Home ALFONSO FONCHI TEJEDA Luis Abinader: ¿Sin táctica ni estrategia?

Luis Abinader: ¿Sin táctica ni estrategia?

by Redacción

 Luis Abinader parece ser un “político” para el que la táctica y la estrategia “carecen” de la importancia que tienen y lo necesarias que son para la acción política, ambas, a las que tantos empeños dedicaron Carlos Marx y Federico Engels, (1848), y que desde entonces han producido tal cantidad de interpretaciones, que por su brillantez -y algunas por sus extravagancias- alejan a quien como yo, desarrapado del entendimiento, apenas alcanzamos -“de oídas”- a tener una muy lejana y distorsionada vaga idea de qué son táctica y estrategia.

Pero como “la ignorancia es atrevida”, me pertrecho en mi desconocimiento y desafío mi timidez para penetrar a “ese tupido bosque”, en el que tal vez me encuentre a aquella chinita perdida que refería Johnny Ventura, y, como la sabiduría china es tan vasta, me ayude ella a salir de esta intrincada aventura en que me he metido por mi afán de lucimiento.

Si digo que Luis Abinader es un político para el que la táctica y estrategia carecen de sentido (?) es porque, en su práctica como tal, se comporta muy diferente a sus pares que si siguen y tratan de aplicar las recomendaciones que para alcanzar los objetivos políticos propuestos, les pueden facilitar ese hacer y el cómo hacerlo.

Se me agota el tiempo y se reduce el espacio del texto, lo que me empuja a poner en claro qué pretendo explicar, por lo que tengo que lanzarme al ruedo: Abinader es el político que sin (aparente) atisbos de tener un “as bajo la manga” dice qué se propone hacer, acción en la que parece descontar posibles eventualidades.

Dos ejemplos recientes y muy importantes: en su discurso para celebrar el triunfo electoral como candidato presidencial juró y se comprometió ante el país -lo que había repetido a lo largo de la campaña- pero ahora con una determinación inquebrantable, sin titubeos, que este período del 2024-28 será su último como presidente de la República, anunciando, paralelamente, la manera de como garantizar esa promesa.

El otro elemento a citar es su disposición -ya anunciada-, de que iba a promover la competencia entre dirigentes del PRM que aspiran a la candidatura presidencial, y cuando todavía se desconocía el cómputo electoral final, ya estaba reunido con esos aspirantes adelantados, para juntos ir trazando una metodología que regule ese posible proceso.

El presidente Abinader ya es considerado como un político más refinado, que superó muy rápido a aquel insípido candidato al que en la campaña del 2020 comparaban con “la tayota”, mote del que ahora él mismo se regodea para burlarse de sus contrarios, tal como hiciera en el debate presidencial, cuando respondía críticas sobre los precios de los alimentos.

Tal vez, como aquellos maestros de antes, que hoy se añoran, Abinader tenga “su librito” para actuar en la política, y en el caso de los aspirantes perremeistas para el 2028, su táctica sea, en lo inmediato, y en correspondencia con su propuesta de transparencia gubernamental, destituir a los funcionarios aspirantes, y su estrategia hacer una gestión administrativa sin ruidos distractores y que garantice la continuidad del partido oficial al frente del Estado, más allá de los cuatro años próximos.

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