{"id":68371,"date":"2024-08-31T00:06:31","date_gmt":"2024-08-31T04:06:31","guid":{"rendered":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/?p=68371"},"modified":"2024-08-31T00:06:33","modified_gmt":"2024-08-31T04:06:33","slug":"santero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/2024\/08\/31\/santero\/","title":{"rendered":"Santero"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por Dennis Mourdoch Mor\u00e1n<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Helia parece levitar en el aire, como si estuviera a punto de atravesar el techo. Manotea buscando un agarre antes de que la pose\u00edda, que tiene un muerto montado capaz de matarla, la lance al suelo, le pise la cabeza, la muerda y la estrangule. Helia se agarra del esqueleto de una l\u00e1mpara de techo. El esqueleto casi se desprende debido a los bruscos tirones que la pose\u00edda le da, sin dejar de morder y tratando de arrancar la carne. Embarrada de sangre y con jeans, las moscas rodean su boca tratando de alimentarse. Helia golpea los perif\u00e9ricos cibercerebrales de la pose\u00edda hasta liberarse, derribarla, agarrarla por el brazo e inmovilizarla, cort\u00e1ndose los brazos con los a\u00f1icos del bombillo y el cristal de la l\u00e1mpara. Le rompe todos los huesos que puede, con todo lo que puede. Estrella la cabeza contra el suelo, rompiendo el fr\u00e1gil equilibrio entre cibercerebro y cerebro. Helia necesita hacer m\u00e1s ejercicios si quiere seguir siendo despojadora y exorcista, algo as\u00ed como John Constantine.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Se demoraron \u2014dice en un suspiro de alivio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tres oficiales llegan, dos de ellos con trajes de reglamento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Qu\u00edtate \u2014dice el que no lleva uniforme: Vald\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los dardos el\u00e9ctricos al cuerpo de la pose\u00edda la dejan inconsciente, apagando el cibercerebro. Afuera, una multitud espera verla en una camisa de fuerza, retorci\u00e9ndose y hablando en susurros sat\u00e1nicos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Helia, \u00bfdescargaste todo de la c\u00e1mara? \u2014le pregunta el detective Vald\u00e9s, se\u00f1alando un peque\u00f1o rombo azul en la frente de la exorcista.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014S\u00ed, aqu\u00ed est\u00e1 todo \u2014le dice mientras le entrega una peque\u00f1a memoria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Incluso tus sentimientos \u2014a\u00f1ade Vald\u00e9s. El rombo no es solo una c\u00e1mara; es un sistema de interpretaci\u00f3n de constantes corporales en sentimientos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014S\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014No te molestes. Sabes que esto es importante. Estoy contigo en esto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014S\u00ed, no fastidies \u2014responde Helia, aceptando la chaqueta antes de montarse en el taxi.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Vald\u00e9s observa c\u00f3mo el taxi se abre camino entre la multitud decepcionada que ve salir a la pose\u00edda como una mujer com\u00fan, exorcizada con chips de recesi\u00f3n y virus dirigidos. Con un bostezo, da por terminadas sus horas de trabajo. Helia, en cambio, toma dos pastillas de nootr\u00f3picos para aliviar los recuerdos entremezclados. Juega con las bolitas de su collar de Oya; fue lo primero que rompi\u00f3 la pose\u00edda de Helia. Le temen a Oya, se\u00f1ora de la puerta del cementerio; odian su grito, su saya de siete colores y sus ojos desorbitados cuando baila como centella y tempestad. Las bolas azules chocan con las transparentes y se arremolinan entre sus manos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Arribamos a su destino \u2014le comunica el taxi.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El contenedor arrendado como apartamento 16C en la zona diez de La Bonita Vieja se vuelve tolerable gracias al aislamiento de polietileno y a la peque\u00f1a consola de aire acondicionado que Helia compr\u00f3 hace unos meses. Tambi\u00e9n es m\u00e1s amplio que una casa pl\u00e1stica de la parte moderna de La Bonita y mucho m\u00e1s seguro. No pueden derretir las paredes, violarla o desaparecerla sin que a nadie le importe. Tampoco pueden abrir peque\u00f1os agujeros para mirarla desnuda, envuelta en el vapor de los cubos de agua caliente que vierte en la tina cer\u00e1mica. Escucha su tenue voz a trav\u00e9s del agujero abierto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Mensajes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Helia, vas a venir a mi cumplea\u00f1os de santo. S\u00e9 que no nos perdonas, pero eso fue hace tres a\u00f1os. Solo ven, eh. Solo me quedas t\u00fa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014No voy a ir. Quiero estar lejos de todo eso \u2014responde, acariciada por el agua caliente, arrullada por el cansancio, con la cabeza recostada en el borde de la tina\u2014. Lia, deja todo eso\u2026 Fin del mensaje.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las escenas de despojo de esa noche la atormentan y se mezclan con las suyas de hace tres a\u00f1os. Fue en casa de Xavier, un fan\u00e1tico hijo de puta, que preso de un fervor religioso que rozaba la locura, la encerr\u00f3 en un cuarto lleno de altares y santos de yeso. Helia estuvo pose\u00edda por una conciencia inmortalizada en una pa-room, que utiliz\u00f3 las frecuencias de actualizaci\u00f3n del cibercerebro y la banda de transmisi\u00f3n de la pa-room para met\u00e9rsele en el cuerpo, moverlo a su antojo, dejar que una demencia descontrolada la lanzara contra las paredes, la arqueara y que de la boca salieran palabras incomprensibles. Debido a la inexistencia de softwares inteligentes de control corporal que permitieran al invasor manipular a la perfecci\u00f3n el cuerpo de Helia, se convirti\u00f3 en un par\u00e1sito que la devorar\u00eda con grandes mordidas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ese d\u00eda, Helia naci\u00f3 de nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sale molesta de la tina y enciende el est\u00e9reo. Toques de santo para recordar cuando los muertos solo se velaban en f\u00e9retros y murmullos, cuando el p\u00e9same significaba algo. Sonido de tumbadora y caj\u00f3n, bat\u00e1. Una voz despierta sensaciones poderosas que arrastran un deseo irresistible de bailar. Cerrar los ojos, re\u00edr, bailar, desatar lo atado. Olvidar que nadie la ayud\u00f3 aquella vez, que el cuarto solo ten\u00eda una rendija por donde se filtraba la luz, y los santos le hablaban al o\u00eddo y ella les respond\u00eda, con los ojos de la vieja azul fijos en los suyos. No te preocupes, te voy a cuidar, no te va a pasar nada, le dec\u00eda la vieja azul. Y despu\u00e9s de darle vueltas al asunto, est\u00e1 segura de que el encierro distorsion\u00f3 el sentido del tiempo y del espacio, trastornando los programas de simulaci\u00f3n de pensamiento del muerto y permiti\u00e9ndole llevar a la normalidad la relaci\u00f3n master-esclavo entre el cibercerebro y el cerebro. Al cuarto d\u00eda, cuando sali\u00f3 del encierro, tom\u00f3 sus cosas, bes\u00f3 en la frente a su hermana que dorm\u00eda abrazada al cuerpo desnudo y sudado de Xavier\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un sonido distante la aleja lentamente de los recuerdos y la arrastra para sacarla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aqu\u00ed est\u00e1 el texto corregido:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&#8212;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Deja timbrar el Celia (celular con inteligencia artificial). Lo escucha acurrucada junto a la m\u00fasica. Helia est\u00e1 erizada bajo la toalla y las extensiones de cabello negro. La inteligencia artificial del Celia toma la llamada y la reproduce por los altavoces, apagando el eco del tambor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Ven a esta direcci\u00f3n: Calle Setenta entre Fulgor y Vanguardia #145B. Es urgente \u2014dice Vald\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Helia se aparta del rinc\u00f3n bajo los bafles, se pone el bl\u00famer y observa las mordidas de la pose\u00edda. Examina sus senos y los ara\u00f1azos en ellos. El tatuaje interactivo de la grulla malva se refleja en el espejo. Helia busca algo que combine con el malva de la grulla y que sea resistente, para evitar mordidas, ara\u00f1azos y cortadas en los brazos con cuchillos o pedazos de vidrio que un pose\u00eddo podr\u00eda usar como arma. Toma la mochila con todo el material: <em>hardware<\/em> dise\u00f1ado por ella y construido en los talleres de los T\u00e9cnicos, al oeste de la zona moderna de La Bonita, por la ruta 332, donde se construyeron las primeras casas pl\u00e1sticas. Helia revisa una vez m\u00e1s los equipos y pide un taxi, que se detiene a la entrada del solar. Vald\u00e9s la pasa a trav\u00e9s del campo de fuerza y la lleva hasta el final del patio, a un peque\u00f1o cuarto de pl\u00e1stico pintado de color mel\u00f3n y rodeado por otro campo de fuerza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfPor qu\u00e9 el campo?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Vald\u00e9s no le responde. La pasa a trav\u00e9s de la barrera azul y la risa casi la aturde. Es una risa humana, generada por un muerto, que baila en la frecuencia sensitiva. Helia duda; nunca se hab\u00eda enfrentado a algo as\u00ed. \u2014Esta es tu prueba de fuego \u2014le dice Vald\u00e9s\u2014. Es importante que la salves.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Helia entra con miedo. La luz de la ventana es un cerco cuadrado sobre una mujer sentada en el suelo, con un machete queriendo atravesarla. La mujer lucha por sacarlo. Lucha por enterrarlo. Los ojos lloran. La boca r\u00ede. Los ojos suplican y siguen a Helia con la mirada. La boca, entre la risa, trata de gritar \u00a1ay\u00fadame!, pero solo r\u00ede, y la mano armada del machete tiembla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Helia se detiene y analiza: La risa y los ojos de s\u00faplica muestran que no hay relaci\u00f3n m\u00e1ster-esclavo entre el cibercerebro y el cerebro. La posici\u00f3n de la mujer, sentada en el piso, apoyada en la pared y de frente a Helia, elimina cualquier oportunidad de ataque sorpresa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Helia se muerde el labio inferior para relajarse; si no lo hace, explota, se vuelve loca y echa a correr alej\u00e1ndose de all\u00ed a toda velocidad. Por eso se relaja un segundo. Su mirada se desv\u00eda hacia dos perros que fornicaron en el centro del patio del solar y se arrastran el uno al otro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Echarle agua \u2014dice Helia, y Vald\u00e9s no entiende\u2014. Tr\u00e1eme una jarra con agua fr\u00eda, bien fr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfT\u00fa est\u00e1s loca? \u00bfAgua?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014S\u00ed, agua. Quiero romper el equilibrio. Ambos, la mujer y el muerto, tienen el control del cuerpo. Pero si los obligo a lidiar con una nueva situaci\u00f3n que sea brusca y chocante, el muerto no tendr\u00e1 la suficiente capacidad para aclimatarse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Ok.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La mujer grita con voz desintonizada despu\u00e9s de que un cubo de agua con hielo la empapa de pie a cabeza. Helia corre hacia ella y le coloca el chip con los circuitos de recesi\u00f3n a relieve, para evitar que el muerto vuelva sobre sus pasos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Est\u00e1 loca&#8230; me dec\u00eda que eso era por quitarle el marido \u2014grita la mujer. Vald\u00e9s le toma la declaraci\u00f3n con una peque\u00f1a grabadora oficial.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Luego acompa\u00f1a a Helia hasta la puerta del solar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Lo hicieron a prop\u00f3sito. La muerta era la difunta mujer del hombre que vive con ella en la actualidad. Es probable que alguien, sabiendo esto, haya facilitado la Pa-room con la identidad de la difunta para que se le montase durante el toque.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Tienes algo bueno entre manos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Antes de que se acabe el d\u00eda, tengo al culpable \u2014la besa en la cara como despedida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00a1Helia! \u00a1Helia, espera! \u2014le grita su hermana, que casi se cae y ensucia sus ropas blancas del yaboraje\u2014. Vamos \u2014dice, mont\u00e1ndose en el taxi.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La abraza con fuerza, le sonr\u00ede. Fue con ella hacia el contenedor en la parte vieja de La Bonita. Se sentaron juntas, muy cerca. Tomaron cervezas y picaron algo que compraron por el camino. Fueron felices por un par de horas, hasta que Helia le advirti\u00f3 que se alejara de la santer\u00eda y de Xavier.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Si piensas as\u00ed de \u00e9l, no vayas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Helia mira durante unos minutos la puerta, como si a\u00fan su hermana estuviese grit\u00e1ndole cosas bajo el umbral. Como si hubiera algo all\u00ed. Lo hab\u00eda. Una imagen difusa que podr\u00eda ser muchas cosas, pero que es la vieja azul, la protectora. Susurr\u00e1ndole al o\u00eddo que algo malo va a pasar. A la vieja azul le gusta sentarse en el sill\u00f3n y balancearse muy cerca de la consola de aire acondicionado; no soporta al Eleg\u00faa porque es un santo maldito y glot\u00f3n, que se sienta en la cama de Helia mientras ella anda desnuda buscando qu\u00e9 ponerse. Algo malo va a pasar, dice la vieja azul, se abanica y el humo del tabaco que fuma se arremolina en niebla invisible. Algo malo va a pasar, mi ni\u00f1a. Cu\u00eddala. Cu\u00eddala&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Oigo \u2014dice Helia. Solo hab\u00eda pasado un d\u00eda desde la visita de su hermana, un d\u00eda desde la premonici\u00f3n de la vieja azul, desde la invitaci\u00f3n a la fiesta de santo. Un d\u00eda tranquilo, de holgazanear por el barrio y por la casa. De mucha televisi\u00f3n. Un d\u00eda que se terminaba con lentitud.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Disculpa&#8230; Helia, marqu\u00e9 el n\u00famero que no era.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfTe pasa algo? \u2014pregunta Helia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00a1Te lo dije, te lo dije! \u2014grita la vieja azul, alzando las manos, golpe\u00e1ndose el pecho, soltando humo por la boca que se ha tornado roja, al igual que los ojos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00a1\u00bfQu\u00e9 te pasa?! \u2014grita Helia, aunque sabe la respuesta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La comunicaci\u00f3n se corta. Helia aprieta el auricular hasta que las venas de sus mu\u00f1ecas se dibujan. Quiere que se deshaga en pedazos. Pero no es as\u00ed. El auricular aguanta como si nada. Ella lo estrella una y otra vez contra todo \u2014\u00a1no, no, no, no!\u2014 grita y se pone un vestido encima de la ropa de dormir. La vieja azul cierra los ojos y comienza a llorar. Helia no la mira cuando cierra la puerta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llama a Vald\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Ve para esta direcci\u00f3n: Calle 650 entre 56 y 78 #123C. \u00a1Ap\u00farate!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00a1Qu\u00e9 pas\u00f3! Oye, \u00bfqu\u00e9 pas\u00f3? \u2014Helia no lo puede escuchar. Hab\u00eda usado la mano del Celia para hacerle se\u00f1as a un taxi. Promete doscientos si la lleva lo m\u00e1s r\u00e1pido posible.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Baja en el lugar justo para ver c\u00f3mo su hermana intenta saltar por la ventana del \u00faltimo piso y se detiene delante del cristal, tatuada en rojo. Helia echa a correr apartando a la gente que hab\u00eda salido al o\u00edr los gritos de muerte, las s\u00faplicas y los gritos aterrados de los que pudieron escapar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Helia sube por las escaleras hasta llegar a la puerta con cerradura electr\u00f3nica. Intentan echarla abajo. Tienen machetes y una pistola. Mataron a alguien all\u00e1 dentro, dec\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00a1Abre, co\u00f1o! \u2014grita Helia y vuelca el contenido de su mochila sobre el piso, buscando sin encontrar. \u2014Mira que te lo dije. Deja todo eso&#8230; \u2014trata de coger el Celia que evita su mano\u2014. \u00a1Pero ni t\u00fa ni nadie escarmienta por cabeza ajena! \u2014decodifica la cerradura con la ayuda de la IA del Celia y la puerta se abre en silencio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su hermana, la pose\u00edda, se encuentra en el medio de la habitaci\u00f3n tatuada en rojo por la sangre de Xavier, rodeada de los invitados que no pudieron escapar, que la miran asustados, que no se mueven, que le piden a la virgencita.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La pose\u00edda echa a correr con el machete en ristre. Helia, con un r\u00e1pido movimiento, hace fallar a la pistola que intenta disparar y la detiene antes de que el machete corte, gira sobre su tal\u00f3n derecho y, tom\u00e1ndola por la cintura, la lanza y le aplica una inmovilizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La pose\u00edda trata de liberarse y parte sus brazos en el proceso. Helia no suelta y tambi\u00e9n inmoviliza los pies, aplicando presi\u00f3n y peg\u00e1ndolos lo m\u00e1s posible al cuerpo. Busca en el suelo, entre el reguero, el chip con los circuitos de recesi\u00f3n a relieve y se lo coloca a su hermana en el puerto de conexi\u00f3n de la nuca. Les grita a los machetes y a la pistola que no se acerquen. El muerto es confinado al cibercerebro y su hermana vuelve a tomar el control del cuerpo, junto al dolor de los brazos partidos. No puede levantarse. Me duele, dice. \u00a1No se acerquen!, vuelve a gritar Helia. \u00a1No se acerquen!, le grita a la pistola y los machetes descalzos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Helia no soporta ver sufrir a su hermana. Le deja caer en los labios un peque\u00f1o c\u00f3ctel de nootr\u00f3picos, para mantenerla alejada de todo. Helia se pone en pie y se dirige al altar yoruba, lo mira con una mezcla de recelo y a\u00f1oranza. Toma la prenda del muerto y dentro de ella, encuentra una peque\u00f1a Pa-room de apenas unos cent\u00edmetros de envergadura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Estafadores \u2014rezonga sosteniendo la Pa-room entre su dedo \u00edndice y pulgar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pasa por el lado de Lia y se cerciora de que est\u00e1 disfrutando del momento de enajenaci\u00f3n; le acaricia los cabellos. Recoge el Celia del suelo y recuesta la espalda en el marco de la puerta pl\u00e1stica de color caoba. Conecta la Pa-room al Celia y este, a su vez, lo pone en modo proyecci\u00f3n. Se toma su tiempo para analizar la estructura de la base de datos y el <em>software<\/em> de generaci\u00f3n que guarda la personalidad de un tal Efr\u00e9n, que est\u00e1 muerto desde que las Pa-rooms parec\u00edan discos de vinilo. Encuentra los c\u00f3digos de identificaci\u00f3n de la personalidad de Efr\u00e9n y adapta un virus benigno para que solo elimine esos c\u00f3digos, y lo transmite al cibercerebro de su hermana por v\u00eda inal\u00e1mbrica. Le da otra dosis de analg\u00e9sicos a su hermana para que se aleje a\u00fan m\u00e1s. Le aguanta la cabeza para que no se la rompa producto de las convulsiones, mientras el <em>software<\/em> borra todo rastro de Efr\u00e9n y su s\u00edndrome de reencarnaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-wide\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Dennis Mourdoch Mor\u00e1n<\/strong> (La Habana, 1985). Licenciado en Ingenier\u00eda Mec\u00e1nica. Ganador del premio Calendario de ciencia ficci\u00f3n, 2013 y el Oscar Hurtado, 2011. Ha publicado los libros <em>En la boca del Lobo<\/em> (Abril 2015) y <em>Las arenas de erif eren<\/em> (Gente Nueva, 2016). Su obra se comparte entre la ciencia ficci\u00f3n y la fantas\u00eda. Sus relatos de corte cyberpunk tienen una marcada tendencia afrofuturista, en una versi\u00f3n novedosa y caribe\u00f1a.<br><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Dennis Mourdoch Mor\u00e1n Helia parece levitar en el aire, como si estuviera a punto&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":68380,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[59],"tags":[],"class_list":["post-68371","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-revista-antillana"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/68371","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=68371"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/68371\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":68381,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/68371\/revisions\/68381"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media\/68380"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=68371"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=68371"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=68371"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}