{"id":67721,"date":"2024-07-21T00:06:00","date_gmt":"2024-07-21T04:06:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/?p=67721"},"modified":"2024-07-20T21:40:10","modified_gmt":"2024-07-21T01:40:10","slug":"las-mujeres-del-coaybey","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/2024\/07\/21\/las-mujeres-del-coaybey\/","title":{"rendered":"Las mujeres del Coaybey\u00a0\u00a0"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por Morgan Vicconius Zariah\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los tainos de Quisqueya tem\u00edan los horrores que bordaban las sombras de la noche. Al ponerse el sol, un desfile de criaturas m\u00edsticas se esparc\u00eda entre los bosques, reclamando en silencio su dominio absoluto.&nbsp; Desde peque\u00f1os se les ense\u00f1aba que la noche era el dominio de los muertos. Estos estaban encerrados durante el d\u00eda y de noche sal\u00edan tomando diversas formas. Las leyendas dec\u00edan que se alimentaban de guayaba, adoptando forma de murci\u00e9lagos y luci\u00e9rnagas. Algunos hab\u00edan visto a sus seres queridos fallecidos mientras se atrev\u00edan ahondar los caminos nocturnos. Al abrazarlos, experimentaron atravesar sus cuerpos que desaparec\u00edan dej\u00e1ndolos en cambio abrazados a las ramas de alg\u00fan \u00e1rbol.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Otros j\u00f3venes dec\u00edan haber yacido con mujeres, de agradables senos y tersa piel. Sus cuerpos ol\u00edan a guayaba fresca, sus voces parec\u00edan el canto de una diosa cuyo encantamiento solamente Yucah\u00fa pod\u00eda deshacer.&nbsp; Mientras las caricias se prolongaban, aun atemorizados por el hecho de que estos seres no ten\u00edan ombligo, se somet\u00edan a su voluntad.&nbsp; Eran descubiertos yaciendo en el suelo con sus fuerzas mermadas. M\u00e1s de una vez el behique interven\u00edan en estos asuntos con yerbas sagradas y la muestra de cem\u00edes que deshicieran el sortilegio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;\u00abLos hup\u00edas est\u00e1n atravesando el umbral del mundo de los vivos m\u00e1s de lo habitual\u00bb, pens\u00f3 Manaboa, un behique de la tribu del cacicazgo de Magu\u00e1 al norte de Quisqueya. \u00ab\u00bfSer\u00e1 que ella tambi\u00e9n?\u00bb. Una tristeza recorri\u00f3 su pecho como si la piedra de un cuchillo lo hubiera atravesado.&nbsp; Record\u00f3 el rostro de la joven que hace tiempo se hab\u00eda ido. El recorrer de su mano sobre su rostro, y el tierno jugueteo en las corrientes del r\u00edo donde ambos se reflejaban. En sus recuerdos, parec\u00eda haberse detenido el tiempo. Brillaba en su rostro la luz de su juventud la cual el amor alimentaba.&nbsp; Quer\u00eda permanecer all\u00ed, en ese rinc\u00f3n de la memoria donde toda sombra se extingu\u00eda. \u00c9l sab\u00eda muy bien que si no fuera por su partida, nunca se consumar\u00eda el destino que los dioses les ten\u00edan dise\u00f1ado. Pero estaba cansado de la soledad que requer\u00eda su vida espiritual, de sus sombras, de sus delirios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una noche bajo la luna llena que ba\u00f1aba el bosque con sus rayos plateados, lo decidi\u00f3. Utiliz\u00f3 sus conocimientos para adentrarse en el mundo de la oscuridad. Inhal\u00f3 la cohoba mientras cantaba, y en el trance, vio al cem\u00ed de madera despertar. La figurilla que tom\u00f3 vida estaba hecha de un tronco de guayaba. Sus ojos y boca tallados empezaron a moverse.&nbsp; Balbuceaba palabras sin sentido, y en unos pocos segundos, por efecto de las sombras del Coaybey, su garganta se aclar\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 deseas, querido Manaboa? \u00bfPara que soy bueno?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Ya debes suponerlo Opiyelguabir\u00e1n, se\u00f1or de los muertos. La quiero a ella, no importa el trueque que tenga que hacer contigo.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Sabes que un behique a\u00fan con el poder de convocar los hup\u00edas y los esp\u00edritus del Coaybey, no debe yacer con mujer alguna, ni viva ni muerta, es peligroso.&nbsp; Podr\u00edas enfurecer a Yaya y a Yucah\u00fa.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Solo quiero verla otra vez, no tengo otras pretensiones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Pues hecho est\u00e1 \u2014cerr\u00f3 el pacto el cem\u00ed. Despu\u00e9s de sus palabras, sus extremidades se insuflaron de habilidad motora y comenz\u00f3 a andar a cuatro patas. Le hizo una se\u00f1al al behique y este lo sigui\u00f3 hasta perderse en el bosque. La brisa soplaba tenue y fresca cuando de repente un murci\u00e9lago se pos\u00f3 a comer una guayaba del \u00e1rbol que se alzaba sobre sus cabezas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014All\u00ed est\u00e1 la hup\u00eda que tanto has anhelado, la he tra\u00eddo para que la veas. No la toques, la entrada a la cueva de los muertos est\u00e1 al pie de este \u00e1rbol de guayaba.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Mi esp\u00edritu te agradece, Opiyelguabir\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En unos segundos, el murci\u00e9lago se transfigur\u00f3 en una joven cuya belleza deslumbr\u00f3 a Manaboa devolvi\u00e9ndole a su rostro esos trazos de felicidad que el tiempo se hab\u00eda llevado.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00a1Acabey! \u2014exclam\u00f3, sin poder contener dos l\u00e1grimas que humedecieron su rostro.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Manaboa, Manaboa, \u2014sollozaba la hup\u00eda. Sus ojos brillaron como luci\u00e9rnagas mientras se acercaba al behique para abrazarlo\u2014. Me he mantenido pura, esper\u00e1ndote. Pero no quer\u00eda verte en Soraya hasta que acabara tu tiempo. Se acerc\u00f3 a Manaboa con una sonrisa rebosante de alegr\u00eda que parec\u00eda llenar por un instante las penumbras del Coaybey con la gracia de los vivos. Manaboa no se pudo resistir y la apret\u00f3 fuerte entre sus brazos. En unos minutos, como en aquellos tiempos comenzaron las caricias, hasta que un beso puso fin a la larga espera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Te lo advert\u00ed, Manaboa \u2014grit\u00f3 el cem\u00ed cuya expresi\u00f3n en su rostro cambi\u00f3 a un aspecto triste y lloroso\u2014. Yaya&nbsp; te castig\u00f3, cruzaste los l\u00edmites, debes acompa\u00f1arme.&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Manaboa observ\u00f3 como la luz lunar se desvanec\u00eda dando lugar a una oscuridad mortecina en la cual ahora era capaz de ver. Ante \u00e9l, la boca de una cueva se abr\u00eda extendi\u00e9ndose hasta el infinito. Una fr\u00eda neblina los cubr\u00eda.&nbsp; Tomado de la mano de Acabey se percat\u00f3 que ella no ten\u00eda ombligo y al mirar su propio vientre, not\u00f3 la ausencia del suyo.&nbsp; Sinti\u00f3 hambre. El cem\u00ed que se acercaba para guiarlo le dio una guayaba que devor\u00f3 mientras se sumerg\u00eda en la oscuridad de la cueva, junto a las dem\u00e1s siluetas que conformaban el Coaybey.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-wide\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Morgan Vicconius Zariah<\/strong> (Jimmy Diaz, Ban\u00ed, 1982).  Escritor y gestor cultural dominicano. Sus cuentos y microrrelatos han sido publicados en diversas antolog\u00edas y revistas. Ganador del concurso Onomatopeyas de <em>Historias Pulp<\/em> (Espa\u00f1a) y tercer lugar en Monstruos de Navidad de la revista <em>Aeternum<\/em> (Per\u00fa).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Morgan Vicconius Zariah\u00a0 Los tainos de Quisqueya tem\u00edan los horrores que bordaban las sombras&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":67722,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[59],"tags":[],"class_list":["post-67721","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-revista-antillana"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/67721","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=67721"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/67721\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":67723,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/67721\/revisions\/67723"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media\/67722"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=67721"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=67721"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=67721"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}