(Instituto Schiller).- La crisis actual, caracterizada por la escalada de los precios y la escasez de alimentos, de combustible, de insumos agroindustriales, agua y productos de primera necesidad, pone de manifiesto la desintegración económica mundial en curso, después de las ondas de choque generadas la pasada primavera cuando Estados Unidos e Israel lanzaron la guerra contra Irán.
A esto se suma el continuo apoyo de Europa a Ucrania para que ataque a Rusia. Actualmente, se prevé que la producción mundial total de cereales en esta campaña agrícola disminuya al menos un 2,5% con respecto al año pasado, y que siga cayendo a medida que avancen las temporadas de siembra y cosecha.
Los volúmenes del comercio mundial de fertilizantes han caído entre un 20% y un 25% este año, lo que ha obligado a los agricultores de África y otras regiones a reducir la producción, a cultivar menos tierra, a obtener menores rendimientos y a adoptar otras medidas. Antes de esta tendencia, 2.000 millones de personas ya se encontraban en situación de inseguridad alimentaria. Las reservas mundiales de combustible se han ido agotando de forma constante durante los últimos seis meses y siguen disminuyendo día a día. Los precios del diésel se están disparando, lo que está provocando una crisis en los sectores productivos de todos los países en el mundo.
La semana pasada, los gobernadores de diez estados agrícolas de EE. UU. emitieron órdenes de emergencia sobre los precios del gasóleo, con la esperanza de poder superar la temporada de cosecha de otoño. El precio del azufre, un elemento fundamental para la industria manufacturera y el procesamiento de fertilizantes, ha subido un 190% con respecto al año pasado.
¿Hay alguna excepción a esta espiral descendente? En Eurasia, se han puesto en marcha a toda prisa compromisos bilaterales de contingencia, por ejemplo, para garantizar el suministro de fertilizantes a la India desde Rusia, para suministrar combustible de aviación al sudeste asiático desde China, y para que el cereal ruso llegue a los puntos del mundo donde se necesita saliendo de puertos del Lejano Oriente, e incluso del puerto ártico de Murmansk, recorriendo miles de millas por ferrocarril, ahora que el corredor de cereales del Mar Negro está cerrado.
Pero las principales capitales occidentales son tan incompetentes como inmorales: se niegan a poner fin a la guerra y a la militarización. La Unión Europea planea ahora un recorte del 20% en las ayudas a los agricultores de 27 países, por motivos “ambientales”, y con el fin de destinar fondos de la UE al rearme frente a una supuesta amenaza rusa. Las marchas de tractores de los agricultores han vuelto a comenzar en señal de protesta en varios países europeos.
En Washington, el presidente Trump habla paja sin ton ni son. Alega que está beneficiando al mundo al exportar petróleo de Venezuela, ahora que se ha hecho con el control de ese país y ha secuestrado a su presidente. Es posible que recorte las exportaciones de diésel de EE. UU. como maniobra electoral antes de las elecciones de noviembre, lo que causaría el caos en la región transatlántica. Luego alega que apoya a los ganaderos estadounidenses, pero ordena no obstante la importación de carne de vacuno de Brasil.
Su escuadrón de choque del ICE (servicio de inmigración) arremetió la semana pasada contra los ganaderos de Kansas y Oklahoma, cerrando de repente el 20% de la capacidad de procesamiento de carne de vacuno de EE. UU. durante varios turnos de trabajo en cuatro plantas del suroeste de Kansas. Mientras tanto, el gobierno de Trump se regodea ante el hambre, los apagones eléctricos y el sufrimiento de millones de personas en las costas vecinas de Cuba y Haití.
En el espíritu de la movilización internacional para una cumbre mundial de paz de emergencia, estamos llamados a detener esta locura y establecer el programa de una acción económica de emergencia multinacional que beneficie a todas las naciones del planeta. La colaboración puede superar la crisis que está en marcha.
Este potencial quedó implícito en la cumbre de la semana pasada entre el presidente de China, Xi Jinping, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quienes se han comprometido a reunirse de nuevo dos veces antes de que termine el año. ¡Es hora ya de un mundo de “socios, no rivales”!

