“El hombre no es el lobo del hombre. ¡Por un Nuevo Paradigma en las Relaciones Internacionales!”, es más que el título de la Conferencia Internacional del Instituto Schiller del sábado 12 y domingo 13 de julio.
(Instituto Schiller).– La intención, así como la resolución, implícitas en lo que dice el título, es luchar por la hegemonía de una visión más elevada de la humanidad que la de la bestial “geopolítica” de hoy en día. La acción directa creativa no violenta, a través de la lucha por soluciones físico-económicas mundiales, es un método ganador mediante el cual nos elevamos por encima de la tragedia cerrada, autoenvolvente y autodestructiva de la violencia, la guerra y la indiferencia moral que es la suma total de la política transatlántica dirigida a unos 8.000 millones de personas en el planeta en estos momentos.
El folleto de The LaRouche Organization (La Organización LaRouche), “Economic Recovery Plan 2025 in the Spirit of 1776” (El Plan de Recuperación Económica 2025 en el Espíritu de 1776), plantea que «podemos revertir absolutamente este colapso, y revivir nuestra economía productiva, pero hará falta un cambio cultural, lejos de la adoración de Mammón [dios de la avaricia] hacia una mejor comprensión de la relación de la humanidad con el desarrollo del futuro de nuestra especie, y el desarrollo de nuestro universo en su conjunto». Por ejemplo, el descenso de Estados Unidos hacia una perspectiva imperial, lastrada por un «dólar zombi» creado mediante la destrucción de la industria, la agricultura y la ciencia avanzada estadounidenses, sólo podría revertirse con un retorno a la economía física productiva. Las manipulaciones monetarias, ya sea a través de aranceles, a través de «criptomonedas» zombis, o a través de otras pseudo-ideas lunáticas de los tarados morales trans-humanos artificialmente inteligentes del Silicon Valley, en realidad están acelerando la pérdida de influencia mundial y de poder mundial de Estados Unidos a corto plazo, por mucho que se grite lo contrario.
Una borrachera de un billón de dólares es una borrachera de un billón de dólares. El sistema transatlántico, que incluye a Estados Unidos, está mucho peor. El sistema «monetario de casino» posterior al Bretton Woods, intoxicado por la guerra, debe la impagable cantidad de más de dos mil billones de dólares. Los «mil millones de oro» del sector transatlántico forman parte de este sistema en quiebra, que pretende ser no sólo solvente, sino vibrante e incluso lucrativo. Mientras tanto, «afuera de este», al menos 6.000 millones de los otros 8.000 millones de habitantes del planeta, sobre todo en África, Sudamérica y Asia, están tomando una decisión diferente a la de seguir participando en ese videojuego financiero.
El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, declaró el 7 de julio en una rueda de prensa al término de la cumbre del BRICS en Brasil: «En su discurso por medio de videoconferencia a la Cumbre del BRICS, el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, dijo que el antiguo sistema atendía principalmente a los intereses de los mil millones de oro. La era actual se está alejando de ese pasado. Todos dan prioridad a los principios que promueve el BRICS como base de una cooperación verdaderamente multilateral, equitativa y mutuamente beneficiosa entre todos los países».
Sobre el BRICS, el Presidente Donald Trump dijo el 8 de julio: «El BRICS fue creado para deteriorar nuestro dólar, para sacar a nuestro dólar del estándar», y dijo que ese resultado sería tan malo «como perder una guerra, como perder una guerra mundial». Sin embargo, el BRICS no fue creado con el propósito de crear una moneda alternativa al dólar. El BRICS existe para que esas naciones que han sido consideradas «diferentes» con respecto a Europa —esas naciones a las que el ex jefe de la diplomacia europea Josep Borrell y otros se han referido, y consideran, como «la jungla»— trabajen juntas económicamente en su propio beneficio, a su manera, y con naciones que no las consideran inferiores.
La Mayoría Global, en particular los del Sur Global, han pasado por la cruel estafa de pagar físicamente, con sus materias primas, metales preciosos, alimentos y su sangre, deudas que, para empezar, nunca contrajeron en realidad. Gracias a la «aritmética de los banqueros», durante décadas, al igual que los aparceros del sur de Estados Unidos, han pagado mucho más de lo que han incurrido. Debido a que los dirigentes de Estados Unidos no estudian las ideas del economista y estadista Lyndon LaRouche, ni siquiera se dan cuenta de que la idea del Puente Terrestre Mundial, desarrollada a finales de los años ochenta y principios de los noventa por Lyndon LaRouche desde la celda de una prisión, buscaba precisamente integrar a África, Asia y América del Sur y América Central. Esto, en colaboración con China y otros miembros del BRICS, y no en oposición a ellos, será la clave de un Plan de Recuperación Económica de Estados Unidos para 2025 y 2026. Podría producirse justo a tiempo para el 250 aniversario de la Revolución Americana anticolonialista, iniciada en realidad en la década de 1760, que culminó con la Declaración de Independencia y, más tarde, en la Constitución de Estados Unidos.
Nuestro trágico trayecto actual nos fue trazado por completo por la inteligencia británica y el Real Instituto de Asuntos Internacionales (la llamada Chatham House) como sus “socios menores” estadounidenses; los mismos que atacaron la reunión del BRICS. La Chatham House quedó especialmente decepcionada de que ni Xi Jinping ni Vladimir Putin estuvieran en la recién concluida Cumbre del BRICS. Se tenía la esperanza de que al inducir al Presidente Donald Trump a atacar al BRICS por su nombre (cosa que ya hizo) la «inteligencia» británica podría así subir la apuesta de la división, en especial entre Trump y China. La Chatham House afirma que el propio BRICS está «dividido» entre los «antioccidentales» (Rusia y China supuestamente) por un lado, y los «no antioccidentales» (India y Brasil) por otro; los británicos suelen descartar a Sudáfrica por motivos racistas.
La conferencia en Berlín de este fin de semana demostrará lo contrario de Chatham House: «¡Un Nuevo Paradigma en las Relaciones Internacionales!». Su naturaleza resultará muy familiar a quienes conozcan sobre el Presidente de Estados Unidos (1825-1829) John Quincy Adams, quien fue antes Secretario de Estado de EU. Será aún más claro para quienes conozcan el proceso de 1644-1648 que dio lugar al Tratado de Westfalia. Las recordadas palabras de Quincy Adams, «Mantente siempre firme en tus principios… incluso si estás solo», deberían tenerse presentes en esta turbulenta situación, al momento de leer el décimo de los Diez Principios para una Nueva Arquitectura Internacional de Seguridad y Desarrollo presentados por Helga Zepp-LaRouche para su reflexión:
«El supuesto básico para el nuevo paradigma es, que el hombre es fundamentalmente bueno y capaz de perfeccionar infinitamente la creatividad de su mente y la belleza de su alma, siendo la fuerza geológica más avanzada del universo, lo que demuestra que las leyes de la mente y las del universo físico están en correspondencia y cohesión, y que todo el mal es el resultado de una falta de desarrollo, y por lo tanto puede ser superado». Debemos esmerarnos por que toda política en las relaciones internacionales, y en esta crisis, parta de ese principio

