Por ING. ERICK SARANTE
Especialista en Seguridad e Inteligencia de Riesgos | Experto en Geopolítica | MBA
Máster en Defensa y Seguridad Nacional | Asesor Estratégico | Escritor | Poeta
El martes 8 de septiembre, a las 10:00 de la mañana, el país hizo una pausa. Oficinas, escuelas, empresas y hogares se sumaron al Simulacro Nacional de Evacuación por Terremoto. No se trataba de predecir un sismo ese día. Se trataba de algo mucho más importante: comprobar si estaremos listos cuando ocurra de verdad.
Las cifras son alentadoras: según el Centro de Operaciones de Emergencias (COE), participaron unos 3.2 millones de personas y más de 12,500 instituciones, empresas y centros educativos. El presidente Luis Abinader encabezó el ejercicio desde el Palacio Nacional y resaltó la necesidad de mantenernos siempre preparados ante un evento sísmico.
Sin embargo, la cantidad de personas que salieron a evacuar no debe ser la única medida del éxito. Un simulacro sirve para encontrar los fallos antes de que la emergencia sea real. Y este año, el ejercicio dejó enseñanzas claras y también señales de alerta.
La alerta llegó a la mitad del país: ¿qué pasará en una emergencia real?
Una de las grandes novedades fue el uso del sistema Cell Broadcast, que envía avisos directamente a los teléfonos móviles, y la plataforma de drones VAPRE‑M2, para apoyar las labores de respuesta. Son avances muy valiosos. Pero hay un dato que debemos mirar con seriedad: la alerta masiva alcanzó solamente a cerca del 50 % de la población.
Muchos ciudadanos reportaron que, aun teniendo activadas las notificaciones de emergencia, nunca recibieron el mensaje o llegó con retraso. Las autoridades se han propuesto llegar al 100 % de cobertura, trabajando con el Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones. Esa meta no puede esperar. En un terremoto, no tendremos una segunda oportunidad para avisar.
La otra falla: ¿sabemos realmente qué hacer?
El problema no está solo en la tecnología. Está también en nosotros.
Tras el simulacro, en redes sociales y en conversaciones cotidianas surgieron preguntas básicas: ¿cómo actuar si el sismo me sorprende adentro? ¿Por dónde salir si hay una sola puerta? ¿Cómo ayudar a un niño, un anciano o una persona con discapacidad?
Estas dudas no son detalles menores. Son la señal más clara de que todavía hay mucha gente que no tiene claro su papel ante una emergencia. La preparación no puede quedarse solamente en oficinas y escuelas. Tiene que llegar a cada familia, a cada comunidad, a cada edificio.
Cada hogar debería saber dónde reunirse tras evacuar. Cada edificio debería tener rutas de salida claras. Cada institución debería saber reaccionar si se va la luz, se cortan las comunicaciones y se dañan las vías al mismo tiempo. Y debemos prestar atención especial a quienes más dependen de ayuda: personas hospitalizadas, adultos mayores, personas con discapacidad y poblaciones en situación de vulnerabilidad.
Movilización no es lo mismo que estar preparados
El balance es positivo: el país demostró que puede coordinarse y movilizarse. Pero no debemos confundir “salir a evacuar” con “estar listos”.
Lo más valioso de este simulacro no es cuántos participaron. Es lo que descubrimos que falta:
- ¿A cuánta gente no le llegó la alerta?
- ¿Cuánto tiempo tardó en llegar?
- ¿Faltaron rutas, señales o ayuda?
- ¿Qué pasó con quienes necesitan apoyo especial?
Los próximos simulacros deben ser más exigentes: deben incluir escenarios realistas como caída de comunicaciones, daños en edificios, incendios, servicios limitados y personas atrapadas. Porque un terremoto no va a esperar a que terminemos de organizarnos.
La conclusión
República Dominicana no puede evitar que ocurran sismos. Lo que sí puede hacer es reducir su impacto. Y eso no se logra el día del simulacro. Se logra antes: mejorando la cobertura de las alertas, enseñando a cada familia cómo reaccionar, y asegurando que nadie se quede sin aviso ni sin ayuda.
La pregunta que cada dominicano y cada institución debe hacerse no es “¿participaste?”. La pregunta es:
- ¿Estamos listos para recibir la alerta, reaccionar bien, proteger a los más vulnerables y mantenernos en pie cuando llegue el sismo de verdad?
El simulacro terminó. La preparación no debe terminar nunca.

