En el Mediterráneo, una flotilla civil que se dirige a Gaza informó haber sido atacada con drones la noche del 24 de septiembre. En respuesta a esto, Italia y España decidieron enviar buques de guerra a la flotilla, no para luchar, sino para ayudar en caso de que fuera necesario un rescate. Esa cuidadosa declaración dice mucho. ¿Están estos países buscando la manera de mostrar su apoyo sin iniciar una pelea que creen que no pueden ganar?
Israel cerró el único paso fronterizo de Cisjordania con Jordania, lo que significa que la única forma que tienen los palestinos de viajar al extranjero —o de enviar o recibir mercancías— es entrar y pasar por Israel. El Primer ministro Netanyahu anunció que se opone rotundamente a la creación de un Estado palestino, y sus acciones para destruir, aislar y fragmentar aún más las comunidades palestinas en Cisjordania tienen como objetivo crear más “voluntarios” para la “emigración voluntaria” que promueve, al tiempo que dificulta aún más la creación de un Estado palestino.
Desde Europa, las noticias sobre drones cerca de los principales aeropuertos paralizaron el tráfico aéreo en Copenhague y Oslo, y la OTAN transmitió una advertencia a Moscú por las supuestas violaciones del espacio aéreo de Estonia. Los funcionarios de la OTAN insisten en que defenderán cada centímetro del territorio aliado, pero evitan precisar qué medidas tomarían.
En Estados Unidos, cientos de médicos y trabajadores de la salud advierten que los recortes y la pérdida de personal están dejando sin atención médica a los veteranos estadounidenses. YouTube, bajo escrutinio político, se retracta de los años de eliminaciones de contenido durante la pandemia y el período electoral. En tanto que los planificadores del Pentágono hablan de controlar el espacio orbital, muchos estadounidenses se preguntan ¿quién se ocupa de las necesidades urgentes más cercanas a casa, quién piensa en el futuro económico del país y del planeta?
Mientras tanto, el Sur Global no se queda esperando a que le den permiso para actuar. Los mandatarios de Brasil, China, Nigeria, Sudáfrica, Turquía, Irán, Jordania, Arabia Saudita, Pakistán y otros países están coordinándose de diversas maneras y de forma más abierta en lo que respecta a las conversaciones de paz, el desarrollo y la forma de mantener su independencia en un mundo en el que la OTAN anglo-estadounidense les exige que elijan un bando.
Hilar esa aguja, día tras día, es un riesgo en sí mismo.
Se necesita un cambio en la geometría estratégica y una nueva arquitectura de seguridad y desarrollo para el mundo.
Es hora de que el llamado “Occidente” se una y contribuya de manera productiva a definir el nuevo paradigma que es imparable.
“Es del interés fundamental de las naciones del Occidente colectivo, que ya no están verdaderamente unidas, que cooperen con los Estados de la Mayoría Global y que aborden de manera conjunta los grandes retos a los que se enfrenta la humanidad: superar la pobreza y el subdesarrollo; garantizar una paz mundial duradera; y garantizar el derecho de todas las personas de este planeta a desarrollar plenamente su potencial”, plantea Helga Zepp-LaRouche en el llamado del Instituto Schiller a los países de Occidente para que cooperen con este nuevo orden económico mundial.

