3mo interpretar aquella pregunta, y se qued\u00f3 inm\u00f3vil, como un cad\u00e1ver. Su capit\u00e1n tuvo que forzarlo a dar la vuelta \u2014como quien empuja a un novillo testarudo a cruzar el arroyo\u2014 y mirarse en el reflejo del trono dorado que esperaba fr\u00edo a sus espaldas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00bfQu\u00e9 se supone que debo ver? \u00bfUn asesino, un traidor? \u00bfUn poco hombre cuya palabra carece de todo valor?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Soltando el aire que aguantaba en los pulmones, el capit\u00e1n Douglas rio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014No, Demian, est\u00e1s mirando mal. Puede que t\u00fa veas eso, nublado por tu temor, pero, \u00bfsabes qu\u00e9 veo yo? Un hombre libre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aquella frase le rob\u00f3 el ruido a la habitaci\u00f3n. Demian no comprendi\u00f3 al instante aquellas palabras, m\u00e1s con el paso de los segundos, lo proces\u00f3. Logr\u00f3 descifrar la verdad escondida detr\u00e1s de aquella frase y su coraz\u00f3n se detuvo, terminando al fin de partirse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El m\u00e1s joven dio un paso atr\u00e1s, al mismo tiempo que sacud\u00eda la cabeza de un lado al otro con furia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014No\u2026 \u2014musit\u00f3, pero a trav\u00e9s del reflejo, pudo ver en los ojos de su capit\u00e1n la determinaci\u00f3n y una aterradora calma\u2014 no puede hacerlo, \u00a1Lo torturar\u00e1n! \u00a1No le dar\u00e1n una muerte r\u00e1pida!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El viejo Douglas, ya cansado, dej\u00f3 escapar aire por su nariz, ahogando otra risa, o tal vez una tos, pero la sangre se filtr\u00f3 indiferente entre sus labios sellados; sangre que limpi\u00f3 con la mano. Antes de responder, el capit\u00e1n perdi\u00f3 la mirada en las manchas en su palma, rojas, intensas y llenas de pasi\u00f3n, \u00bfCu\u00e1ndo fue que perdi\u00f3 el rumbo? Se pregunt\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Siempre lo supiste, eh, \u00bfDouglas? Es hora ya de enfrentar nuestro destino<\/em>, pens\u00f3, sintiendo como el calor abandonaba lentamente su cuerpo, al mismo tiempo que un misterioso alivio le inundaba el alma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Alguien debe hacerles frente y, si no te vas ahora, t\u00fa tambi\u00e9n tendr\u00e1s que rendir cuentas, viejo amigo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1No! \u2026 No puedo\u2026 \u2014neg\u00f3 Demian, dando otro paso atr\u00e1s\u2014\u2026si tan solo pudi\u00e9ramos\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Dime tu nombre juramentado \u2014demand\u00f3 el viejo Douglas con cierta inflexi\u00f3n imperativa en la voz, interrumpi\u00e9ndolo. El capit\u00e1n de las Capas de Acero de Eurinde frunci\u00f3 el ce\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Demian perdi\u00f3 el habla, no ten\u00eda el suficiente aire ni la fuerza para responder.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1Tu nombre, he dicho, es una orden!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Demian se estremeci\u00f3. Paralizado y por instinto, sus labios tr\u00e9mulos articularon una respuesta a la pregunta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014D-Demian De Wallibadey \u2014exclam\u00f3 inseguro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su capit\u00e1n asinti\u00f3 lentamente, como si marcara el comp\u00e1s de un ritmo que nadie m\u00e1s que \u00e9l pod\u00eda escuchar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014No, viejo amigo, desde hoy, t\u00fa no eres nadie, y no fue <em>nadie<\/em> quien asesin\u00f3 al rey de Eurinde; fueron las Capas Rojas, por orden de su capit\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como caballero, Demian entend\u00eda aquella orden, m\u00e1s como amigo, la rechaz\u00f3. Sacudi\u00f3 la cabeza vehemente, no dispuesto a aceptarla, menos camuflada de consuelo. Pero ya no era cosa suya aquella decisi\u00f3n, menos del viejo Douglas; ellos hab\u00edan elegido bandos al momento de enlistarse, eso ya no pod\u00eda remediarse. Ambos eran adultos, soldados, hombres con la vida ya formada; pero entre ellos hab\u00eda una sencilla diferencia. No yac\u00eda en el rango militar, ni tampoco en el temple, si no la edad. A uno de ellos le quedaba toda una vida por delante, al otro no.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Tienes familia, \u00bfverdad? \u2014pregunt\u00f3 de pronto el capit\u00e1n y \u00e9l mismo se sorprendi\u00f3 con lo pronta de la respuesta de su amigo, asintiendo presto en silencio \u2014. Bien, a\u00fan eres joven, te queda camino por recorrer, una vida entera que rehacer. \u2014El viejo suspir\u00f3, una mezcla de angustia y nostalgia\u2014. Vete, Demian, vete y ll\u00e9vate a tu familia y a todos los miembros de la orden con los que te cruces en el camino. Ll\u00e9vatelos y cruza el mar para no volver jam\u00e1s. Afuera, all\u00e1 en los jardines a\u00fan esperan nuestros centinelas. Si te apuras, podr\u00e1s llevarte tanto el tuyo, como el m\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Pero no puedo llev\u00e1rmelo, ser\u00eda como\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Nada de peros, Caballero. Vete, vete lo antes que puedas. Olv\u00eddate de las tierras de Eurinde como lo que dejar\u00e1s en los recuerdos de los dem\u00e1s. Huye al otro lado del mundo y vive pac\u00edficamente con los tuyos. Vive con la culpa, con el peso de tus acciones. No podr\u00e1s volver jam\u00e1s, ni tus hijos, ni los hijos de tus hijos y, posiblemente, los de ellos tampoco. Aun as\u00ed, no olvides, no lo hagas jam\u00e1s ni permitas que tu dolor pese por sobre tu culpa. Sin embargo, construye una generaci\u00f3n diferente, cr\u00edalos ense\u00f1\u00e1ndoles a amar la justicia, que aprendan del bien obrar. Vete y forja un pueblo que solucione los problemas con las palabras, no con la muerte y, a lo mejor, ellos s\u00ed puedan volver.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El rostro del viejo Douglas era como las rocas que formaban el palacio, sin facetas m\u00e1s que el honor y el orgullo. No as\u00ed el de Demian. Las l\u00e1grimas brotaron de los p\u00e1rpados irritados, ya fueran por humo, sudor o el dolor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A\u00fan dubitativo y rechinando los dientes, Demian acat\u00f3 la orden. Dio media vuelta sin mirar atr\u00e1s y se march\u00f3. Primero a paso lento y torpe, luego, como galope de corcel a campo abierto. Douglas lo vio salir por el arco de la puerta principal y dej\u00f3 que el sonido de sus botas golpeando las baldosas se perdiera, antes de que \u00e9l comenzara los preparativos finales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dicho d\u00eda, Eurinde como tal acab\u00f3, luego de cinco siglos de d\u00e9spota dinast\u00eda. El pueblo en las calles saqueaba las arcas del reino. Las barracas fueron devastadas por la misma gente que hab\u00edan reprimido. Eran una turba, la furia en carne viva, un ente de justicia que hac\u00eda valer su nombre por mano propia. No habr\u00eda grano de arena, ni part\u00edcula de polvo en el desierto que, al final del d\u00eda, no supiera que hoy ser\u00eda hecha la justicia. En las calles, las suelas en la arena marcaban huellas, una marcha reivindicadora que tra\u00eda consigo el inicio de una nueva era.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los lujosos palacios de aquellos que hicieron vista gorda, ahora se encontraban vac\u00edos o \u2014en el peor de los casos\u2014 por los suelos. Los nombres de aquellos que abusaron del com\u00fan, ahora solo figuraban en las p\u00e1ginas de libros que ard\u00edan, y las armas cayeron al suelo en lugar de usarse contra el pueblo. Ya nadie detendr\u00eda el cambio, la revelaci\u00f3n de un mundo nuevo que se construir\u00eda sobre los cimientos del fuego y la ceniza. Pronto, el mismo palacio ser\u00eda asaltado por la gente, buscando a los herederos que representaban todo lo que deb\u00eda ser olvidado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sir Douglas Ballionor esper\u00f3 a estar seguro de encontrarse solo, de no escuchar ecos de botas ni placas de armadura tintinear provenir del pasillo que conectaba el gran sal\u00f3n con el resto del majestuoso palacio interior. Con pasos lentos, dejando un rastro de pintas rojas por el camino, fue de regreso a la ventana. Descans\u00f3 la espada contra la pared siena, manch\u00e1ndola con la vida que se le escapaba de la herida, pero s\u00ed que val\u00eda la pena la vista. En el florido patio del palacio interior, le esperaba su centinela crom\u00e1tico, una armadura colosal de cincuenta pies de altura, recubierto de cobalto, detalles y surcos de esmeralda y dise\u00f1os que narraban los hechos del d\u00eda que lo vio nacer; un tiempo a\u00fan m\u00e1s antiguo que el mismo Eurinde, tan lejanos como los primeros granos de arena del desierto que abrasaba la ciudad, y abuelo de los primeros vientos que besaron las astas del molino que descansaba en lo alto del mausoleo de los reyes. Un recuerdo de otro mundo que ni las leyendas recuerdan, ni los minutos divagan; eras donde el mundo era distinto, quiz\u00e1s m\u00e1s justo, quiz\u00e1s menos, pero diferente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sir Douglas salud\u00f3 a su compa\u00f1ero de tantas jornadas llev\u00e1ndose con esfuerzo la mano derecha al pecho, pero el coloso no respondi\u00f3, ni lo har\u00eda, ya que no cobrar\u00eda vida a menos que \u00e9l montara su coraz\u00f3n y tirara de las riendas que controlaban sus brazos y piernas. El coloso mantendr\u00eda su guardia hasta que \u00e9l volviera, cosa que jam\u00e1s suceder\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con un adem\u00e1n se despidi\u00f3 de su fiel compa\u00f1ero y abandon\u00f3 por fin la ventana, justo al momento de verlos entrar por el patio. Sorprendido los observ\u00f3 marchas en calma, tomados de las manos. Hombres y mujeres, maestros y estudiantes, todos juntos, tranquilos, con un paso firme y una sonrisa resplandeciente en el rostro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No pudo evitar sonre\u00edr una \u00faltima vez.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con las pocas fuerzas que le restaban, sir Douglas Ballionor encamin\u00f3 con pasos torpes hasta el abandonado y fr\u00edo trono de Eurinde. Se tom\u00f3 el tiempo necesario para recoger el arma regicida y se ech\u00f3 sobre el trono y esper\u00f3, aguantando la respiraci\u00f3n, apretando la mano a su costado, tensando el abdomen, estrujando la herida, cerrando el corte; evitando \u2014in\u00fatilmente\u2014 que la sangre fluyese, retrasando as\u00ed su muerte; con los ojos clavados en las puertas abiertas de par en par, hasta que la primera fila de gente entr\u00f3 en al gran sal\u00f3n real.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014Bienvenido a Nueva Eurinde, Douglas\u2026 \u2014musit\u00f3 para s\u00ed mismo y sus ojos perdieron el color.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-wide\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Juan Manuel<\/strong> <strong>Fern\u00e1ndez Guti\u00e9rrez<\/strong> (Temuco, 1993). Escritor chileno dedicado al g\u00e9nero fant\u00e1stico y la ciencia ficci\u00f3n. Estudi\u00f3 Pedagog\u00eda en Castellano y Comunicaci\u00f3n. Autor de diversos relatos publicados en varios pa\u00edses hispanohablantes como Per\u00fa, Espa\u00f1a y Chile. Interesado desde peque\u00f1o en la narrativa, pasando por el comic, el guion de videojuegos y otros medios como el teatro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Juan Manuel Fern\u00e1ndez Guti\u00e9rrez Afuera, las columnas de humo alcanzaban el cielo, uni\u00e9ndose al&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":68373,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[59],"tags":[],"class_list":["post-68721","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-revista-antillana"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/68721","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=68721"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/68721\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":68730,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/68721\/revisions\/68730"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media\/68373"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=68721"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=68721"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=68721"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}