{"id":68160,"date":"2024-08-19T00:01:00","date_gmt":"2024-08-19T04:01:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/?p=68160"},"modified":"2024-08-19T00:26:37","modified_gmt":"2024-08-19T04:26:37","slug":"sabor-a-amor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/2024\/08\/19\/sabor-a-amor\/","title":{"rendered":"Sabor a Amor"},"content":{"rendered":"<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/pexels-polina-kovaleva-5645051-1024x683.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-68163\" style=\"aspect-ratio:16\/9;object-fit:cover\" srcset=\"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/pexels-polina-kovaleva-5645051-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/pexels-polina-kovaleva-5645051-300x200.jpg 300w, https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/pexels-polina-kovaleva-5645051-768x512.jpg 768w, https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/pexels-polina-kovaleva-5645051-1536x1025.jpg 1536w, https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/pexels-polina-kovaleva-5645051-2048x1367.jpg 2048w, https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/pexels-polina-kovaleva-5645051-1920x1281.jpg 1920w, https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/pexels-polina-kovaleva-5645051-1170x781.jpg 1170w, https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/pexels-polina-kovaleva-5645051-585x390.jpg 585w, https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/pexels-polina-kovaleva-5645051-263x175.jpg 263w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">                                                                                                                                                                                (Fotograf\u00eda por Polina-Kovaleva).<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por Esther M. Andrade<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Extrajo el cuchillo de cocinero del bloque de madera y comenz\u00f3 a rebanar con mucha precisi\u00f3n las cebollas, los apios, los tomates, las papas y la yaut\u00eda. En la estufa, los metales rojos en forma de equis sosten\u00edan la olla con agua hirviendo. Fue a la nevera, busc\u00f3 un pote de sofrito y la salsa de tomate. A\u00f1adi\u00f3 a los ingredientes un bolso de fideos de pelo de \u00e1ngel y un pedazo de carne que hab\u00eda dejado marinando. Ech\u00f3 todo en el agua caliente y coci\u00f3 la sopa.<br>Hac\u00eda muchos meses que no la preparaba. De hecho, la \u00faltima vez fue el d\u00eda que su hijastra desapareci\u00f3. Nunca estuvo claro lo sucedido. Lo \u00fanico que arroj\u00f3 la investigaci\u00f3n policial fue la discusi\u00f3n entre la nueva esposa del hombre y la ni\u00f1a y, seg\u00fan<br>la madrastra, luego la \u00faltima sali\u00f3 corriendo.<br>Cuando el hombre y la mujer decidieron convivir acordaron que la hija de este solo se quedar\u00eda los fines de semana, pero no fue as\u00ed. En varias ocasiones pudo ver como la escu\u00e1lida se quedaba observ\u00e1ndola mientras ella intentaba dormir. Aunque la menor ten\u00eda su propia cama, insist\u00eda en dormir con ellos. Cuando la peque\u00f1a lograba interponerse, empujaba a la mujer con los pies hasta sacarla de la cama.<br>Desde el primer d\u00eda, la mocosa le hizo claro a su padre que la comida preparada por su nueva compa\u00f1era le hac\u00eda mal al est\u00f3mago. Se tiraba al piso en rabietas oblig\u00e1ndolos a comer fuera. La ni\u00f1a esperaba que su padre no estuviera y se ensa\u00f1aba contra la mujer grit\u00e1ndole improperios. Fueron muchos los insultos que la madrastra soport\u00f3 y las sopas tiradas al desperdicio.<br>La tarde de lo sucedido, al hombre lo hab\u00edan llamado de emergencia para que fuera a su trabajo. Antes de irse, despidi\u00f3 a su peque\u00f1a con un beso y el acostumbrado juego de hacer que le mord\u00eda el brazo.<br>No bien su pap\u00e1 se hab\u00eda montado en el carro, la ni\u00f1a aprovech\u00f3 para arremeter con su habitual acoso contra la mujer. La segu\u00eda por la casa y le gritaba. La madrastra, tratando de ignorarla, se dirigi\u00f3 a la cocina y comenz\u00f3 a cocinar. La nena, con voz chillona, la llamaba buena para nada. Le dec\u00eda que su padre jam\u00e1s la querr\u00eda como a ella, que su mam\u00e1 era mucho m\u00e1s bonita, que su comida apestaba, que no le gustaban las sopas, que\u2026<br>La madrastra, harta de escuchar sus groser\u00edas, la empuj\u00f3. Los ojos sorprendidos de la chiquilla se clavaron en los de ella, al mismo tiempo que su cuerpo infantil se desmoronaba en el suelo. El cuchillo de cocinero yac\u00eda como una estaca enterrado en el pecho de la ni\u00f1a. La mujer, sin inmutarse, observ\u00f3 como una alfombra viol\u00e1cea se dibujaba alrededor de la ni\u00f1a. Retir\u00f3 el pu\u00f1al y troz\u00f3.<br>Hoy, la mujer estaba convencida que su guiso levantar\u00eda el \u00e1nimo de su esposo. A fuego lento se terminaba de cocer la sopa. Una vez lista la sopa, verti\u00f3 lo suficiente en un plato hondo. Complacida, vio como las verduras, los fideos y la carne estaban sumergidas en armon\u00eda. Agarr\u00f3 el plato y una cuchara y camin\u00f3 por el pasillo de la casa hasta llegar a la puerta del cuarto de estar. El aroma sigui\u00f3 a la mujer como velo de novia. Al abrir la puerta del cuarto, all\u00ed, preso de la silla reclinable, cabizbajo, mirando como a la nada, se encontraba su esposo. La mujer coloc\u00f3 una mesa peque\u00f1a justo frente a \u00e9l, encima el plato caliente y la cuchara. Su esposo sorb\u00eda con los ojos cerrados como recordando los besos apacibles de su hija y los juegos donde el fing\u00eda que se la com\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-wide\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Esther M Andrade<\/strong>. Escritora puertorrique\u00f1a egresada de la Universidad del Sagrado Coraz\u00f3n. Cuenta con un bachillerato en Redacci\u00f3n para los Medios de Comunicaci\u00f3n y una maestr\u00eda en Creaci\u00f3n Literaria con especialidad en narrativa. Autora de las antolog\u00edas de cuentos cortos&nbsp;<em>Cronoscopio<\/em>&nbsp;y&nbsp;<em>Lapso<\/em> y de las novelas <em>Grafito<\/em> y&nbsp;<em>La pieza de energ\u00eda<\/em>. Es la fundadora del taller de escritura creativa&nbsp;Purocuento.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Esther M. 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