La responsabilidad y valentía de Melisa Jean Batista, la madre a quien se le murió su recién nacido hijo apresado en el Centro de Procesamiento Migratorio de Haina, contrasta con la actitud del personal médico que en el Hospital Nuestra Señora de Regla, en el municipio de Baní de la provincia Peravia, donde dio a luz la joven haitiana de 20 años, entregada al personal migratorio por encontrarse en condición irregular.
Cierto es que los médicos de ese y otros hospitales pudieran alegar, en su beneficio, las disposiciones del presidente Luis Abinader que, en abril pasado, en un acto de soberbia de poder, falto de sensibilidad y desbordado de empatía con una campaña sustentada en prejuicios raciales, dictó disposiciones para limitar el servicio a parturientas haitianas, las que si son atendidas, la atención se les brinda en emergencias, de donde la paciente es repatriada una vez recuperada.
Eso hicieron los médicos que asistieron a la joven madre: la atendieron cual si su caso fuera “de emergencia “, pero parece que olvidaron examinar las condiciones de salud del recién nacido, quien apenas horas después murió en otro hospital, en el de San Cristóbal, adonde lo trasladaron desde el centro de custodia de haitianos-as sin documentación que avale su condición de inmigrante regularizado en el país.
Las autoridades del centro de repatriación aseguran haber procedido de acuerdo al protocolo auscultando las condiciones de salud de la parturienta y su bebé, y el testimonio de la madre, referido por las autoridades, dice que en horas de la madrugada el recién nacido “presentó un episodio repentino de inquietud, seguido de hipo y señales de dificultad respiratoria”, condición que parece la prisa del personal del Hospital banilejo le impidiera detectar cuando recibieron al niño.
Una de las supuestas razones del presidente Abinader para implementar el Protocolo de Atención a las parturientas haitianas en los hospitales públicos del país es la supuesta saturación que en esos servicios producen, argumento que en esta semana impugna una indagatoria que en las estadísticas del Sistema Nacional de Salud hizo Amnistía Internacional, donde revela cifras que desmienten y desmitifican la narrativa de que las haitianas son más beneficiadas en esos centros que las dominicanas.
Amnistía Internacional, – quién una vez más será satanizada por esta información, dice que esa narrativa «carece de sustento empírico sólido» pero que ha influido en la creación del «Procedimiento de gestión de los servicios de salud a pacientes extranjeros», conocido popularmente como el protocolo de repatriación de parturientas, que es un cerco militar de los hospitales para controlar la presencia de pacientes haitianas, para lo que cuentan con la genuflexión del personal administrativo y médico.
Esa actitud del personal médico, la que Melisa Jean Batista desafío porque conocía cuál sería el próximo paso que le reservaba su decisión, revela que muchos médicos resignan el juramento hipocrático que los compromete a que “deben actuar siempre en beneficio del paciente y evitar todo daño”, y que le falta valentía, esa que tuvo el doctor Marcelino Vélez Santana, quien se arriesgó a atender como pacientes aparte de los que ajusticiaron al dictador Trujillo, en un ambiente de persecución implacable a ellos y a quienes osaron prestarle ayuda.

