{"id":65269,"date":"2024-03-30T18:44:43","date_gmt":"2024-03-30T22:44:43","guid":{"rendered":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/?p=65269"},"modified":"2024-03-30T18:44:43","modified_gmt":"2024-03-30T22:44:43","slug":"ya-no-quiero-vivir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/2024\/03\/30\/ya-no-quiero-vivir\/","title":{"rendered":"\u00a1\u00bfYa no quiero vivir?!"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>\u201c\u00a1Ya no quiero vivir!\u201d<\/em><\/p>\n<p>Fue la \u00faltima frase que escribi\u00f3 en su diario antes de irse a la cama para intentar dormir. El insomnio la hab\u00eda perseguido errante toda la semana. Se sent\u00eda d\u00e9bil, cansada, sus manos temblaban y ten\u00eda la presi\u00f3n baja; durante los d\u00edas estaba mareada y no enfocaba su atenci\u00f3n en nada. Siempre hab\u00eda rogado por tener un tiempo libre para destinarlo a la escritura, pero ahora que lo ten\u00eda, era demasiado. La inspiraci\u00f3n y la creatividad la hab\u00edan abandonado, dejando espacio a los malos pensamientos, la inutilidad, la soledad y el dolor.<\/p>\n<p>Con la cabeza en la almohada, nuevamente deseo morir. Las l\u00e1grimas se fugaron de sus ojos, primero una a una: lentas, silenciosas; despu\u00e9s todas en conjunto salieron a borbotones tras un sollozo sordo, ba\u00f1\u00e1ndole las mejillas, los o\u00eddos y el cabello. \u2014Ya no quiero estar aqu\u00ed \u2014fue el \u00faltimo susurro que escapo del nudo en su garganta hasta salir de sus labios, y por fin, despu\u00e9s de muchas noches, la l\u00e1grima responsable de esa frase la ayudo a dormir.<\/p>\n<p>Las horas pasaron entre pesadillas y gemidos. Por lapsos sus dedos se aferraban a las s\u00e1banas hasta que los nudillos se le pon\u00edan blancos, pero estos poco a poco se soltaban; despu\u00e9s, se repet\u00eda el proceso.<\/p>\n<p>Alrededor de las 4:00 am su respiraci\u00f3n se volvi\u00f3 lenta y por fin, despu\u00e9s de un largo rato de agon\u00eda, un sue\u00f1o profundo logr\u00f3 calmarle los temblores del cuerpo. Ese ser\u00eda el \u00faltimo minuto de paz, el fragmento de tregua que se da antes de que remonte el dolor.<\/p>\n<p>En medio de esa tranquilidad, un ruido seco, la sac\u00f3 de su sue\u00f1o. De repente comenz\u00f3 a hacer fr\u00edo. Mientras el cerebro adquir\u00eda conciencia de estar despierto, decidi\u00f3 que sus ojos seguir\u00edan cerrados un momento. El sonido de la tela de la cortina la hizo pensar que su movimiento hab\u00eda tirado alg\u00fan objeto del escritorio, despu\u00e9s record\u00f3 que hab\u00eda dejado la ventana cerrada antes de acostarse, pese al c\u00e1lido clima estival.<\/p>\n<p>Un aroma desagradable, penetrante y dulz\u00f3n invadi\u00f3 su nariz. Entonces abri\u00f3 los ojos sin poder mover ning\u00fan otro m\u00fasculo, en medio de una par\u00e1lisis de sue\u00f1o, vio a media luz de rayos de luna un rostro sonri\u00e9ndole con malicia.<\/p>\n<p>El due\u00f1o de esa amorfa sonrisa, estaba flotando sobre el paralizado cuerpo de ella, con los dientes afilados y amarillos, los ojos acuosos, casi transparentes y la piel lechosa, con los matices azulados de los cad\u00e1veres. El ser le abri\u00f3 la seda de la bata, excitado por el horror implorante en la mirada de la chica, que, sin aliento, no pudo nunca pronunciar palabra alguna.<\/p>\n<p>Hace unas cuantas horas ella lo hab\u00eda invocado con sus deseos de morir e inconscientemente le invit\u00f3 a entrar en sus aposentos. Le hab\u00eda rogado antes a Dios, pero no era tan misericordioso para cumplirle ese deseo de dejarla marcharse al m\u00e1s all\u00e1, en cambio, \u00e9l, s\u00ed lo har\u00eda.<\/p>\n<p>El visitante se dej\u00f3 caer con su ligero cuerpo sobre ella, lo \u00fanico que sal\u00eda de los pulmones de su v\u00edctima era una tos de asfixia provocada por un olor a podredumbre y eso lo excitaba a\u00fan m\u00e1s. Sin esperar, le rasgo las venas y bebi\u00f3 la sangre del delgado cuello, lami\u00f3 las gotas que se derramaron entre el canalillo de los senos; como un despiadado amante se abri\u00f3 paso entre la piel y al igual que con la tela, desgarr\u00f3 carne y huesos, para devorar el coraz\u00f3n completo.<\/p>\n<p>En segundos todo estaba hecho. No quedaba gota de sangre, la piel de la dama estaba seca y los nervios de los m\u00fasculos se hab\u00edan comprimido al igual que el resto de los \u00f3rganos. No saciado a\u00fan, introdujo sus afiladas u\u00f1as perforando los parpados entreabiertos y extrajo los ojos de las cuencas, dej\u00e1ndolas oscuras y vac\u00edas, como los de la muerte que no tardar\u00eda en ir a recoger el alma de la chica para encaminarla al infierno; ah\u00ed la recibir\u00edan las fr\u00edas llamas, porque es un pecado desear la muerte, y peor a\u00fan si es la propia, debido a que la vida es un regalo \u00fanico. Sab\u00eda qu\u00e9, por ello, \u00e9l no era bien recibido en ninguna parte, ni en el cielo, ni en el infierno. Mientras pensaba en esto, jugaba con los globos oculares de su v\u00edctima entre los dedos para despu\u00e9s engullirlos como un par de gelatinas.<\/p>\n<p>Las l\u00e1grimas de ella pasaron a formar parte de \u00e9l, y ahora llorando por el gozo de arrebatar otra vida y por el placer de saber que sus pecados lo condenaron a algo peor que el infierno, pod\u00eda marcharse a vagar para siempre entre los vivos que no desean estarlo, con sus miserables, fr\u00e1giles y ef\u00edmeras existencias.<\/p>\n<p>La bruma desprendida del \u00faltimo suspiro del cuerpo de la chica, tomo forma y \u00e9l la mir\u00f3 dedic\u00e1ndole una fr\u00eda sonrisa. \u2014Deseo concedido \u2014le dijo con voz profunda. A los pocos segundos, otra presencia detr\u00e1s de \u00e9l hizo que se levantara, se girara y caminara. Se despidi\u00f3 de la reci\u00e9n llegada muerte en la entrada de la habitaci\u00f3n, con una reverencia exageradamente burlona y en la oscuridad, desapareci\u00f3.<\/p>\n<p>Recargada en su guada\u00f1a, la muerte pens\u00f3 que, si se le pod\u00eda permitir sentir algo, entonces lo odiaba, \u00e9l no estaba vivo, ni muerto, pero jugaba profan\u00e1ndolas a ambas.<\/p>\n<p>El alma de la chica hab\u00eda presenciado toda la escena en silencio. Al mirar se dio cuenta de que el golpe que escuch\u00f3 y la hizo despertar en presencia de ese ente, fue su diario al caer al suelo. Abierto por m\u00e1s de la mitad, se pod\u00eda leer esa frase final: \u00a1Ya no quiero vivir!\u2026 pero ahora que estaba muerta se arrepent\u00eda.<\/p>\n<p>La muerte cort\u00f3 los \u00faltimos hilos que la conectaban con su cuerpo y envolvi\u00e9ndola en su manto se marcharon. Su deseo no encontrar\u00eda el perd\u00f3n, ni el descanso.<\/p>\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente, los padres de la chica encontraron el cuerpo inerte. Despu\u00e9s de varias llamadas, los forenses llegaron para acordonar la zona, era el quinto caso en menos de dos semanas, el mismo e inexplicable modus operandi; sin duda se trataba de un asesino serial, que les arrebataba la vida a suicidas fallidos y a pacientes psiqui\u00e1tricos depresivos. La polic\u00eda buscaba al culpable entre los vivos, el responsable se encontraba entre los no muertos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr \/>\n<p><strong>Patricia Pi\u00f1a Guerrero<\/strong> (Estado de M\u00e9xico, 1989). Licenciada en sociolog\u00eda, egresada de la Universidad Aut\u00f3noma Metropolitana unidad Azcapotzalco. Se desempe\u00f1a como docente de ciencias sociales y humanidades.<\/p>\n<p>Es una apasionada de la lectura y la escritura. Tiene publicaciones de cuento y rese\u00f1as literarias en la revista <em>Relatos Incre\u00edbles <\/em>de editorial<em> Acuedi, <\/em>adem\u00e1s de ser panelista y coconductora en el programa <em>Autores Incre\u00edbles<\/em>. Tambi\u00e9n ha participado en los concursos de cuento: <em>Necroloquio de Putrefacci\u00f3n M\u00faltiple y Acuarela Human\u00edstica<\/em>, de la Universidad Aut\u00f3noma del Estado de M\u00e9xico.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; \u201c\u00a1Ya no quiero vivir!\u201d Fue la \u00faltima frase que escribi\u00f3 en su diario antes&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":65270,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[59],"tags":[],"class_list":["post-65269","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-revista-antillana"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/65269","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=65269"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/65269\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media\/65270"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=65269"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=65269"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=65269"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}