{"id":65222,"date":"2023-12-09T00:05:28","date_gmt":"2023-12-09T04:05:28","guid":{"rendered":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/?p=65222"},"modified":"2023-12-09T00:05:28","modified_gmt":"2023-12-09T04:05:28","slug":"historia-de-un-piano-en-el-espaciotiempo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/2023\/12\/09\/historia-de-un-piano-en-el-espaciotiempo-2\/","title":{"rendered":"Historia de un piano en el espaciotiempo"},"content":{"rendered":"<p>El d\u00eda tres de febrero de 1868, la se\u00f1orita Margarita Vogler, hija de un comerciante extranjero radicado en Santiago de los Caballeros, se fug\u00f3 con Ismael P\u00e9rez Soriano, un mulato que milit\u00f3 en el bando de los Restauradores. La muchacha ten\u00eda diecisiete a\u00f1os, y el padre, que no hab\u00eda permitido los amores de su hija, mont\u00f3 en c\u00f3lera la noche que subi\u00f3 a su alcoba a hablar con ella y hall\u00f3, para su sorpresa, la ventana abierta, la ropa faltante, la carta de despedida.<\/p>\n<p>La madre de margarita, Do\u00f1a Tomasa S\u00e1nchez, luego de dar con el paradero de su hija y sin que lo supiera su esposo, le regal\u00f3 el ajuar de bodas y un piano que hab\u00eda estado en su familia por generaciones, con la esperanza de que si la pareja se ve\u00eda en alg\u00fan apuro econ\u00f3mico, pudiera venderlo para salir adelante. No pudo hacer m\u00e1s que esto sin que herr Vogler se diera cuenta, ya que manten\u00eda un estricto control de las finanzas familiares, pero aquel viejo piano vertical siempre lo hab\u00eda visto como un trasto viejo, y de vez en cuando le dec\u00eda a su mujer que se deshiciera de \u00e9l.<\/p>\n<p>Margarita nunca hab\u00eda aprendido a tocar piano, su padre dec\u00eda que aquel era un conocimiento in\u00fatil, pero Ismael, con su limitado y emp\u00edrico conocimiento musical, la deleitaba cada noche cant\u00e1ndole y toc\u00e1ndole canciones muchas veces improvisadas; canciones de amor y pasi\u00f3n, y cada nota tocada a la luz de las velas, mir\u00e1ndole a los ojos, era como un hechizo que les hac\u00eda amarse m\u00e1s y m\u00e1s.<\/p>\n<p>Cuando Margarita enferm\u00f3, Ismael no supo qu\u00e9 hacer. La quiso llevar a la capital, pero el m\u00e9dico del pueblo le dijo que no val\u00eda la pena. La muchacha, embarazada y enferma, languidec\u00eda con el paso de los d\u00edas. Ismael vendi\u00f3 aquel piano que ella amaba y la llev\u00f3 a Santo Domingo, sabiendo que madre e hijo corr\u00edan gran peligro. El hombre nunca supo si ella hab\u00eda muerto de las fiebres que la acosaban o de la pena por ya no poder o\u00edr aquel piano cada noche, encendido por fervorosas canciones de amor. El cad\u00e1ver de Ismael fue rescatado del R\u00edo Ozama cuatro d\u00edas despu\u00e9s de la muerte de su amada.<\/p>\n<p>En 1994, aquel piano fue adquirido por Rodrigo Cabral Schiffino, coleccionista particular, al que le fue vendido bajo la falsa afirmaci\u00f3n de haber pertenecido a Delia Webber. Intacta la madera, resistente el metal, las teclas de marfil respond\u00edan igual que en 1729, a\u00f1o de su fabricaci\u00f3n. Aquel coleccionista aseguraba a sus familiares y allegados, que el piano sonaba solo, pose\u00eddo, sin duda, por el alma de la poeta.<\/p>\n<p>A la muerte de Cabral Schiffino, entre subastas y remates, el piano pas\u00f3 a manos del Estado. En el a\u00f1o 2025, tras largos a\u00f1os de abandono, en un oscuro almac\u00e9n del Ministerio de Cultura, empez\u00f3 a ser exhibido en el Museo de la M\u00fasica Dominicana, situado en la Ciudad Colonial de Santo Domingo.<\/p>\n<p>El 17 de mayo del a\u00f1o 2028, en la v\u00edspera de las elecciones presidenciales, ocurri\u00f3 lo que se recuerda como el \u00abapag\u00f3n de La Hispaniola\u00bb, causado en parte por la crisis mundial de combustibles f\u00f3siles, el arcaico sistema el\u00e9ctrico de la isla, y un conato de fraude electoral urdido entre las filas del oficialismo de centroderecha que se sali\u00f3 de control, ya que cort\u00f3 el suministro el\u00e9ctrico no solo de esa naci\u00f3n caribe\u00f1a, sino de sus vecinos haitianos, que nada tuvieron que ver en el asunto, a pesar de que la extrema derecha les echara la culpa de todo.<\/p>\n<p>En el silencio oscuro de aquella madrugada, Carlos Antonio M\u00e9ndez de los Santos, guardi\u00e1n nocturno del Museo de la M\u00fasica, lo oy\u00f3 por primera vez: era una melod\u00eda tenue, que le llegaba como en sordina, pero que a la vez le inundaba la atenci\u00f3n. Dur\u00f3 algunos diez minutos y tan repentinamente como hab\u00eda iniciado, ces\u00f3.<\/p>\n<p>Al principio nadie le crey\u00f3, como era de esperar, lo public\u00f3 en redes sociales, cuando se repiti\u00f3, grab\u00f3 brevemente el episodio con su celular, pero la mayor\u00eda pens\u00f3 que era alg\u00fan montaje. A pesar de esto, Patricia Garc\u00eda de la Hoz, una investigadora paranormal, se interes\u00f3 en el caso y contact\u00f3 al guardi\u00e1n, quien aun temiendo perder el empleo con el que manten\u00eda a sus cuatro hijos (de distintas madres), le permiti\u00f3 entrar una madrugada para realizar algunas mediciones con aparatos de EMF, EVF y otros de los que ya no quiso preguntarle m\u00e1s, pues todo ese asunto le daba escalofr\u00edos.<\/p>\n<p>Las lecturas salieron en cero. Aquella noche no hubo serenata. Pasaron varias noches as\u00ed y Carlos la miraba avergonzado, creyendo que aquella mujer rara, tatuada y con pelo violeta pensar\u00eda, ya que estaba perdiendo su tiempo. Pero Patricia volvi\u00f3 cada noche con la paciencia que le dictaba el oficio, hasta que lo escuch\u00f3. Lo escucharon. Algo en aquella ahogada melod\u00eda le acordaba a Tchaikovski.<\/p>\n<p>Patricia relat\u00f3 sus hallazgos y lecturas en un informe muy detallado que remiti\u00f3 a un colega catal\u00e1n, el doctor Gerard Domenech, quien a su vez visit\u00f3 el pa\u00eds y realiz\u00f3 estudios m\u00e1s profundos sobre el tema, incluida una lista parcial de todos los propietarios anteriores de aquel piano desde 1905. Domenech debe tener muy buenos contactos y bastante dinero, ya que consigui\u00f3 adquirirlo y traerlo a Europa, sabr\u00e1 nadie c\u00f3mo. Ahora est\u00e1 ah\u00ed, en ese gran edificio blanco que se ve a trav\u00e9s de la ventana. Es uno de los laboratorios de investigaci\u00f3n de f\u00edsica de part\u00edculas m\u00e1s importantes del continente, pero eso ya lo sabes. Lo que quiero decir es que le hemos hecho todas las pruebas posibles y lo \u00fanico que hemos descubierto es que las mol\u00e9culas que forman los enlaces i\u00f3nicos del metal vibran espont\u00e1neamente, solas, sin necesidad de que ninguna fuerza exterior rompa su estado inercial. Sabemos la longitud de las ondas sonoras, el espectro electromagn\u00e9tico del objeto, tanto en reposo como en actividad. Lo que no sabemos es c\u00f3mo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEntonces crees en los fantasmas?<\/p>\n<p>\u2014Creo que es Ismael P\u00e9rez Soriano el que toca esa melod\u00eda a su esposa muerta.<\/p>\n<p>\u2014Lo que menos sentido tiene es que t\u00fa, profesor Henrik Ullman, PhD, sepas tan detalladamente aquella historia de los 1860\u2026 \u00bfC\u00f3mo sabes esos nombres, esa empalagosa tragedia de amor? \u00bfC\u00f3mo es que alguien tan esc\u00e9ptico como t\u00fa puede creer en esp\u00edritus de un d\u00eda para el otro?<\/p>\n<p>\u2014Muy f\u00e1cil, mi querida Claudette. El piano me lo cont\u00f3 todo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr \/>\n<p><strong>Isis Aquino <\/strong>(Santo Domingo, 1986). Escritora, gestora cultural, traductora y <em>slammer<\/em>. Sus poemas aparecen en varias antolog\u00edas y revistas dominicanas e internacionales. Es autora de los poemarios <em>Quod scripsi<\/em> (2011) y <em>Balas perdidas<\/em> (2014), la novela <em>En la cuerda floja<\/em> (2016) y el libro de cuentos <em>Relatos de la Tierra y sus colonias<\/em> (2020). En 2022, represent\u00f3 a la Rep\u00fablica Dominicana en la Copa Am\u00e9rica de Poetry Slam, en R\u00edo de Janeiro; en 2023, particip\u00f3 en la II Copa Mundial de Poetry Slam en la misma ciudad. Su poemario m\u00e1s reciente, <em>Desandar el abismo<\/em>, fue publicado por Editorial Pulpo en Puerto Rico en abril de 2023.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El d\u00eda tres de febrero de 1868, la se\u00f1orita Margarita Vogler, hija de un comerciante&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":65407,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[59],"tags":[],"class_list":["post-65222","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-revista-antillana"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/65222","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=65222"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/65222\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media\/65407"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=65222"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=65222"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=65222"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}