Por Benjamín Silva Mercedes
A mediados del período 1994-1998 una representación del ayuntamiento de San Pedro de Macorís viajó a la Capital dominicana para visitar en su casa al compueblano y Poeta Nacional Don Pedro Mir. Como invitado especial se encontraba el cantautor y poeta Félix Ramírez Sepúlveda, amigo de Don Pedro y fundador del Departamento de Cultura y Deportes de ese ayuntamiento en el periodo 1986-1990. Yo estaba allí en mi condición de Director de ese Departamento, acompañando al Lic. Nelson Gumbs Gervais, síndico municipal, y a otras autoridades municipales.
Cuando llegamos a la casa y luego de los saludos “protocolares”, el síndico empezó su intervención diciendo: “Don Pedro, excúsenos que le tomemos su tiempo”. Antes de que siguiera hablando, Don Pedro lo interrumpió y en tono casi poético le dijo: “El tiempo lo pueden tomar; lo que no me pueden tomar es el aire, porque lo necesito”. Para ese entonces nuestro Poeta Nacional no se encontraba muy bien de salud y tenía serios problemas respiratorios. Esa condición le obligaba a permanecer en su casa de Santo Domingo.
He querido hacer alusión a esa recordada visita porque a raíz de la pandemia del Covid-19 volví a pensar, y con más conciencia, en la importancia que tiene para toda la Creación el aire que tan libremente respiramos.
Hay personas que se desvelan por tener casas y vehículos de lujo; de tener villas dentro y fuera del país y cuentas en distintos bancos. Personas que viven obsesionados por tener de todo lo que los demás tienen.
Yo estoy ciento por ciento seguro de que ninguna de las personas que en este momento me leen ha necesitado para estar viva, como tampoco yo, de un peso de ninguno de los grandes ricos de República Dominicana, ni de un dólar de Elon Musk ni de Bill Gates; tampoco hemos necesitado tener una villa en Casa de Campo ni en Metro Country Club. Pudiéramos permanecer vivos durante varios años más de vida prescindiendo absolutamente de todo lo anterior. Pero para permanecer vivos, es imprescindible ese aire que respiramos y que, en palabras del poeta español Gabriel Celaya, “exigimos trece veces por minuto”. Aquello cuesta mucho dinero y no lo necesitamos. El aire sí que es otra cosa. ¡Y es gratis! Agradezcamos a Dios la gratuidad del aire que respiramos.

