{"id":67991,"date":"2024-08-07T00:01:00","date_gmt":"2024-08-07T04:01:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/?p=67991"},"modified":"2024-08-06T22:48:20","modified_gmt":"2024-08-07T02:48:20","slug":"la-lluvia-de-esos-dias-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/2024\/08\/07\/la-lluvia-de-esos-dias-ii\/","title":{"rendered":"La lluvia de esos d\u00edas (II)"},"content":{"rendered":"\n<p>Por PEDRO CONDE STURLA<\/p>\n\n\n\n<p>Pas\u00f3 un tiempo del que no tengo memoria y pens\u00e9 que todo estaba perdido entre nosotros. Mar\u00eda C\u00e1rdenas no viv\u00eda donde me hab\u00eda dicho que viv\u00eda o el correo se hab\u00eda equivocado o Mar\u00eda C\u00e1rdenas no hab\u00eda querido recibir mi carta, igual que ya no recib\u00eda mis llamadas. Era la misma direcci\u00f3n a la que le hab\u00eda escrito otras veces y desde la cual siempre me hab\u00eda respondido. Volv\u00ed a escribirle y el resultado fue el mismo. Volv\u00ed a llamarla y el resultado era el mismo. Hasta que un d\u00eda\u2026<a><\/a>Otro d\u00eda, sin mucho pensarlo, la llam\u00e9 desesperanzado y Mar\u00eda C\u00e1rdenas acudi\u00f3 al tel\u00e9fono y el coraz\u00f3n me dio un vuelco. Me sorprendi\u00f3 la dulzura de su voz. Era una voz dulce y triste. Cre\u00eda que no volver\u00edas a llamarme, me dijo dulcemente. Me pidi\u00f3 perd\u00f3n por haber devuelto mis cartas. Hablamos del m\u00e1s y del menos y nos dimos otra oportunidad. No habr\u00eda lugar a equ\u00edvocos en nuestra pr\u00f3xima cita. Nos encontrar\u00edamos en el Z\u00f3calo, en el mero medio de la gigantesca plaza del Z\u00f3calo, frente al palacio de gobierno. Ah\u00ed no hab\u00eda forma de perderse ni de que la cambiaran de lugar, ni hab\u00eda kiosko que quitaran. A las seis de la tarde del domingo nos ver\u00edamos y all\u00ed nos hubi\u00e9ramos visto sin duda, pero cuando llegu\u00e9 el Z\u00f3calo estaba cerrado. Hab\u00eda rumores de un atentado o de una manifestaci\u00f3n de estudiantes y los guardias hab\u00edan ocupado todas las entradas y no dejaban pasar a nadie. No hab\u00eda un alma en el Z\u00f3calo y una inmensa multitud bloqueaba los alrededores. Otra vez el azar me jugaba en contra, si acaso era el azar y no el destino. O si acaso uno y otro no son la misma cosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Al cabo de unos d\u00edas y varias conversaciones decidimos, por fin, que nos juntar\u00edamos en una librer\u00eda muy especial de la Zona Rosa donde ella ten\u00eda que ir a comprar unos libros de escuela para su hermanito. La idea no me gustaba porque en esa librer\u00eda, seg\u00fan hab\u00eda podido comprobar unos d\u00edas antes, estaban vendiendo una novela de un colombiano alucinado en la que cae un aguacero cerrado sobre un pueblo llamado Macondo durante cuatro a\u00f1os, once meses y dos d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta vez, sin embargo, tratar\u00eda de adelantarme a cualquier acontecimiento y llegar\u00eda al lugar una o dos horas antes de la hora se\u00f1alada, pero lo de librer\u00eda y la novela que estaban vendiendo ten\u00eda un car\u00e1cter premonitorio. Esa tarde, en efecto, ver\u00edamos llover como nunca hab\u00eda llovido sobre la Ciudad de M\u00e9xico. En cuanto sal\u00ed a la calle empez\u00f3 a caer un diluvio. Era un diluvio manso, en apariencia, el agua ca\u00eda en silencio, casi sin ruido, pero el agua se enredaba entre los pies y avanzaba por las calles en c\u00edrculos conc\u00e9ntricos. El tr\u00e1fico de la gran ciudad, que de por s\u00ed era un incordio, se detuvo por completo. Sin embargo, no estaba dispuesto a dejarme vencer. Al mal tiempo le puse buena cara. Har\u00eda el largo camino a pie, contra viento y marea literalmente, bajo la lluvia, truenos y rel\u00e1mpagos. Nada me detendr\u00eda ni me detuvo, camin\u00e9 a marcha forzada con la cabeza gacha para protegerme de los elementos. Estaba escampando cuando llegu\u00e9 a la librer\u00eda, pero llegu\u00e9 demasiado tarde. Llegu\u00e9 para verla subir a uno de los pocos taxis que hab\u00eda en circulaci\u00f3n. En medio de mi desesperaci\u00f3n la llam\u00e9 a gritos y no me oy\u00f3 o no quiso o\u00edrme. El librero me invit\u00f3 a entrar a la librer\u00eda, a pesar de que estaba mojado como un pollo. Me dijo, como si me conociera, que una muchacha llorosa que hab\u00eda llegado temprano en un autom\u00f3vil privado hab\u00eda estado esperando por m\u00ed mucho tiempo y se hab\u00eda ido llorando. Luego me recomend\u00f3 que comprara el libro de un colombiano que estaba en la boca de todos. Estuve a punto de comprarlo, m\u00e1s por la amabilidad del librero que por mi propio inter\u00e9s, pero el \u00fanico ejemplar que quedaba se hab\u00eda mojado.<\/p>\n\n\n\n<p>En el camino a mi casa encontr\u00e9 un cine en el que anunciaban una pel\u00edcula de James Bond que ya hab\u00eda visto, una tonter\u00eda de pel\u00edcula con un t\u00edtulo po\u00e9tico que es lo \u00fanico que sirve: \u00abDesde Rusia con amor\u00bb.<br>No ten\u00eda intenci\u00f3n de volver a verla, pero empez\u00f3 a llover de nuevo y me refugi\u00e9 en el cine, entr\u00e9 m\u00e1s bien a calentarme hasta que se me sec\u00f3 la ropa encima mientras afuera se sent\u00eda arreciar la furia de los elementos.<\/p>\n\n\n\n<p>En los d\u00edas siguientes estuve ocupado con mis amigos estudiantes de la pensi\u00f3n, enfrascado en los preparativos de una gran marcha de protesta que tendr\u00eda lugar en la Plaza de las Tres Culturas, apenas unos d\u00edas antes del inicio de los juegos ol\u00edmpicos. La llam\u00e9 varias veces a Mar\u00eda C\u00e1rdenas y nunca me respondi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Tom\u00e9 una decisi\u00f3n. Ya no volver\u00eda a llamar a Mar\u00eda C\u00e1rdenas, pero la seguir\u00eda buscando sin darme cuenta, preguntando por ella. Me hab\u00eda hecho la ilusi\u00f3n de encontrarla a pesar de las estad\u00edsticas y el tama\u00f1o descomunal de la ciudad y la buscaba inconscientemente por todas partes, andaba y desandaba aquellas calles de Dios implorando que me fuese concedido el milagro de encontrarla, hasta que en alg\u00fan momento comprend\u00ed que era un desatino y desist\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego, en el lugar m\u00e1s impensado volv\u00ed a verla. En Veracruz volv\u00ed a verla. En la vigilia o en sue\u00f1o volv\u00ed a verla. Creo que volv\u00ed a verla.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda ido a Veracruz en compa\u00f1\u00eda de mi padre y una noche la vi. La vi, o me pareci\u00f3 verla con unas amigas en un parque. Es decir, me pareci\u00f3 verla o so\u00f1ar que la ve\u00eda en Veracruz. Lo que recuerdo o me parece recordar est\u00e1 confusamente a mitad del sue\u00f1o y la vigilia. Se trata de algo que no estoy seguro de haber vivido o haber so\u00f1ado porque el tiempo ha extraviado los recuerdos y ha dejado en su lugar una espesa niebla de contornos imprecisos. En realidad s\u00f3lo esa vez, de una u otra manera, casi nos encontramos. El hecho es que en la vigilia o en el sue\u00f1o (que viene siendo un poco la misma cosa) volv\u00ed a encontrarla y me dispuse a saludarla, pero enseguida tuve miedo y me detuve, un miedo intenso. Tem\u00ed que pod\u00eda romper el dif\u00edcil y fr\u00e1gil equilibrio de aquellos momentos m\u00e1gicos que atesor\u00e1bamos, echar a perder algo.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos hab\u00edamos conocido brevemente al&nbsp;final de las vacaciones&nbsp;durante la noche previa a mi regreso a Monterrey. Fue algo que sucedi\u00f3 tal vez en una fiesta o un paseo en la playa de Tampico o en cualquier otro lugar que no aparece en mis registros. S\u00f3lo s\u00e9 que bailamos, platicamos, y que fuimos felices, que hubo un rozar de labios, casi un furtivo beso, un furtivo besar, un hasta pronto. Uno de esos momentos intensamente felices y fugaces que dan sentido a la vida.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Quiz\u00e1s todo lo sucedido y lo que no hab\u00eda sucedido, como suceden las cosas cuando no quieren suceder, era un designio del azar. El azar nos hab\u00eda protegido de un encuentro que habr\u00eda podido ser un desencuentro. Preserv\u00f3 la felicidad del primer y \u00fanico encuentro. De las horas de un encuentro que se convirtieron en segundos y de los segundos que se convirtieron en luci\u00e9rnagas\u2026<br><br>Tiempo despu\u00e9s le escribir\u00eda a Mar\u00eda C\u00e1rdenas desde Roma y otros lugares y durante muchos a\u00f1os de vida errante mantuve con ella una grata relaci\u00f3n epistolar, hasta el d\u00eda en que sin saber c\u00f3mo se me extravi\u00f3 la direcci\u00f3n. Recuerdo, eso s\u00ed, que desde Mosc\u00fa le mand\u00e9 una tarjeta postal con las palabras del t\u00edtulo de la infame pel\u00edcula de James Bond.<\/p>\n\n\n\n<p><em>(a carmela cordero franco)<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por PEDRO CONDE STURLA Pas\u00f3 un tiempo del que no tengo memoria y pens\u00e9 que&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":67870,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[51,147],"tags":[],"class_list":["post-67991","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-opinion","category-pedro-conde-sturla"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/67991","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=67991"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/67991\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":67992,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/67991\/revisions\/67992"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media\/67870"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=67991"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=67991"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=67991"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}