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Comercio de oro y bienes totales de RD con el resto del mundo

by Redacción

Por Luis Humberto Vargas
*Investigador del Centro de Estudios Económicos y Sociales Padre José Luis Alemán, S.J.
(CEPA) de la Pontificia Universidad Madre y Maestra (PUCMM)

 

La escalada empinada de la cotización internacional del oro ha provocado en los últimos años una gran subida del valor de las exportaciones de doré (mezcla de oro, plata y otros metales) y, más aún, del balance superavitario de las relaciones comerciales de la economía dominicana con varias naciones de la economía mundial.

En concreto, según datos publicados por la Dirección General de Aduanas (DGA), correspondientes a enero-noviembre de los años 2023, 2024 y 2024, la partida del metal amarillo y otros productos semejantes alcanzó un saldo positivo neto valuado en US$4,813 millones, como resultado de un importe exportado por US$6,381 millones, mucho mayor que el montante importado por US$2,068 millones; en un escenario internacional de presión alcista de la cotización multinacional de la onza de oro troy, cuyo promedio anual, a fines de noviembre, tabuló aproximadamente US$1,943.0 en 2023, US$2,300.0 en 2024 y US$4,000.0 en 2025. De hecho, esta remonta incontenible se reafirmó el 14 de enero del corriente 2026 con US$4,618.

El excedente se obtuvo fundamentalmente gracias a transacciones sostenidas de la nación dominicana con los siguientes tres países, según orden de importancia establecido en términos de valores absolutos y relativos:

En primer lugar, India con un superávit de US$2,282millones, fruto de un valor exportado (US$2,284 millones) frente al montante importado (US$2 millones); vale apuntar, un balance positivo en oro y otros igual al 52,91% de la cuenta superavitaria aurífera global valuada en US$4,314 millones. Este país asumió definitivamente el liderazgo como principal socio comercial del metal oro de la nación dominicana en 2025, con un monto exportado por US$1,434 millones, desplazando en consecuencia a Suiza.

En segundo lugar, Suiza con US$1,455 millones, a resultas de una cantidad exportada (US$1,481 millones), muy por encima de la importada (US$6 millones), pese al derrumbe observado de la cuantía de exportación desde US$704 en 2023 hasta US$79 millones en 2025, con la consiguiente pérdida del primer puesto en el ranking de los más importantes destinos exteriores del metal aurífero de la economía dominicana.

Y, en tercer lugar, Estados Unidos con US$1,020 millones, producto de exportaciones (US$2,106 millones) superiores a las importaciones (US$1,066 millones), en gran proporción debido a la balanza excedentaria del régimen comercial de zonas francas industriales (US$830 millones o 81.37% de la suma total del superávit aludido con anterioridad), a raíz del rentable negocio de las operaciones de venta y compra de insumos y bienes preciosos dominico-estadounidenses. Por tanto, no hay necesidad de que República Dominicana firme una cláusula contractual con Barrick Gold que obligue a esta multinacional a orientar una cuota de su producción local al mercado dominicano para manufacturar prendas, toda vez que nuestro país produce doré que se refina en Suiza y, más aún, en India; en tanto, las zonas francas dominicanas arrojan también un saldo excedente en la comercialización de manufacturas de oro y otros.

 

La relevancia de la producción local y comercialización foránea de doré en la matriz productiva y generación de renta en forma de divisas de la economía dominicana radica sustancialmente en la encumbrada gravitación del valor exportable de oro y bienes similares en las exportaciones totales y, al mismo tiempo, en la baja ponderación de los valores importados de dichos rubros en las importaciones globales.

La racha ascendente del precio internacional del metal amarillo radica en las cuantiosas inversiones de capitales realizadas en títulos, proyectos y reservas de bancos centrales en este tipo de metal; a la misma vez que el dólar estadounidense pierde paulatinamente su rol hegemónico en el sistema monetario y financiero mundial.

En verdad, el oro no cesa de convertirse en refugio de innumerables y diversos capitales, tras sucesivas crisis económico-financieras, tales como la de las hipotecas subprime sin respaldo de valor en 2007-2009, la depresión de 2020-2021 durante Covid-19 y la astronómica dupla de astronómicos déficits fiscales y consiguientes endeudamientos públicos en Estados Unidos y otras naciones desarrolladas, cuyo monto se estima a la fecha de hoy en casi 39 billones (millones de millones) de dólares, con un pago de intereses anual de más de un billón de dólares y un impacto negativo en términos de generación presiones inflacionarias incontenibles y cargas de obligaciones crediticias adversas el crecimiento real del valor agregado y el producto interno bruto reales.

En estas circunstancias, República Dominicana sufre el doble embate de una gestión errática tanto empresarial corporativa, a cargo de Barrick Gold, como administrativa gubernamental, bajo la responsabilidad de Abinader-PRM.

En el primer caso, porque la bajada del volumen de producción repercute, por un lado, en una suba del costo de producción de mantenimiento unitario y, por el otro, en una alza de la rentabilidad corporativa; tras el incremento de las cotizaciones internacionales en mayor proporción mayor que el decremento de las cantidades producidas, con consecuentes perjuicios a las reclamaciones de luna justa distribución de las rentas auríferas entre los trabajadores mineros, las comunidades vecinas, las cuentas fiscales gubernamentales y empresas corporativas.

Y en el segundo, porque las autoridades gubernamentales ante el galope histórico de los precios de los metales preciosos oro y plata se niegan a renegociar el contrato firmado con Barrick Pueblo Viejo y, por consiguiente, defender los intereses nacionales, en particular los recursos naturales y mineros, en provecho de las capas populares, las clases trabajadoras nacionales e inmigrantes y la matriz de producción nativa compuesta por innumerables empresas privadas y públicas así como por las múltiples actividades de subsistencia familiar en las zonas urbanas y rurales de Republica Dominicana.


Foto: Magda Ehlers

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