No debemos asumir que los «acontecimientos extremos» que han ocurrido en los últimos cinco días se originan necesariamente por causas distintas. Por ejemplo, ¿existe acaso un proceso más amplio que subsume a) el ataque israelí, aparentemente con conocimiento del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para asesinar a los negociadores de Hamás en Doha; b) el intento de afirmar, sin pruebas, que Rusia haya atacado con drones a Polonia; y c) El intento de introducir un caos de «guerra civil» en la vida política estadounidense mediante el asesinato de Charlie Kirk, aliado de Trump, y fundador y presidente de Turning Point International?
Para descubrir la verdad, en particular en estos momentos, Executive Intelligence Review (EIR) va más allá de la mera «recopilación de información» para llegar al dominio de la «inteligencia», sean cuales sean los prejuicios de su público o de las «instituciones analíticas» dominantes. En casos como el de la historia en curso, es importante, como lo ilustró el escritor estadounidense Edgar A. Poe en su relato «Un descenso al Maelström», no ahogar nuestro juicio en los aspectos particulares de lo que erróneamente se denomina «sucesos de actualidad”.
Helga Zepp-LaRouche emitió una declaración que está siendo distribuida ampliamente, titulada «¡Las naciones de Occidente deben cooperar con el Nuevo Orden Económico Mundial!«. Es en realidad una propuesta de paz, una propuesta para una nueva arquitectura de seguridad y desarrollo. Plantea que las varias conferencias de la semana pasada en Asia crearon una nueva realidad económica mundial que está cada vez más consolidada. El mundo ya se está orientando hacia el océano Pacífico, y potencialmente, al océano Ártico; ya no hacia el Atlántico ni a la OTAN.
India, Rusia y China, que entre las tres tienen una población de 3.000 millones de personas, y una enorme concentración de los recursos del mundo, constituyen el punto de apoyo de una concentración más amplia (que incluye a las dos Coreas, Japón e Indonesia, entre otras) de la fuerza laboral más calificada del mundo y de las tecnologías más avanzadas del mundo. Si Estados Unidos se une a este proceso, y abandona las guerras, podría dar lugar a la mayor era de prosperidad en la historia del mundo hasta hoy. Y, de una manera diferente y aleccionadora, el desfile militar en Pekín, el mayor de la historia de la humanidad, con el que se conmemoró la victoria contra el fascismo en Asia —no lograda gracias a la bomba atómica, como se cree malamente en Estados Unidos y Europa, sino a través del gran sufrimiento de los 30 millones de chinos y 27 millones de rusos que murieron en la guerra—, transmite el mismo mensaje, demostrando la determinación de no volver a capitular nunca más ante el fascismo.
Frente a esa nueva y feliz realidad, un imperio moribundo está recurriendo a ataques de decapitación (Yemen, Líbano, Irán, Qatar), a revoluciones de color (Serbia, Georgia) y sanciones, incluidos los aranceles punitivos a muchos países en el mundo. Teniendo eso en mente, tomen en consideración lo siguiente que se refiere a dos «acontecimientos extremos» sucedidos recientemente.
Primero, con respecto al ataque ilegal de Israel contra Doha, la secretaria de prensa del Presidente Trump, Karoline Leavitt, informó que Estados Unidos había llamado a su aliado, Qatar, para advertir a esa nación de un inminente ataque de Israel: “El presidente Trump ordenó inmediatamente al enviado especial Witkoff que informara a los cataríes del inminente ataque, cosa que hizo”. El Primer ministro de Qatar, Mohammed bin Abdulrahman Al Thani, la corrigió rápidamente: “El ataque se produjo a las 15:46. La primera llamada que recibimos de un funcionario estadounidense fue a las 15:56, es decir, 10 minutos después del ataque. Después, el Presidente Trump habló con su alteza el Emir y dijo que condenaba el ataque”.
Después de esto, Trump publicó lo siguiente:
“Esta mañana, las fuerzas armadas de Estados Unidos notificaron al gobierno de Trump que Israel estaba atacando a Hamás, que, muy desafortunadamente, se encontraba en una zona de Doha, la capital de Qatar. Esta fue una decisión tomada por el Primer ministro Netanyahu, no fue una decisión tomada por mí. Bombardear unilateralmente dentro de Qatar, una nación soberana y aliada cercana de Estados Unidos, que está trabajando muy duro y asumiendo valientemente riesgos con nosotros para negociar la paz, no promueve los objetivos de Israel ni de Estados Unidos”.
El economista Jeffrey Sachs, en una entrevista con el juez Andrew Napolitano, comentó que, al igual que en el ataque a Irán, los israelíes trataron de matar a los negociadores, porque podría estallar la paz. Trump decía que no sabía nada sobre algo, el ataque a Doha, que tuvo que prepararse durante semanas, y es muy posible que no lo supiera. ¿Es cierto eso?

