Home Nacionales El arroz dominicano no pierde solo por el precio: también pierde por la trampa

El arroz dominicano no pierde solo por el precio: también pierde por la trampa

by Redacción

Por Félix Adalberto Bautista

 

Lo bueno: tenemos una ventaja que no viene en un tratado

Toda crisis tiene solución cuando buscamos soluciones y no solamente culpables. La del arroz exige defender un alimento esencial y el trabajo de miles de familias.

Tengo 15 años en restaurantes y catering. En este negocio, el arroz es fundamental. Después de muchas pruebas de calidad, rendimiento y aceptación, elegimos Arroz Campos, de Prodal .
Aquí vale reconocerlo.

Con el encarecimiento de los alimentos he probado más de 12 marcas buscando ahorrar sin sacrificar calidad. Mis clientes detectan el cambio, reclaman y debo volver a Campos.

Mi experiencia no representa a todos los consumidores, pero muestra una fortaleza: el sabor, la textura y la cocción tienen valor. Un arroz más barato no siempre sustituye al que el cliente prefiere. Esa identidad debe ser el ancla de nuestra defensa comercial.

 

Lo malo: tuvimos tiempo y seguimos arrastrando problemas

La apertura del DR-CAFTA no apareció de sorpresa. Tuvimos cerca de dos décadas para prepararnos mejor. Hubo avances, pero siguen pendientes problemas de escala, mecanización, financiamiento, mano de obra y costos de combustible.

Muchos pequeños productores trabajan parcelas que dificultan repartir esos costos. No basta con pedirles que sean competitivos: necesitan asociarse, compartir maquinaria y comprar insumos en conjunto.

También debemos hablar del agua. Donde no exista disponibilidad suficiente y sostenible, insistir en sembrar arroz sin resolver el riego puede convertir cada cosecha en una apuesta contra el bolsillo del agricultor.

 

Lo incómodo: el enemigo también puede estar dentro

El problema no es la nacionalidad del competidor. También hace daño quien sacrifica al productor y engaña al consumidor para aumentar su ganancia. Y cualquier funcionario que facilite trampas, negocios indebidos o controles complacientes debe responder por sus actos.

Importar legalmente es una actividad legítima. Ocultar el origen o vender una mezcla como si fuera arroz dominicano es engañar.

Propongo impulsar una ley de protección del origen y trazabilidad, con denominaciones de origen donde corresponda y un sello verificable para la producción nacional. El arroz importado debe mostrar claramente su país de origen y su bandera, en un lugar visible, incluso en el lateral de la funda.

El propósito es claro: propongo que sea ilegal mezclar arroz importado con arroz dominicano para usar el sabor y la textura del nacional como camuflaje del producto extranjero. Que el consumidor pueda distinguirlos y decidir qué compra. Mi propuesta va más allá de exigir una etiqueta: busca prohibir esa mezcla y penalizar su incumplimiento con multas millonarias y, en los casos graves que defina la ley, prisión, con pruebas y debido proceso. Su diseño debe revisarse para respetar los acuerdos comerciales.

El sello nacional debe reservarse para el arroz cultivado aquí, respaldado por registros y controles que permitan seguirlo desde la finca hasta el empaque.

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