{"id":65617,"date":"2023-12-17T00:08:34","date_gmt":"2023-12-17T04:08:34","guid":{"rendered":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/?p=65343"},"modified":"2023-12-17T00:08:34","modified_gmt":"2023-12-17T04:08:34","slug":"el-caracol","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/2023\/12\/17\/el-caracol\/","title":{"rendered":"El caracol"},"content":{"rendered":"<p>Como a muchos ni\u00f1os del vecindario, me gustaban los insectos. Los coleccionaba en frascos, en cajas de madera recubiertas de algod\u00f3n que ajustaba con alfileres. A mis padres les desagradaba aquel pasatiempo, sobre todo a mi madre, que ten\u00eda pavor a los bichitos del monte.<br \/>\nAs\u00ed fue como, al terminar la secundaria, decid\u00ed estudiar la vida natural. Quer\u00eda ser bi\u00f3logo y conocer m\u00e1s a fondo ese universo en miniatura.<br \/>\nNo olvido el d\u00eda en que hall\u00e9 aquello. Me encontraba en el campo, exploraba el terreno para examinar el comportamiento de las lombrices, estudiar su modo de reproducci\u00f3n, y ver como formaban su imperio bajo la tierra.<br \/>\nEntre un mont\u00f3n de rocas, mi atenci\u00f3n se centr\u00f3 en una en particular, una semejante a la forma de caracol, o eso pens\u00e9 en el momento, pues cuando al acercarme not\u00e9 que era una de esas babosas que llevan un caracol a rastras. Me sobresalt\u00e9, jam\u00e1s vi algo como aquello. Su tama\u00f1o era alarmante, tan grande o m\u00e1s que el gato de mi vecina, uno de raza persa que apenas puede mantenerse de pie.<br \/>\nSostuve el caracol con sumo cuidado. Las manos temblaban debajo de la concha. Vi al animal alargar sus ojos, en el momento en que se apresur\u00f3 a meterse en el caracol, dejando un gran chorro viscoso. Todo sea por la ciencia. Me llev\u00e9 esa maldita cosa a la casa. El resto de mi vida lamentar\u00e9 haberlo hecho.<br \/>\nLlegu\u00e9 a casa. Tra\u00eda la babosa envuelta en unos pa\u00f1os dentro de mi mochila. Sub\u00ed a mi departamento y la coloqu\u00e9 dentro de una pecera. Antes fue el hogar de una serpiente, la pobre, se hab\u00eda escapado y la encontr\u00e9 d\u00edas despu\u00e9s aplastada en la calle.<br \/>\nFascinado y algo aterrado, me qued\u00e9 examinando al bicho. Era de gran tama\u00f1o y se mov\u00eda lento, andaba por el \u00e1rea de la pecera, explorando el nuevo territorio. La encontr\u00f3 acondicionada, a Juliana, mi serpiente aplastada, le gustaba estar en la arena, y dormir en ramas secas. La babosa iba dejando un rastro de baba a su paso. Maldici\u00f3n, era realmente asqueroso. Daba n\u00e1useas, ver como contra\u00eda el cuerpo\u2026<br \/>\nEn hora de la noche me puse a observar y tomar una serie de apuntes. Busqu\u00e9 en mis libros datos sobre algo semejante, pero no encontraba nada, ni siquiera en internet. Parec\u00eda que era el primer caso y yo lo hab\u00eda descubierto.<br \/>\nMe dispuse a dormir. Ese d\u00eda tuve una pesadilla, ve\u00eda una masa gelatinosa subir lentamente sobre m\u00ed, ten\u00eda m\u00faltiples bocas: deformes, y llenas de babas y colmillos. Lo m\u00e1s perturbador fue o\u00edr su voz, s\u00ed, en mi sue\u00f1o esa masa gelatinosa pod\u00eda hablar. Repet\u00eda la misma frase: \u00abLo siento, lo siento\u00bb. Lo hac\u00eda con voz melanc\u00f3lica, y mordisqueaba la carne de mis pies, y segu\u00eda hasta la cadera.<br \/>\nDespert\u00e9 empapado. Mir\u00e9 en direcci\u00f3n a la pecera, para mi sorpresa el caracol no estaba en ella. Solo un rastro viscoso que llegaba hasta el piso. Lo segu\u00ed con la mirada, y vi a esa maldita cosa en el suelo. No s\u00e9 por qu\u00e9, pero tuve la impresi\u00f3n de que era m\u00e1s grande que cuando lo encontr\u00e9. Trat\u00e9 de meterla otra vez en la pecera, lo consegu\u00ed con esfuerzo.<br \/>\nEse d\u00eda deb\u00eda recopilar datos para otros estudios, as\u00ed que sal\u00ed de casa dejando a la babosa encerrada. Me asegur\u00e9 de ponerle la tapa a la pecera, el caracol apenas cab\u00eda.<br \/>\nTras hacer mis diligencias volv\u00ed a casa. Llegu\u00e9 y encontr\u00e9 la pecera destrozada. A simple vista no vi rastro del caracol, pero s\u00ed un bulto negruzco en mi cama. No distingu\u00eda lo que era, la luz del cuarto estaba apagada. Al encenderla, ah\u00ed estaba la babosa, en mi cama. Su tama\u00f1o era horrorosamente grande, imagin\u00e9 que hab\u00eda crecido y rompi\u00f3 la pecera.<br \/>\nLa tom\u00e9 temeroso y la coloqu\u00e9 en el ba\u00f1o. Limpi\u00e9 el desastre y regres\u00e9 a donde la hab\u00eda dejado. Ya me costaba cargarla, era como levantar un puerco listo para llevar al matadero. Tom\u00e9 fotos y escrib\u00ed algunas notas. Me fui a dormir y dej\u00e9 al caracol en el ba\u00f1o.<br \/>\nEn sue\u00f1os, me vi en mi cama y otra vez esa masa gelatinosa acerc\u00e1ndose con sus m\u00faltiples bocas llena de dientes afilados. No pod\u00eda moverme, sudaba fr\u00edo y miraba con horror esa cosa que empezaba a mordisquear mis pies, siguiendo con las piernas, devorando todo. Su voz melanc\u00f3lica repet\u00eda mientras com\u00eda \u00abLo siento, lo siento\u00bb. Sent\u00eda su baba mezclarse con mi sangre y carne triturada, trataba de gritar pero no pod\u00eda.<br \/>\nCuando despert\u00e9 en la ma\u00f1ana, supe que no fue un sue\u00f1o. Vi mis piernas carcomidas hasta los huesos, decoradas con piltrafas de carne. En el suelo un rastro de sangre llegaba hasta la ventana, como si algo grande se hubiera arrastrado y salido por all\u00ed. La babosa no estaba.<\/p>\n<hr \/>\n<p><strong>Greg P\u00e9rez <\/strong>(Santo Domingo, 1989). Publicista y escritor especulativo. Tiene publicado el libro de cuentos de horror <em>Estaci\u00f3n 47<\/em> (2017).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como a muchos ni\u00f1os del vecindario, me gustaban los insectos. 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