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El grito de Carolina Mejía desde Capotillo

by Redacción

Por ALFONSO -FONCHI- TEJEDA

Alfonso -Fonchi- Tejeda

Tentado estuve al iniciar este comentario de hacerlo con la excitante exclamación de ¡Albricias!, que a decir del diccionario de la Real Academia de la Lengua española es «un regalo que se da por alguna buena nueva», lo que considero hizo Carolina Mejía, secretaria general del oficialista Partido Revolucionario Moderno, hasta ahora ausente de los temas cotidianos de la sociedad dominicana, y desvinculada de las acciones y decisiones del gobierno, del que se supone es su base de sustentación,  y  fuente de su ideología, tácticas  y estrategias, que pudieran ser guías referenciales  en el manejo del Estado.

Sobre esa relación es que se debe entender la declaración de la también alcaldesa del Distrito Nacional, quien durante un recorrido por el distrito municipal de Capotillo, en la provincia de Dajabón, estableció  que:  «A la fuerza militar y la verja perimetral, debemos sumarle un muro económico y un muro ecológico para garantizar una frontera segura, sostenible y próspera para todos», sugerencia que propone un complemento a la política migratoria del presidente Luis Abinader, supeditada a acciones de fuerzas, de imposición,  sin atender la vertiente humanitaria.

Porque eso es lo que ha faltado en la gestión del Gobierno frente a Haití, que proclama en todos los foros internacionales la incapacidad nuestra  para ayudarlo a superar la crisis estructural, y presente, desconociendo una realidad simple, que el presidente reveló recién, y es la conclusión del viceministro de Exteriores, Rubén Silié, experto en el tema,  de que este  país siempre debe tener en cuentas que es el único que nunca puede cansarse de su vecino, por lo que estimo,  República Dominicana está  compelida a explorar cualquiera posibilidad que alivie la realidad dominico-haitiana.

Es de justicia reconocer que la presente administración ha diseñado planes, proyectos y programas que van en la dirección de mejorar las condiciones de vida de los habitantes de la zona fronteriza, como las obras en Pedernales, en Manzanillo, Montecristi; así como las leyes   12-21, que crea la Zona Especial de Desarrollo Integral Fronterizo y un Régimen de Incentivos, y la 368-22, de Ordenamiento Territorial, Uso de Suelos y Asentamientos Humanos. el cual contiene un diagnóstico sobre riesgos y cambio climático en ese territorio, y los esfuerzos institucionales para gestionar esas condiciones.

Sin embargo, esas iniciativas marchan, tal vez por la composición de las mismas, a un ritmo más lento que otras medidas dispuestas por el gobierno, como es el reforzamiento militar a lo largo de los más de 300 kilómetros que comparten ambos países, y el muro perimetral que se levanta para separarlos, fuentes que reciben una atención permanente,  y copiosos recursos económicos, materiales y de personal, que impactan el desenvolviendo normal de esa franja, la que puede ser manejada desde otras perspectivas.

Por eso llama la atención que la secretaria general del PRM, Carolina Mejía, quien sin descalificar las acciones implementadas en la frontera, también apunta hacia el requerimiento de ampliar las perspectivas y de integrar componentes como «un muro económico y un muro ecológico«, necesidad indispensable para un desarrollo integral a los habitantes de esas comunidades, las que por demás comparten sus miserias, y desde su mutua solidaridad, también la esperanza de una mayor cohabitación basada en el respeto a la condición humana, por encima de todo.

Con un tono firme y la confianza de la razón, desde la esperanza de la convicción posible y la responsabilidad compartida, el de Carolina Mejía es un grito que desafía la inercia del Partido Revolucionario Moderno en cuanto a su protagonismo como entidad política y soporte del gobierno, también es una propuesta para ampliar las perspectivas de abordar el problema migratorio más allá del enfoque sesgado que les están dando las autoridades.

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