Por RAFAEL MÉNDEZ TEJEDA
El cambio climático no elimina la probabilidad de frío, pero sí intensifica los extremos
Cada vez que ocurre una ola de frío intenso en Estados Unidos o en otra región del planeta, algunos ponen en duda el calentamiento global. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. El calentamiento global no significa que todo el planeta simultáneamente se enfríe o se caliente. Significa que el sistema climático se volvería más inestable y extremo.
Vamos por parte. El clima ha cambiado siempre y eso es cambio climático. Pero el concepto de calentamiento global actual significa que el planeta, en los pasados 150 años, justo a partir de la Revolución Industrial, ha aumentado su temperatura de forma alarmante en poco tiempo.
Ciertamente el planeta estuvo más caliente que ahora, pero eso ha ocurrido en millones de años. Al presente estamos hablando de decenas de años y para los humanos esto es muy acelerado.
La Tierra está rodeada de una capa de aire llamada atmósfera, que se divide en capas. La primera capa se denomina troposfera, que comprende los primeros 15 kilómetros de la atmósfera aproximadamente. Es la parte más baja, donde vivimos y donde ocurre el tiempo atmosférico (weather), generación de lluvia, viento, nubes y huracanes, por ejemplo. Es también donde se concentran los gases que emitimos de forma natural o humana (antropogénica). Algunos de estos gases reciben el nombre de gases de efecto invernadero. En ese grupo se incluyen dióxido de carbono, metano y vapor de agua. Estos gases funcionan como un cristal, que permite que la luz solar en forma de energía penetre a la Tierra y también salga como reflejo al espacio. La enorme acumulación de estos gases disminuye su capacidad de salida al espacio, por lo que atrapa mucha radiación, calentando enormemente nuestro planeta.
Paradójicamente, el exceso de calor favorece eventos fríos extremos. Sucede porque el calentamiento del Ártico debilita el chorro de aire frío polar, corriente de aire que normalmente mantiene el aire frío confinado cerca del polo norte, en este caso. Cuando se rompe su equilibrio, el sistema se debilita facilitando que la masa de aire polar se desplace más hacia el sur. Esto provoca olas de frío polar intensas, que pueden llegar hasta latitudes medias (Estados Unidos, Europa y Asia).
El 2025 constituyó un año récord en cuanto al calor absorbido por los océanos. Se registró el mayor nivel de calor registrado desde que existen mediciones modernas.
La nieve, por otro lado, también se relaciona con el calentamiento global. La nieve es agua congelada. Es agua que primero está en la Tierra, en sus diferentes cuerpos de agua. Y la única forma de llegar a la atmósfera es mediante un proceso de evaporación. Para eso necesita calor. Al llegar a la troposfera, en forma de vapor de agua, se congela. Es así porque en esta capa la temperatura disminuye con la altura. Una vez en la atmósfera, el vapor se condensa y debe precipitarse. Ocurre en una de dos formas: como precipitación líquida (lluvias), o de forma sólida (nevadas o granizadas).
En resumen, una ola de frío extremo reafirma el calentamiento global. Es parte de lo que llamamos clima extremo o variable. El cambio climático no elimina la probabilidad de frío, pero sí intensifica los extremos. Por lo tanto, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que las nevadas y las olas de calor son dos caras de la misma moneda, el calentamiento extremo del planeta Tierra.

