
13 de septiembre de 2024 (EIRNS).— ¿Por qué Londres y Washington creen que tienen que empujar un enfrentamiento termonuclear con Moscú esta semana?
El secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, y el ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido, David Lammy, llegaron ayer juntos a Kiev. Sería bastante extraño que ambos se limitaran a asistir a la hiperventilada reunión denominada “Plataforma de Crimea”, dedicada a conquistar y ocupar la península. Sin embargo, han dejado claro que las conversaciones privadas que tuvieron ayer en Kiev versan sobre el uso de misiles occidentales de largo alcance para atacar en profundidad a Rusia. El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, acudirá a la Casa Blanca el viernes 13 de septiembre para cerrar el acuerdo.
Aunque ciertamente no es alarmista, el analista político y experto en Rusia, Gilbert Doctorow, dio ayer la voz de alarma ante la “casi certeza de que Estados Unidos y Gran Bretaña acaban de acordar dar permiso al régimen de Zelenskipara utilizar los misiles de largo alcance”. Luego de explicar el estado de desesperación y temeridad que implica el que Zelenskyy se despoje de sus defensas en el Donbás para ejecutar un peligroso truco de relaciones públicas con el objetivo de “conquistar” una parcela inútil e indefendible de Kursk, Doctorow planteó que ello no hace sino preparar “el escenario para otro acto absolutamente desesperado y temerario del gobierno de Biden para privar a Rusia de su bien ganada victoria, intensificando el conflicto hasta convertirlo en una guerra mundial”. Además del misil estadounidense ATACMS, señala al Storm Shadow del Reino Unido y “probablemente también el misil furtivo de 1500 km de alcance conocido como JASSM para golpear en lo más profundo del corazón ruso…. No puedo decir lo cerca que estamos de la medianoche en el reloj de la guerra nuclear. Pero una Tercera Guerra Mundial librada al menos inicialmente con armas convencionales está ahora a sólo días, a lo sumo semanas de distancia”.
Cada paso que se ha dado ha venido acompañado de la garantía pública, en realidad el mantra, de que esta nueva escalada tiene sentido, porque así Ucrania derrotará militarmente a Rusia. Por supuesto, eso es una tontería transparente. Nunca se ha tratado de otra cosa que de jugar al juego de retar a Rusia a ver “quien se raja primero” a utilizar un arma nuclear, con la idea demente de que eso hará retroceder a una Rusia humillada para luego destrozar al país en pedazos impotentes. ¿Por qué? Porque el imperio de derivados financieros con centro en Londres no puede permitirse naciones soberanas, no puede tolerar la oposición.
Hoy, en la conferencia del BRICS sobre seguridad nacional, en San Petersburgo, Rusia, el ministro de Asuntos Exteriores de China, Wang Yi, se reunió con el secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, Sergei Shoigu, donde lo que se destacó fue la misión conjunta de China y Rusia para dar forma al mecanismo del BRICS en un canal importante para las nuevas potencias emergentes y en una importante plataforma para la solidaridad y la cooperación del “Sur Global”. Esto es más que un indicio de oposición organizada.
El 13 de septiembre vienen los británicos, para sellar el compromiso del gobierno de Biden con ese enfrentamiento termonuclear. Además, en el Consejo de Seguridad de la ONU, está previsto que haya deliberaciones sobre el envío de armamento a Ucrania. Muy bien. También el viernes 13 de septiembre se convoca la 67ª sesión semanal consecutiva de la Coalición Internacional por la Paz. El examen de los primeros minutos de la sesión de la semana pasada titulada “¡Enjaulen a los ‘perros de la guerra’!”, convencerá a cualquier ser humano normal de que ese es el lugar donde hay que estar el próximo viernes, en la cita de esta semana con el destino.

