Por NELSON DEL POZO GUZMÁN
El ajedrez morado se puso color de hormiga. En esta pelota política ya nadie juega por la camiseta ni por la vieja disciplina de Juan Bosch: cuando el barco hace agua, cada quien amarra su lancha.
Abel Martínez rompió el libreto de los jefes. Mantener su apego a las normas que dan legitimidad al proceso electoral no es terquedad: es no dejarse madurar en la mata malograda. Prefiere hacer su propio coro antes de que lo dejen sin pito y sin flauta. Sabe que camarón que se duerme, amanece en la cocina del vecino.
Y por los predios de Francisco Javier García el grito no es teoría: es dato crudo. Más de medio millón de peledeístas borrados del padrón y denuncias de un «mercado persa» para comprar voluntades. El estratega exige cuentas claras frente a una exclusión que cojea de legalidad.
Esto ya lo vimos. Es el reperpero de 2019, cuando el viento de invierno sopló verde y Leonel Fernández salió por la puerta de la discordia. La historia repite que cuando el aguacate madura, cae por gravedad directico a la parcela del frente.
En medio del avispero, Danilo Medina tiene el tremendo bobo de controlar una parcela donde todos miran de reojo la finca ajena. La matemática callejera no falla: o la cosecha morada se queda en casa en las arganas y lomo del penco o se riega en el camino y termina recogida por otras manos.
Que la Virgen de las Mercedes se apiade, porque si el río sigue subiendo, no habrá quien apague la luz. Y el PLD, más temprano que tarde, tendrá que decidir si se desbanda o institucionaliza: porque con estos vientos, puede ocurrir que al, amanece los aguacates esten al otro lado en patio de su vecino.

