Home ING. ERICK SARANTE ¿Se acabó el orden mundial? Bienvenidos ala era del «caos controlado»

¿Se acabó el orden mundial? Bienvenidos ala era del «caos controlado»

by Redacción

Por ING. ERICK SARANTE
Chief Security & Resilience Officer (CSRO) | Especialista en Seguridad e Inteligencia de Riesgos | Experto en Geopolítica | MBA | Doble Máster en Defensa y Seguridad Nacional | Asesor Estratégico | Comunicador | Escritor | Poeta

 Durante décadas, el mundo funcionaba con reglas que la mayoría respetaba. Había acuerdos, organismos internacionales y caminos reconocidos para resolver las diferencias. Esa época terminó. Y no va a volver.

El pensador Antonio Gramsci escribió hace casi un siglo: «Lo viejo muere y lo nuevo tarda en aparecer: en ese claroscuro surgen los monstruos». Esa frase describe con inquietante precisión lo que vivimos hoy. No estamos ante una crisis pasajera. Estamos ante el fin de un sistema que ordenó el mundo desde hace más de 75 años.

Henry Kissinger, uno de los diplomáticos más influyentes de la historia, lo advirtió con claridad: «El concepto de orden que ha sostenido la era moderna está en crisis». Las reglas están reescribiéndose en tiempo real. Y para entenderlo, no hace falta ser experto: basta con mirar cómo funciona el mundo hoy.

Las reglas ya no son para todos

Antes, las normas internacionales se suponían iguales para todos los países. Hoy, cada gran potencia decide qué cumplir y qué ignorar según convenga a sus intereses. El orden que se creó tras la Segunda Guerra Mundial (dominado por organizaciones internacionales como la ONU o el Fondo Monetario) ya no tiene tanta fuerza para frenar a las potencias como la que tenía en sus primeras tres o cuatro décadas.

Como señaló el diplomático brasileño Celso Amorim: «Estamos en un momento en el que no hay reglas… se asemeja a una guerra mundial en pedazos». Cuando las reglas dejan de ser universales, la estabilidad que daban se desvanece.

Ser socio y rival al mismo tiempo: la nueva realidad

Antes, si dos países eran amigos, lo eran en todo. Hoy, eso no existe. Dos naciones pueden comerciar intensamente y, al mismo tiempo, competir ferozmente por el control de la tecnología, la influencia en la región o los recursos naturales.

Ya no hay bloques fijos donde se está o no se está. Como explicó Mark Carney, destacado economista internacional, en el Foro de Davos de 2026: «Estamos en una ruptura, no en una transición». Es decir: no estamos pasando de un orden a otro ordenado. Estamos en algo distinto: donde las alianzas cambian rápido y la confianza es frágil.

Transición: paso de un sistema estable a otro estable.

Ruptura: cambio profundo donde las reglas viejas ya no sirven y las nuevas no existen aún.

Ya no manda uno solo: el poder se reparte

Durante gran parte del siglo XX, hubo países que definían solos el rumbo del mundo. Eso también cambió. Surgen nuevas voces que dicen: «hasta aquí». El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, lo reconoció así: «Caminamos cada vez más hacia un mundo multipolar».

Mundo multipolar: cuando varios países o regiones tienen influencia real, en lugar de que uno o dos manden sobre todos.

Esto puede ser justo, pero también genera incertidumbre. Cuando nadie tiene el control total, las decisiones tardan más y los acuerdos son más difíciles.

Las alianzas ya no son para siempre

Antes, si un país era tu aliado, lo era en economía, política y valores. Hoy eso no existe. Los países se acercan cuando conviene y se separan cuando dejan de beneficiarse. No es cinismo: es la nueva realidad. Esto significa que:

  • Los intereses concretos valen más que las ideologías
  • Un país puede trabajar con varios a la vez sin comprometerse totalmente con ninguno
  • Ninguna amistad internacional es eterna. Todo depende de lo que se gane

La estabilidad que dábamos por hecha ya no existe

Muchos creían que el mundo tendía siempre a equilibrarse. Ya no. Las grandes potencias mueven sus piezas al mismo tiempo: reorganizan sus fuerzas militares, reorientan su comercio, buscan nuevos socios. El resultado es un escenario que cambia de forma constante, a veces sin aviso.

El escritor José Saramago decía: «El caos es un orden por descifrar». Pero mientras lo desciframos, el riesgo es real: quien no sepa leer las señales, quien planifique con mapas viejos, se perderá. Planear a muy largo plazo con los supuestos de ayer ya no sirve. Quien se adapte rápido, saldrá adelante. Quien se quede quieto, se queda atrás.

¿Qué nos toca a nosotros? América Latina y el Caribe en el nuevo mapa

Aquí está lo que más nos importa. Tenemos una oportunidad que no se veía en décadas: empresas buscan trasladar su producción cerca de los grandes mercados, capitales buscan destinos seguros y nuestra región está bien situada geográficamente. Podemos crecer, diversificar nuestros socios y fortalecer nuestra economía.

Pero también corremos un riesgo profundo. Como advirtió el pensador y expresidente dominicano Juan Bosch, el Caribe ha sido históricamente «frontera imperial»: un lugar donde las grandes potencias definen el destino, sin preguntar a los que viven aquí.

Si no decidimos por nosotros mismos qué queremos y hacia dónde vamos, otros decidirán por nosotros. Podemos ser protagonistas de nuestro propio desarrollo… o simplemente el escenario donde otros actúan. La decisión se toma hoy.

 

 

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