Por NELSON DEL POZO GUZMÁN
Entradilla: El triunfo de Lula da Silva no solo frena el avance neofascista en América Latina. Por primera vez, la organización popular logró hackear la maquinaria de desinformación de la ultraderecha. La lección brasileña es una hoja de ruta urgente para la resistencia global.
El triunfo de Lula da Silva en Brasil pone un stop a los triunfos neofascistas y enciende la chispa de la reconfiguración del mapa político de América Latina. Pero su impacto va mucho más allá: marca un terremoto en la guerra digital contemporánea. Por primera vez, la movilización popular y la organización colectiva lograron hackear la maquinaria de desinformación de la extrema derecha, demostrando que la voluntad humana puede prevalecer sobre los ejércitos de bots. Este quiebre estratégico ofrece una lección fundamental y un impulso moral para los próximos desafíos electorales en Occidente, donde las fuerzas progresistas se juegan el todo por el todo frente al avance del neofascismo.
El «Ejército de Lula»: la caída de un mito digital
El análisis de la victoria popular en Brasil deja una conclusión inequívoca: las redes sociales ya no son territorio exclusivo de la reacción. El núcleo del éxito radicó en la capacidad de la izquierda brasileña para disputar la guerra cultural en el ecosistema digital, un campo que se creía dominado por la manipulación masiva de la ultraderecha.
A través de una estructura orgánica de mensajería, la campaña lulista articuló el «Ejército de Lula»: una red que combinó la militancia a pie de calle con la producción masiva de contranarrativas en plataformas de mensajería. El resultado fue la neutralización del relato bolsonarista, evidenciando que la verdad comunitaria y la organización digital descentralizada pueden desmontar los sesgos algorítmicos diseñados para sembrar el miedo. El canal de WhatsApp gestionado por el diputado André Janones, que superó los 10 millones de seguidores, es la evidencia tangible de que la desinformación se puede contrarrestar y la militancia se puede movilizar. No fue magia; fue organización.
El eco en el norte: la batalla por el voto migrante
El eco de la victoria brasileña resuena con fuerza en el escenario político de los Estados Unidos. La consigna compartida por activistas internacionales es clara: es imperativo movilizar el voto migrante y progresista para frenar las aspiraciones de Donald Trump. La estrategia contestataria exige una activación sin precedentes de las redes de contactos en territorio estadounidense.
El foco de esta movilización se centra en canalizar el apoyo hacia las expresiones más transformadoras del espectro político norteamericano, representadas por corrientes como los Socialistas Democráticos de América (DSA) dentro de la coalición del Partido Demócrata. Ante la amenaza del retorno de una agenda de exclusión, la diáspora y los aliados globales asumen la responsabilidad histórica de impulsar una participación masiva que actúe como un dique de contención antifascista.
La resistencia mediterránea: el frente ibérico del 29 de noviembre
La batalla contra la internacional reaccionaria tiene su próxima estación crucial en la península ibérica. De cara a las elecciones del 29 de noviembre de 2026 en España, los movimientos sociales advierten sobre la urgencia de construir un bloque histórico de resistencia frente a la alianza del Partido Popular (PP), Vox y sus satélites ideológicos.
La propuesta de acción política pasa por articular y promover el voto hacia las opciones que representan la justicia social y la plurinacionalidad. Para orientar al votante, el mapa de fuerzas es diverso y cada una juega un papel distinto: PODEMOS (como eje de impugnación y firmeza ideológica), Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y las fuerzas soberanistas de izquierda (defensoras de la plurinacionalidad), el PSOE (como fuerza mayoritaria de gestión institucional frente a la amenaza de recortes) y Sumar/Frente Amplio y las confluencias alternativas en cada comunidad autónoma. No es un bloque único, sino un frente común con identidades propias.
El factor humano contra la pesadilla automatizada
El fin de año se presenta como un escenario de confrontación abierta entre dos modelos de sociedad. Por un lado, los intereses inhumanos que buscan perpetuar sus beneficios a través de la desinformación; por el otro, la dignidad organizada del ser humano que reclama su derecho a decidir su propio destino. La lección de Brasil está dada: la ultraderecha no es invencible ni en las urnas ni en las pantallas. La tarea actual es replicar la fórmula de la audacia digital y la movilización popular en cada rincón del planeta. La humanidad, organizada, sigue teniendo la última palabra.

